
>> La visión de un país mediocre, enojado y esperanzado, ideal para 4T
MIGUEL Á. ROCHA VALENCIA
Como comentamos en este espacio, el déficit público creció más de lo estimado mientras que las expectativas para 2026, son de mayor deuda y un crecimiento que no llegará ni a la mitad de lo previsto en los criterios generales ni el presupuesto mismo.
De tal suerte que la consolidación fiscal vuelve a quedarse en el imaginario propuesto por la secretaría de Hacienda que en 2024 presentó sus Requerimientos Financieros del Sector Público que planteaban un déficit del 3.9 por ciento del PIB, y de acuerdo a la información recibida al cierre del año, se elevó al 4.3 o 4.5 por ciento que se considera un nivel histórico a pesar de algunos recortes en algunas áreas porque en otras no presupuestadas aumentaron.
Según el análisis financiero “el gobierno federal no logrará la consolidación fiscal planteada para el 2025, esto ante un ajuste en la serie histórica del Producto Interno Bruto (PIB), con lo cual el nivel del déficit se ubicará arriba de lo proyectado, de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP)”.
“De esta manera, la Secretaría de Hacienda, a cargo de Édgar Amador Zamora, esperaba en un principio que el déficit se redujera a 3.9% del PIB; sin embargo, para los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) 2026 se modificó al alza la proyección a un rango entre 4.3 y 4.4% del PIB”.
El dato es corroborado por el Inegi quien planea que al cierre del 2025, el déficit alcanzará ese 4.5 por ciento del PIB el cual se espera alcance este año alrededor del 0.8 por ciento.
Las malas noticias continúan ya que la esperada inversión privada no se va a dar y parece que eso no le interesa al oficialismo que ha hecho todo para mantener la incertidumbre incluso desde el punto de vista legal, con reformas que, se le adelantó, inhibirían la aportación de dinero privado nacional y extranjero.
Muestra de ello es que la confianza del sector empresarial cerró 2025 con un mayor deterioro y retrocedió 3.5 puntos, con lo que sumó 20 meses en contracción, mientras el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) se situó en 48.5 unidades, y sumó 10 meses consecutivos por debajo del umbral de las 50 unidades, de acuerdo con los registros del INEGI. En su desglose, todos sus componentes mostraron caídas.
Por sector, dicho indicador plantea que en la industria manufacturera disminuyó 2.3 puntos; la confianza en el sector de la construcción bajo 3.7 puntos; en el comercio 4.1 puntos y en el sector de servicios privados no financieros se contrajo 3.7 unidades.
En la actividad manufacturera, el componente con mayor caída fue el del momento adecuado para invertir, que se contrajo 5.4 puntos a tasa anual, y se ubicó en 35.8 unidades, con 151 meses consecutivos debajo del umbral de 50 puntos.
El análisis que capta la opinión de los empresarios sobre la situación económica a futuro de sus negocios bajó 0.8 puntos, y el que mide la situación actual de las empresas retrocedió 3.3 unidades.
Al mismo tiempo un débil mercado laboral en EU impacta el flujo de remesas hacia México ya que de acuerdo con Banco de México, en noviembre de 2025, el país captó cinco mil 124 millones de dólares lo cual representó caída de 5.7 por ciento anual, con lo que se cumplieron ocho meses consecutivos de caídas.
A ello se suma que, de acuerdo con el Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas, la economía mexicana no da signos de reactivación y menos con un sector manufacturero que no mostró avances. En todo caso continúa en plano contractivo con 21 meses de retroceso o estancamiento dice IMEF.
Es decir, por ningún lado se ve que México pueda reportar un crecimiento que le permita generar empleo y más ingresos propios, mientras que la tendencia al endeudamiento continúa y más con el incremento en el pago de intereses y saldos vencidos, así como la transferencia de recursos fiscales a empresas perdedoras como Pemex, Tren Maya, Transístmico, Mexicana, AIFA, CFE y desde luego el aumento en el número de beneficiarios agradecidos de los programas sociales.
De tal suerte que no se ve por dónde haya crecimiento ni la intención de generarlo, sino por el contrario, se hace más visible la estrategia de socializar la pobreza que como ya lo dijeron en la 4T, es la base electoral de su partido, tomando en cuenta que entre más miserables que reciban dinero gratis, se consolida el voto “duro” en favor de la 4T.
O sea, el principio básico es mantener la pobreza como estrategia política, eso sí, con esperanza e inconformidad. Porque quien deja de ser miserable deja de ser revolucionario, de la 4T. Por eso no les preocupa crecer, sino que “seamos felices”.
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