Rusia en el tablero mundial. Putin nunca cederá y se fortalece (II/II)

MARÍA MANUELA DE LA ROSA AGUILAR

Como hemos visto, Vladimir Putin está empeñado en quedarse con Ucrania, pese a los muchos reveces que ha tenido en más de dos años de guerra y a las fuertes sanciones de los países occidentales. Ahora busca abiertamente a sus aliados para dar una señal de fortaleza y de que no está solo, así que por una parte hace una gira por Corea del Norte, China y Vietnam, sólo faltó la India, que se encuentra en una encrucijada, pues siendo afín al Kremlin, tiene fuertes compromisos comerciales y militares con Estados Unidos y calladamente está surgiendo como una gran potencia, no sólo militar, sino comercial, por lo que en los próximos años seguramente veremos surgir un nuevo gigante en Oriente, no olvidemos que junto con China son los países más poblados del mundo y si bien la explosión demográfica se ha visto como un freno al desarrollo, generalmente se olvida que constituye un inmenso potencial de mano de obra.

Putin no sólo se acerca a sus aliados de oriente, entre los que también figura Irán, sino que ya ha recurrido a las acciones disuasorias hacia los Estados Unidos, con el envío de su armada a las costas americanas en Cuba y Venezuela, por cierto, también países amigos, igualmente sometidos a una dictadura, como todo este bloque.

Por otra parte, el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, invitó al mandatario ruso a visitar Turquía «lo más pronto posible» durante una reunión en torno  a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) el pasado 3 de julio. Putin por supuesto prometió ir «sin falta» (la última vez que Putin estuvo en Turquía fue en enero del 2020). Erdogan habló sobre el volumen del intercambio comercial entre ambos países de unos  55,000 millones de  dólares y el objetivo ahora es elevar el comercio bilateral hasta los 100,000 millones de dólares.

La OCS, creada en 2001, está integrada actualmente por China, India, Irán, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, y posiblemente Bielorrusia será el décimo miembro del bloque de países amigos.

La estrategia rusa no sólo incluye estos dos movimientos, sino uno más complejo, el de influir en la política europea, tal vez no es descabellado pensar que el triunfo de la izquierda en Francia no es tan auténtico como parece; y  es que el pasado domingo 30 de junio  en la primera vuelta, el partido de ultraderecha Agrupación Nacional (RN), liderada por Marine Le Pen, consiguió una histórica victoria en la primera vuelta, de acuerdo a las proyecciones; sin embargo en la segunda vuelta la coalición de izquierda Nuevo Frente Popular obtuvo una sorprendente victoria de las elecciones parlamentarias  y el esperado  triunfo de RN no sucedió, e incluso quedó en tercer lugar, cuando dos días antes se pensaba que Marine era la gran triunfadora.

A colación esto puesto que Rusia cuenta con defensores tanto en partidos de la oposición como en gobiernos que están alineados con los objetivos de Putin en Europa, donde hay partidos afines al Kremlin.

Por ejemplo, el partido ultranacionalista de derecha Fidesz, de Viktor Orbán, que gobierna Hungría desde 2010. El líder húngaro defiende la gestión de Putin, condenando el liberalismo occidental. Gracias a su lealtad a los regímenes ruso y chino ha logrado  préstamos de bancos rusos para llevar a cabo proyectos estatales de envergadura, por lo que se ha convertido en un obstáculo para  la Unión Europea, poniendo trabas tanto para el envío de ayuda a Ucrania como para utilizar los bienes rusos congelados en la UE.

El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, que en mayo sufrió un intento de asesinato, ha dicho hecho una defensa férrea de Putin, considerando que Kiev debería hacer un alto al fuego y aceptar un acuerdo de paz, y su gobierno se ha opuesto al envío de ayuda militar a Ucrania. Gracias a las intervenciones públicas, un número importante de eslovacos cree que Estados Unidos y no Rusia son responsables de la guerra en Ucrania.

