DE SEMANA EN SEMANA/ ¿Somos civilizados? (I/II)

TERESA GURZA

Por el trato a las mujeres, no lo parece.

Vivimos en la Tierra más mujeres que hombres, pero nos relegan, humillan, discriminan, pagan menos, maltratan, violan y asesinan y esos crímenes quedan impunes las más de las veces.

Llegamos a este 8 de marzo con tal retroceso en nuestros derechos, que el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió “la igualdad está a 300 años de distancia” y llamó a invertir en las mujeres para acelerar el progreso.

Actualmente, una de cada tres padece maltrato de padres, abuelos, hermanos o parejas.

Una de cada 10, sufre pobreza extrema; en 2030 seguirán en ella 342 millones de niñas y cientos de millones seguirán recibiendo menos alimento y de menor calidad, que sus hermanos hombres.

Solo el 7 por ciento de cargos directivos de las 500 empresas con mayores ingresos, son ocupados por mujeres.

Y casi la mitad de los países que integran la ONU, no establece igualdad de pago.

Las mujeres dedicamos tres veces más tiempo que los hombres, a tareas domésticas y cuidar hijos, enfermos, discapacitados y ancianos.

El Parlamento de la Unión Africana que integran 53 países, prohíbe la ablación; que mutila a 200 millones de niñas cada año para evitarles el placer sexual y las condena a infecciones de por vida. pero continúa realizándose en África, India, Indonesia y comunidades inmigrantes en Europa y Estados Unidos.

Viudas, huérfanas y madres, lloran por ellas y sus niños en las infames guerras de Rusia contra Ucrania, donde miles han sido asesinadas o desplazadas.

Y de Israel contra Palestina, que mata 37 mujeres cada día dejando niños destrozados, hambrientos, agonizantes y desprotegidos.

En Rusia 15 mil jóvenes son asesinadas anualmente y 36 millones golpeadas por sus parejas, pero la ley estipula que “solo pueden acusar a sus agresores, cuando las golpizas sean reiteradas y dejen marcas”.

Los talibanes prohíben a las afganas salir, trabajar y estudiar y sus hijos mueren desnutridos.

En México donde una mujer será la próxima presidenta, cada día matan 11, se discrimina a las indígenas y el presidente López Obrador se esconde de las mujeres blindando Palacio Nacional con planchas de acero.

Incontables son las tristezas por la situación de las mujeres en prácticamente todo el mundo, pero creo que uno de los principales avances es haber extendido la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Impensable era hace 15 o 20 años, que mis amigas y familiares fueran a las manifestaciones o enviaran tarjetas, mostrando lo tienen presente.

De niña y joven no sabía siquiera que las mujeres tenían derechos y cuando en 1970 me inicié como periodista, se etiquetaba como “comunistas” a quienes buscábamos se respetaran.

Y en cierto modo tenían razón, porque fueron mujeres socialistas y del movimiento obrero de mediados del siglo XIX, las que iniciaron nuestras luchas.

Aunque sus inicios pueden rastrearse hasta el siglo V, cuando ocurrió el primer feminicidio: el de la filósofa, matemática y astrónoma Hipatia de Alejandría (370-415), asesinada por cristianos seguidores del Patriarca Cirilo que la desvistieron y descuartizaron en la Catedral de Alejandría, por denunciar abusos del poder religioso que mil 800 años después, continúan.

La lucha de género no empezó en la Revolución Francesa, pero entonces se gritó por vez primera Igualdad.

Y a mediados del siglo XIX se empezó a hablar de sufragio femenino, separación entre sexualidad y reproducción, difusión de métodos anticonceptivos y a oponerse a la opresión, como explicó Guadalupe Galván en un artículo del día 8 para El Universal del que tomé algunos datos.

En 1848 Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott, congregaron cientos en Estados Unidos en la primera convención nacional por los derechos de las mujeres; “hombres y mujeres son creados iguales” asentaron para exigir derechos civiles, sociales, políticos y religiosos.

Fue Nueva Zelanda el primer país en reconocer en 1893 el derecho al voto de las mujeres, siguieron otros y 122 años después, Arabia Saudita.

En 1908, 15 mil obreras marcharon en Nueva York demandando menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a votar.

Y los años siguientes se fortalecieron luchas y conquistas, por la influencia de la comunista alemana Clara Zetkin y la socialista rusa Alejandra Kollontai, primera mujer en estar al frente de un ministerio y en ser embajadora (Noruega y México) y cuestionadora de Lenin por ignorarnos.

Junto a mujeres de Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, exigieron derecho al trabajo, formación profesional y no discriminación laboral y se opusieron a la Primera Guerra Mundial.

El último domingo de febrero de 1913, mujeres rusas celebraron clandestinamente el Día de la Mujer y protestaron por sus condiciones de vida.

Y 4 años más tarde, el domingo 23 de febrero de 1917 madres y viudas de millones de soldados muertos en batalla, volvieron a las calles por “pan y paz”.

Su protesta indignó al zar Nicolás II que ordenó “disparar para acabar con esa revolución de las mujeres”.

Y fue determinante para establecer los 8 de marzo, como Día Internacional de la Mujer; porque el 23 de febrero del calendario Juliano usado por Rusia, equivale al 8 de marzo del Gregoriano.

El zar abdicó y el gobierno provisional, reconoció a las mujeres el derecho a votar.

En 1945 tras la II Guerra Mundial se formó Naciones Unidas y su Carta de derechos, fue el primer acuerdo internacional en consagrar la igualdad de género.

Y en 1975 la ONU estableció oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, coincidiendo con la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, que se hizo en México y cubrí como reportera de asuntos especiales del periódico El Día.

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