
ISABEL ORTEGA MORALES
CHILPANCINGO, Guerrero. La colonial ciudad de Taxco cruza por una grave crisis de violencia que en la administración municipal del periodo 2021-2024 hasta el C-2 era usado para tener secuestrado a una persona y elementos de seguridad habrían participado en el asesinato de un periodista.
La violencia, la corrupción, la extorsión ha vulnerado a esta ciudad que se integra a los puntos de atractivo turístico del estado y el más representativo del turismo colonial.
Taxco ha sido secuestrado por grupos que la someten y condicionan. Determinan qué comprar y dónde, determinan quién vende y qué se adquiere en ese lugar y el precio del mismo, controlan espacios, siembran el miedo, y la violencia ha robado la calma y el orgullo de ser de ese lugar.
La violencia ha pasado a niveles que muestran que la ciudadanía no solo está iracunda contra sus autoridades por la falta de resultados en materia de seguridad, de prevención del delito, sino que ha tomado en sus manos lo que creen que es la justicia y han respondido con aquello de ojo por ojo, como ocurrió con el linchamiento de Ana Rosa, por el secuestro y asesinato de la pequeña Camila, previo a semana santa del año 2024.
En Acapulco, tras el sismo del viernes 2 de enero del año en curso, la caseta de peaje de La Venta y Metlapil registró un éxodo de vehículos, largas filas daban cuenta de que no se esperaría a terminar el puente vacacional, se alejaban del puerto.
En Taxco, luego de que las gaseras recibieron de un supuesto grupo delincuencial un plazo de 24 horas para dejar la ciudad y dejar de suministrar este carburo a la población, el turismo tuvo la misma reacción, salió un grupo importante de visitantes.
En ambos casos, es evidente no sintieron seguridad, uno motivado por efecto de la naturaleza, otro por la ambición humana.
Los talleres de orfebrería en Taxco han reducido su producción por la falta de gas, la gasera “autorizada” esta saturada por largas filas de quienes tienen auto o alquilan uno para ir a surtir su cilindro. O hacer su compra en Iguala o Cuernavaca.
Ante la denuncia de que los domicilios y empresas turísticas, entre otros, se quedaban sin gas por tener tanques estacionarios, el gobierno estatal dijo que el abasto estaba garantizado.
Pero ciudadanos nos dicen que no, que la vigilancia a las gaseras es acertada, pero que no se mueven los distribuidores a ninguna calle, colonia ni localidad, porque las empresas recibieron amenaza de muerte hacia los choferes que anden repartiendo gas.
En Taxco está fracturado el tejido social por el dominio de territorios, temen el incremento de delitos, y una crisis de salud emocional y física, el miedo campea en las calles y en los hogares se silencia el tema.
La vida cotidiana, el quehacer diario ha cambiado, también la economía. Ha cambiado la percepción de estar en una ciudad de ensueño, de inspiración, para ser ahora, una ciudad secuestrada sin que se sienta garantías para la vida, la educación, el trabajo, etc.
Hace falta trabajar la cohesión social y que las autoridades permeen en la sociedad la confianza de que se trabaja para combatir la violencia, el crimen, la amenaza, el pago para trabajar.
En Taxco, la flor de nochebuena languidece, como la esperanza de recobrar en el corto plazo su vida y su progreso.
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