LA COSTUMBRE DEL PODER

Con Open Danish se cumplió la promesa presidencial

*Voy de asombro en asombro, en casa me informan que este próximo 16 de enero la señora Claudia inaugura, en Chapultepec, una réplica exacta del palacio de Kronborg, con el propósito de que los mexicanos asumamos como nuestra esa idea de que no todo está podrido en México, y más pronto que tarde todos seremos rubios y bebedores de Carlsberg, porque después de tres años de 4T, ¡al fin somos como Dinamarca!
*El 30 de junio de 1998 José López Portillo, en su artículo para El Universal y en referencia al Imperio de Agustín I, anotó: “Como en la vieja Roma, populacho y tropa definían un imperio para la eternidad. El de Iturbide duró un año”

GREGORIO ORTEGA MOLINA. Decidí un enclaustramiento absoluto durante el puente Guadalupe-Reyes. El regreso al mundo fue de estupor. No entendía a nadie con quien deseara cruzar una conversación y, obvio, no pude hacerme entender por ninguno de mis supuestos interlocutores.

Mis hijos y nietos regresarían a la Ciudad de México el domingo 9, para reincorporarse a sus actividades el lunes 10. Entre el 7 en la mañana y el domingo al mediodía, mi perplejidad fue creciente. Para mi fortuna el lenguaje de signos y el dinero continuaban vigentes, por lo que pude adquirir alimentos y mantenerme en paz, a pesar de que los cabezales de los diarios y los noticiarios de radio y televisión resultaban, para mí, un galimatías.

Toda la mañana de ayer fue de creciente angustia, pues la espera por recibir en casa a mis seres queridos se mi hizo eterna. En cuanto cruzaron al umbral, me percaté de que tampoco los entendía, ni ellos a mí, hasta que mi nieto menor salió en mi auxilio. ¡Abuelo, olvidaste la promesa presidencial! Lo que se habla en todo México desde el primero de enero es el danés, pues un decretazo nos obligó a aprenderlo, y otra orden de Andrés Manuel determinó que, efectivamente, México es ya como Dinamarca desde ese día.

Pienso que quizá Jesús Reyes Heroles se equivocó, pues la forma no es el fondo. Hablar el idioma de Dinamarca dista mucho de convertirnos en esa nación, por más deseos presidenciales que impulsen ese capricho, porque, de entrada, la distancia entre economías, educación y sistemas de salud, es como de aquí a la luna.

Ayer por la tarde, en cuanto me abrieron los ojos, salí a recorrer farmacias y tiendas departamentales; pedí a mi nieto menor que se informara en las redes sociales del estatus de los padres de familia cuyo hijos con cáncer languidecen ante la falta de medicinas; se me queman las habas por conversar con mis conocidos jubilados, para que de primera mano me cuenten si ya les surten sus recetas o todavía están obligados a hacer proezas para adquirir los medicamentos que merecen por derecho.

Para colmo, uno de mis hijos me pasó el link para que escuchara, otra vez, el discurso de toma de posesión de Andrés Manuel, las promesas que en esa alocución ofreció al México bueno y sabio para sacarlo de la pobreza, y contrastar con la fea realidad a la que lo enfrenta desde entonces. En esta nación se muere violentamente, de hambre, de enfermedades curables y debido al desprecio que la autoridad muestra hacia los gobernados.

Pero voy de asombro en asombro, en casa me informan que este próximo 16 de enero la señora Claudia inaugura, en Chapultepec, una réplica exacta del palacio de Kronborg, con el propósito de que los mexicanos asumamos como nuestra esa idea de que no todo está podrido en México, y más pronto que tarde todos seremos rubios y bebedores de Carlsberg, porque después de tres años de 4T, ¡al fin somos como Dinamarca!

Para colmo mi nieto se empeña en escandalizarme. Me pregunta si sé que el Ómicron dejó de ser la variable predominante del Covid, que la nueva y en la que México destaca, es el Hocicron, y taimado insista: ¿sabes por quién?

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El 30 de junio de 1998 José López Portillo, en su artículo para El Universal y en referencia al Imperio de Agustín I, anotó: “Como en la vieja Roma, populacho y tropa definían un imperio para la eternidad. El de Iturbide duró un año”.

¿Puede considerarse una referencia implícita a lo que hoy sucede, y hemos de meditar, otra vez, en las verdaderas intenciones de Andrés Manuel I? Sólo hay que ver cómo ha hecho “crecer económicamente” a la tropa. ¿Cuánto significa el control fiscal de las aduanas? ¿Qué porcentaje de los ingresos representa para el presupuesto? Es lo que se ve por encima.

Quedan por conocerse las verdaderas consecuencias de la desestructuración de instituciones autónomas y democráticas, del borrón en que quedó convertida la CNDH, del desprestigio a que se somete a las instituciones de educación superior y, finalmente el INE.

El presidente mexicano no es omnisciente, pero sabe más que el común de los mexicanos, y en algún momento obtuvo la información del fracaso que tendría, para su imagen, una consulta sujeta al ordenamiento constitucional y legal, por tanto, fue necesario descarrilar al INE, para que el “ultraje” a su persona fuese responsabilidad de ese organismo electoral, sólo del consejero presidente y el grupo de los cinco. El sainete estará cabrón, aunque el TEPJF haya salido -a medias- en su auxilio. Lo del billete podría arreglarse, lo del resultado a modo, no.

Aunque ahora el señor Andrés Manuel dispone que un equipo indique al INE cómo hacer su tarea y reducir el gasto de sus “extravagancias”.

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