CÓDIGO POLÍTICO/ La participación y compromiso ciudadano

Mi solidaridad con la doctora María Amparo Casar y mi apuesta a la libertad de expresión

JUAN GÓMEZ

Zacatecas, Zacatecas. ¿Qué se juega el 2 de junio de este 2024? Es quizá la pregunta que debemos hacernos todos los ciudadanos en estos momentos, cuando faltan 28 días para las elecciones en las que se renovará la Presidencia de la República, el Poder Legislativo y en algunos estados sus gobiernos locales, estatales y congresos.

Sin duda lo que se pondrá en juego el día de las elecciones presidenciales no solamente es el sistema democrático participativo y la libertad de elegir a nuestros gobernantes y representantes populares, sino el país que necesitamos para nuestro desarrollo, crecimiento y fortalecimiento de nuestras instituciones.

En resumen, existen dos temas que son trascendentes para cualquier sociedad: libertad y desarrollo.

Con la libertad podemos manifestar nuestras ideas sin temor a ser reprimidos y mucho menos castigados, porque además hemos institucionalizado leyes que permiten ejercer esa libertad con responsabilidad.

Cuando no ejercemos nuestras libertades con responsabilidad, somo sujetos a la Ley, lo que permite regular las relaciones de convivencia en cada sociedad.

El respeto a la Ley deriva de quienes son responsables de aplicarla y no violarla, no como sucede en la actualidad, en donde el Poder Ejecutivo viola a la Constitución y las leyes secundarias de los organismos autónomos.

Permitir que el Ejecutivo, tanto federal como estatal, mantenga una actitud de no respeto a la Ley, no solamente incurre en aspectos de impunidad, sino que su ejemplo permea al resto de la sociedad, para mantener una actitud de violación a las leyes que rigen y regulan la convivencia social.

“A mí no me vengan con que la ley es la ley” es una expresión que manifiesta el desprecio al respeto de las personas en general, pero a las instituciones en lo particular, lo que deriva en una autocracia en el ejercicio del poder.

El equilibrio de poderes, es lo que debe continuar siendo no solo un ideal en nuestro país, sino una realidad que consolide el equilibrio, la autonomía y el respeto a las leyes que permiten la sana convivencia.

Ningún poder debe estar sobre otro como en la actualidad se pretende tener un control sobre el Judicial. El Legislativo se construye a partir de la voluntad ciudadana, aunque el Ejecutivo en turno, siempre pretende tener un control mediante la mayoría parlamentaria, como sucedió durante la dictocracia priista.

Regresar a esos “usos y costumbres” políticos, es enterrar a la democracia y darle vida al autoritarismo.

El otro tema que los ciudadanos debemos tener en cuenta es el desarrollo del país, que permita el crecimiento de nuestro potencial económico, la integración a las nuevas formas de industrialización, a la implementación de una nueva reforma hacendaria y a la generación de empleos.

Después del llamado “Milagro mexicano” que permitió un crecimiento sostenido y de largo plazo de nuestro Producto Interno Bruto (PIB), sobrevino una serie de crisis económicas a partir del gobierno populista de Luis Echeverría, del que todavía no nos hemos recuperado y que por tanto, hemos perdido mucho tiempo.

Basar nuestro crecimiento en el otorgamiento de programas sociales únicamente y no fomentar la libre empresa, la aplicación de las nuevas tecnologías, de las energías limpias y del Nearshoring, será una factura que pagarán muy caro los próximos gobiernos y en especial las próximas generaciones.

La calificadora Fitch Rating prevé un crecimiento del 2.5% solamente en este año para México, lo que constituye un diagnóstico realista debido al fuerte endeudamiento del país, la nula inversión en infraestructura, en salud y la desaceleración que se genera en los años de transición democrática, puesto que los inversionistas prefieren esperar las definiciones políticas en la Presidencia de la República.

Un país de más de 120 millones de habitantes debe crecer por encima del 5% del Producto Interno Bruto anual, lo que no está sucediendo.

Las magnas obras de la actual administración de López Obrador están inconclusas y en ellas se ha invertido gran parte de los presupuestos anuales, además de los programas sociales que además de ampliarse cuantitativamente, también se ha hecho cualitativamente.

Si no hay generación de riqueza, no habrá presupuesto que soporte los programas sociales y menos aún, el desarrollo.

En esto es lo que tenemos que pensar, más allá de filias, fobias o de convicciones políticas. No hay mañana.

Al tiempo.

@juangomezac

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