EL OTRO DATO/ Sueños guajiros de AMLO

JUAN CHÁVEZ. Con dos trimestres continuos sin crecimiento, los expertos definieron la “recesión técnica” que López Obrador se apresuró a desmentir: “no estamos en recesión” y anunció que el país tendrá un crecimiento en su PIB de 5% este 2022 y el 2023.

Pero no es más que un canto de sirenas. Para que la economía crezca, la iniciativa privada debe invertir muchos millones de pesos. Pero por falta de certidumbre y seguridad jurídica, no lo hace. Menos con la amenaza de la contra reforma eléctrica que cancelaría cientos de contratos del sector privado en la producción de energía renovable.

Lo único que falta, para que el pronóstico presidencial se convierta en realidad es que aumente notablemente la inversión privada.

De lo contrario, el deseo presidencial seguirá siendo eso, un deseo. O en todo caso un pronóstico fallido. Uno más, de los pronósticos en materia de crecimiento del Producto Interno Bruto  del jefe del Ejecutivo, que no se han cumplido.

Hay que recordar que como candidato a la Presidencia de la República, prometió que la economía nacional crecería a una tasa del ¡4% anual!

Para el 2021, su gobierno proyectó un crecimiento de 6.3%. La cifra que difundió recientemente Inegi para ese periodo fue de 5%.

La recuperación económica de México que se previó para 2021 –con todo y el empuje que representó la multimillonaria inyección de recursos que aplicó a la economía de EU su presidente Joe Biden–, luego de la severa caída de 8.1% del PIB en 2020, se “desinfló” en los dos últimos trimestres del 2021 que cerraron en contracción: -0.4 y -0.1%.

Con tales resultados vino la discusión pública entre quienes consideran que la economía mexicana entró en una recesión técnica y quienes no lo consideran así.

Más allá de si la economía está o no en recesión, lo cierto es que entró en una fase de notable desaceleración.

Y es precisamente en esa coyuntura en la que el presidente, como es su costumbre, “se crece al castigo” y “dobla la apuesta” con la afirmación de que este año y el próximo, el país registrará una tasa de crecimiento del 5%.

Lo que se cumpliría si el gobierno lopezobradorista, que goza de una enorme popularidad, oprime el botón de la certidumbre y la confianza para que fluyan las inversiones privadas nacionales e internacionales.

Pero eso está lejos. López Obrador sigue casado con sí mismo y sus ideas chuecas de una realidad que es la suya y no de la nación.

La inversión privada representa casi el 88% de la inversión en México. Y, en descargo de la actual administración, hay que decir que la caída de la inversión se registra desde antes de que comenzara este sexenio. Aunque durante este gobierno se observa un mayor debilitamiento precisamente por la falta de certeza y seguridad jurídica.

Para lograr una tasa de crecimiento del 5 o del 6% del Producto Interno Bruto se requiere que la inversión alcance un nivel de entre 24 y 25%.

La inversión pública, hasta el segundo trimestre del 2021 -de acuerdo con cifras de México Cómo Vamos– representó 2.3% del PIB y la privada 16.5%.

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