VIOLETA DEL ANÁHUAC/ Del pozo Meléndez a Teuchitlán

ISABEL ORTEGA MORALES

Chilpancingo, Guerrero. Las historias de horror no están en la noche al cerrar los ojos para dormir, están en nuestro país en los ojos abiertos ante imágenes que desgarran el corazón y en las historias de personas vivas que están, o siguen, en busca de sus familiares por quienes dicen “los desaparecidos no se juzgan, se buscan”.

En México, la historia de la Guerra Sucia condujo a la designación de un grupo especial de estudio y documentación de un periodo de dolor comprendido entre los años 1960 y 1990.  Bajo el argumento de prácticas “que rebasaron los límites de la legalidad” con detenciones masivas y desapariciones, surgieron diversas historias sobre las formas en que se “borraron personas”.

Entre estas historias están el Pozo Meléndez, ubicado a la altura del Puente Campuzano de la carretera Iguala – Taxco está dentro de las más terroríficas narraciones de desaparecidos.

En 1990, Antonio Jaimes Herrera, que fue alcalde de Iguala, y que había sido rescatista de la Cruz Roja, participó en la búsqueda y localización en ese lugar del cuerpo del ex alcalde de Taxco, Manuel Saidi González, acción en la que participó, entre otros un Colectivo de Búsqueda de desaparecidos y la Fiscalía General de la República.

En ese entonces se dijo que habían bajado 180 metros, se había localizado una “repisa” en el llamado respiradero natural, que había mucha humedad; en el año 2019 se realizó otra exploración en busca de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en el año 2014.

Adriana Bahena Cruz, vocera del Colectivo Los Otros desaparecidos dijo “lo que buscamos son los cuerpos, a nosotros no nos interesa la otra parte de quien los desapareció”.

Lamentablemente, el hermoso mapa mexicano tiene en su interior no solo cuerpos que recibieron una sepultura donde rememorar la historia, hay cuerpos que no y a ellos buscan madres, padres, hermanos, hermanas, esposas, esposos, hijos y en Jalisco, en  Teuchitlán, en el rancho Izaguirre, el hallazgo y registro de más de Mil 500 objetos entre ellos, ropa, calzado, credenciales, listas con nombres, etc., generó en el corazón de las y los buscadores una esperanza de localización de sus seres queridos.

Pero esas búsquedas se han enfrentado a un desdén oficial, a la descalificación del hallazgo, a la defensa de una investidura en lugar de que la misma responda al compromiso jurado en una toma de protesta.

En este momento, frente a hornos crematorios que se dice están en ese rancho, se encuentra la pregunta: ¿interesa al estado lo que sucede en su territorio defender? ¿Interesa a la sociedad, al gran colectivo social, que el estado asuma con seriedad, con respeto su compromiso de servir a la nación? o se está generando indolencia y apatía para que ni se llegue al fondo del pozo Meléndez ni se tampoco al del rancho Izaguirre y temas como Ayotzinapa, la Guerra Sucia, las y los buscadores sean palas de búsqueda en solitario.

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