PALACIO/ Los artesanos de la paz

>> Obispado del estado de Guerrero logra acuerdo de paz entre delincuentes 

>> Los Tlacos y Los Ardillos se comprometen a “respetar sus territorios”

>> Sugiere el clero que el gobierno también debe asumir un papel de mediador

MARIO DÍAZ

H. Matamoros, Tamaulipas. Sin balazos, sin abrazos, pero con diálogo es como se logró reducir la violencia extrema que registró en días pasados la ciudad de Chilpancingo, capital del estado de Guerrero.

Ante la incompetencia de los gobiernos federal y estatal para solucionar el grave problema, los obispos de las Diócesis de Chilpancingo, Acapulco, Tierra Caliente y Montaña sostuvieron una entrevista-en diciembre pasado- con el Papa Francisco, en la sede del Vaticano, para exponer el caso.

Y, en efecto, etiquetados como artesanos de la paz, los clérigos recibieron la encomienda de seguir tejiendo la paz tomando en cuenta que “México tiene experiencia en estas situaciones”, de acuerdo a lo expresado por el Santo Pontífice.

Lo anterior, reconózcase o no, es un claro ejemplo de la triste realidad que vive nuestro país en materia de seguridad pública y que pone en evidencia, por un lado, la ineficacia del Estado mexicano para combatir a los grupos delictivos y, por el otro, la necesidad de intervención del Clero con resultados positivos al menos en Chilpancingo, actuando como mediador entre los grupos antagónicos denominados Los Tlacos y Los Ardillos.

El sacerdote FILIBERTO VELÁZQUEZ, director del Centro de Derechos Humanos “Minerva Bello”, a petición del líder de Los Tlacos, MARQUINA CHAPA, logró la mediación vía telefónica entre un representante de éste con CELSO ORTEGA JIMÉNEZ, quien encabeza el grupo delictivo conocido como Los Ardillos.

Ambos delincuentes acordaron respetarse “sus negocios” y una tregua de no enfrentamientos en la capital guerrerense, lo que, en consecuencia, se ha manifestado en el regreso de la tranquilidad y el transporte público.

Desafortunadamente, la mediación de los obispos guerrerenses no ha prosperado en lo que se refiere a la pugna por el control territorial entre el Cártel de la Familia Michoacana y Los Tlacos en la región conocida como Tierra Caliente.

No obstante, para el director del Centro de Derechos Humanos “Minerva Bello”, es una buena señal que la comunicación no se haya interrumpido a pesar de que podría considerarse como un fracaso-hasta ahora-la intervención del Clero como mediador en el conflicto armado de esos grupos delictivos en pugna.

Sobre el escabroso tema resulta hartamente relevante la opinión del obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, JOSÉ DE JESÚS HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, al manifestar que “estamos llenos del Ejército, pero los delincuentes llegan liquidan y se van. Penoso, penoso, da pena. No nos corrompamos, ya basta. Porque no es posible ver tantas patrullas de militares, de Guardia Nacional y policías en las calles y que se sigan cometiendo asesinatos”.

Por supuesto que le asiste la razón al obispo HERNÁNDEZ GONZÁLEZ; resulta punto menos que imposible que con tanta presencia militar y policía estatal Los Tlacos, Los Ardillos y la Familia Michoacana se desplacen tranquilamente “armados hasta los dientes” sin que sean detectados por las patrullas de oficiales militares y civiles. La corrupción que da paso a la impunidad podría ser una explicación clara y concisa.

También le asiste la razón al argumentar que su intervención mediadora obedece a que la violencia ha cobrado víctimas entre padres de acólitos, mayordomos, fieles religiosos, comisarios y voluntarios al servicio de la espiritualidad como pastorales y catequistas.

Mientras tanto, al menos en esa región occidente del territorio nacional, los “artesanos de la paz” han logrado un mejor resultado que el programa del gobierno de la Cuarta Transformación “Abrazos, no balazos”.

Sin que necesariamente deba interpretarse como la injerencia del clero en asuntos de gobierno, vale la pena reflexionar el criterio del obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa sobre la necesidad de que las autoridades busque ser parte de un acuerdo de paz: “Creemos que el Gobierno tiene la solución y queremos también que no se corrompa, puede mediar, porque tiene los medios, recursos y poder”.

Es decir, el religioso guerrerense propone la mediación y negociación oficial en el grave problema de seguridad pública que enfrentan distintas entidades federativas derivado de la disputa por el control territorial de los distintos grupos de la delincuencia organizada.

Desde otra óptica: preferible la negociación con los delincuentes que continuar con el baño de sangre en las regiones en donde se registran conflictos armados entre las bandas rivales o de éstas en contra de las fuerzas del orden.

DESDE EL BALCÓN:

I.-Para bien o para mal, correcto o incorrecto, lo cierto es que los habitantes de Chilpancingo, Guerrero han recobrado cierta tranquilidad luego del acuerdo y tregua entre Los Tlacos y Los Ardillos, gracias a la mediación del obispado guerrerense.

¿Será acaso un ejemplo a seguir por parte del Gobierno de la 4T?

Y hasta la próxima.

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