Anteriormente mandatarios como el excanciller alemán Gerhard Schöder o el exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi cultivaron buenas relaciones con Putin durante sus mandatos y una vez que abandonaron el poder. Berlusconi visitó con Putin unas bodegas en la península de Crimea después de que fuera tomada por Rusia en 2014. Schröder también mantiene gran cercanía con el presidente ruso hasta la fecha.

Putin también cuenta con aliados en partidos de la oposición, Alternativa por Alemania (AfD) es por lo visto uno de ellos. Dos de sus líderes, candidatos para las elecciones al Parlamento Europeo, han sido vinculados con una red para difundir propaganda rusa en 16 idiomas; esto, como parte de una operación rusa a gran escala para influir en la política europea.

El presidente de la agencia de inteligencia alemana, Thomas Haldenwang ya ha denunciado que el partido euroescéptico y antiinmigración alemán ha criticado a la UE por su apoyo a Kiev, y desde hace un tiempo difunde la narrativa de que Rusia libra una guerra en Ucrania porque Occidente ha violado sus intereses de seguridad.

Otro de los partidos europeos que se ha vinculado con Rusia en los últimos años es la Reagrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen en Francia. En la víspera de las elecciones presidenciales de 2017, Le Pen viajó a Moscú para reunirse con Vladimir Putin y alardear del apoyo a su candidatura. Tres años antes, su partido había recibido un préstamo millonario de un oscuro banco ruso para financiar la campaña de las elecciones regionales de 2015. Aunque desde la invasión rusa a Ucrania, se ha vuelto más cauta y tal vez vislumbró cómo había sido utilizada por Putin, por lo que tomó distancia de los rusos.

El Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) también tiene estrechos vínculos con la formación de Putin. En 1918 la entonces ministra de Exteriores austriaca, Karin Kneissl, invitó a Putin a su boda y, tras bailar con él, hizo una reverencia ante el presidente ruso. Un año después, Heinz-Christian Strache, líder en aquel momento del FPÖ y vicecanciller del país, y su segundo de a bordo, protagonizaron el escándalo político conocido como “caso Ibiza”, cuando ambos fueron grabados en secreto en esta isla española aceptando las propuestas de una misteriosa mujer que se hizo pasar por la sobrina de un magnate ruso y que les ofrecía una cobertura mediática favorable en los medios a cambio de contratos gubernamentales. A raíz de este escándalo tuvieron que convocarse nuevas elecciones.

La Liga de Matteo Salvini, en Italia firmó en 2017 un acuerdo con la Rusia Unida de Putin, y aunque el gobierno italiano asegura que ese acuerdo no sigue vigente, hay sospechas de que la Liga ha recibido por años dinero ruso. Pero desde la invasión a Ucrania ha habido un distanciamiento.

Según varios analistas, el gobierno ruso ha buscado influir en las elecciones europeas,  desde los ámbitos nacionales, promoviendo la desconfianza hacia las instituciones europeas y favoreciendo a aquellos partidos que sirven sus intereses, utilizando  cualquier tema que pueda generar descontento, fracturas o polarización social,  es usado  en sus redes de desinformación, para lo cual utiliza todo tipo de técnicas, desde campañas de distracción, hasta propaganda pura, incluso influyendo en la agenda diplomática.

Uno de sus grandes éxitos es la campaña de polarización que se vive hoy en Europa, por lo que no con coaliciones se ha podido alcanzar acuerdos, lo que afecta la gobernabilidad, pero sobre todo la toma de decisiones, tan vital para la guerra, ya que al tener que enfrentar los continuos problemas internos, La Unión Europea difícilmente podrá concentrase en la ayuda a Ucrania.

La corrupción que ha permeado en todo el continente es una de las grandes debilidades que enfrenta la región, puesto que es mucho más vulnerable cuando sus políticos son comprados con dinero ruso

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