LA COSTUMBRE DEL PODER/ De Troya a Ucrania, la condición humana

*En este episodio no hay regreso a Ítaca, ni siquiera como en esa alegoría tan bien lograda en The Warriors (dirigida por Walter Hill en 1979) en el viaje de Manhattan a Coney Island. Es el desbordamiento del costo del poder

GREGORIO ORTEGA MOLINA. Ayer, de una u otra manera, los mexicanos decidimos nuestro presente y apostamos el futuro. Imposible saber qué pasa por la cabeza de quien manda y aspira a continuar como timonel.

Durante el día y mientras revaluaba mis razones para no votar, me resultó ineludible dedicar una amplia reflexión a lo que Rusia le hace a Ucrania, después de consideradas las declaraciones de Vladimir Putin sobre los crímenes de los presidentes de Estados Unidos. Tanto el ruso y su antecesor Stalin, como los líderes norteamericanos, a cual más de asesinos. Son criminales, sofisticados y exculpados por la historia, pero duermen sobre cadáveres.

Me sorprende la enorme dispersión de las explicaciones y/o sofisticadas suposiciones de los expertos y estudiosos, para tratar de ofertarnos un entendimiento “sencillo” sobre la conducta y los motivos de Rusia para su guerra de ocupación.

Todo está en el comportamiento, la manera de ser, la condición humana. La guerra de Troya y la invasión para ocupar Ucrania tienen idéntico origen y las mismas deficiencias de quienes las encabezan. ¿En qué difieren Menelao y Vladimir Putin? Príamo y Biden afectados por la misma senilidad; Hécuba, la de Las troyanas, está en cada una de las fotografías que muestran a esas madres ucranianas que pierden a sus hijos, en la terrible imagen de esa madre sobre el asfalto, con su hijo menor de la mano, ambos muertos, el equipaje abandonado sobre el camino.

Sí, la condición humana nos determina, lo mismo la narrada por André Malraux en su desmesurada novela, que en el ensayo de Hannah Arendt. Carcomidos por nuestras debilidades y obsesiones, como las que determinan esta terrible guerra de ocupación. Es momento de que entiendan que los territorios ucranios ocupados por las fuerzas armadas rusas, no serán desalojados en cuanto se llegue a la paz, si es que ésta se logra.

Al contrario de como procedieron los griegos que regresaron a sus patrias dejando Troya en la desolación, Putin procederá como los emperadores romanos. El pretexto es el engrandecimiento del imperio. Ucrania será saqueada en sus recursos naturales y su energía nuclear, y sus mujeres, hijos, fuerza de trabajo.

En este episodio no hay regreso a Ítaca, ni siquiera como en esa alegoría tan bien lograda en The Warriors (dirigida por Walter Hill en 1979) en el viaje de Manhattan a Coney Island. Es el desbordamiento del costo del poder.

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