PULSO/ Sin remedio

EDUARDO MERAZ. Si alguna duda había del retroceso de medio siglo en la visión cuatroteísta del desarrollo nacional, los remedios propuestos por el presidente sin nombre y sin estatua para contrarrestar el Covid-19, corresponden a la corriente del realismo mágico, cuyo auge literario se presentó hace 50 años.

La versión “charra” de Aureliano Buendía, cuando conoció el hielo, es suplantado hoy por el inquilino temporal de Palacio Nacional, para quien la combinación de miel, paracetamol y VapoRub es la maravilla para combatir a la ómicron.

Como el propio mandatario innombrable dijo haber constatado la baja letalidad de esta variante del coronavirus, ya debería de haber encargado a las fuerzas armadas y a Birmex formar kits -paquetes-, con estos tres productos y empezarlos a repartir por todo el territorio nacional, antes de que los contagios colapsen los centros hospitalarios.

Por la premura, no será necesario expedir una ley o enviar una reforma constitucional. Basta y sobra un nuevo “decretazo o acuerdazo”, para poner en marcha la entrega inmediata de este “botiquín anticovid” a todas las familias mexicanas.

Es probable que esta determinación pudiera lograr la unanimidad en el congreso de todas las fuerzas políticas y de la sociedad toda, pues salvar vidas enaltece y permitiría obtener rendimientos en los venideros procesos electorales.

Así, el cuatroteísmo se evitará las críticas por la falta de pruebas para detectar el virus y, con el refuerzo del “detente” será innecesario adquirir o pedir donadas más vacunas. De hecho, ya encarrilado el cuatroteísmo mágico, podría declarar a México territorio libre de SARS-Cov2.

Desafortunadamente este tipo de soluciones del realismo mágico carecen de efectividad en los hechos. Pueden ser llamativas y por su naturaleza onírica tener adeptos, pero en cuanto los acontecimientos se manifiestan tal cual son, generan desilusión y desencanto.

Por más conjuros y decretos religiosos lanzados desde Palacio Nacional, de las condiciones para el cambio de régimen resultan vanos, aunque cada vez se aproximan más al modelo de Luis Echeverría, en un mundo diametralmente diferente.

El “boom” del realismo mágico en política y literatura quedaron muy atrás en el tiempo, y los remedios caseros no solucionan los problemas ni modifican la realidad.

La inversión y la economía mantienen su atonía; lo único que crece son la carestía y el número de pobres. El sistema de salud, se resquebraja; en materia de inseguridad y la violencia la percepción de desamparo persiste, al igual que en lo relativo a la corrupción.

Los espíritus del echeverrismo pululan por los untuosos pasillos y salones del palacete virreinal; seguramente están de plácemes con la conducción cuatroteísta. De continuar así, sin remedio, tendremos un fin de sexenio muy parecido al de hace medio siglo.

Hacer del pensamiento mágico y místico la fuente inspiradora para solucionar los problemas de México y ponerlo en oposición a los avances científicos y tecnológicos que nos maravillan a cada instante, nos remite a una mente extraviada, perdida en la imaginería y el esoterismo.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Según el mandatario sin nombre, Ricardo Salinas Pliego, Carlos Slim de Inbursa, Carlos Hank González y José Javier Garza Calderón, de Nuevo León, podrían junto con otros inversionistas reunirse para comprar Banamex.

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