
EDUARDO IBARRA AGUIRRE
El Departamento de Justicia de Nueva York dejó sin efecto la acusación contra Nicolás Maduro como líder del grupo denominado Cartel de los Soles (New York Times), sencillamente porque no existe, tal y como informó con insistencia el presidente de Colombia, Gustavo Petro.
Sólo que la urgencia de Donald John Trump para deponer al presidente venezolano y su esposa Cilia Flores, para encarcelarlos por la vía del secuestro y bombardeo aéreo, era grande y tan poco le importaron las contradicciones en el discurso para agredir a Venezuela que descuidó la coherencia del alegato propagandístico que, pese a todo y hasta hoy, redujo la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, dos de los principios rectores de derecho internacional, a papel higiénico.
No es cosa menor dentro del triunfalismo y la euforia militaristas que domina en el primer círculo de Trump, que recule el Departamento de Justicia, sabedor de que no tenía pies ni cabeza la acusación ministerial. Igualmente el reconocimiento del magnate, megalómano, corrupto, mitómano y pederasta (es descripción) que apuesta a “gobernar el mundo”, como anunció hace meses, y quien verbalizó el reconocimiento de que María Corina Machado, su mascota y Premio Nobel de la Paz, “es una gran mujer, pero no tiene el apoyo ni el respeto de su pueblo” para ser presidenta de Venezuela. Afirmación que acaso muestre que el títere de la señora, Edmundo González, perdió las elecciones presidenciales de 2024. Sólo la Unión Europea estima que ambos son indispensables para el futuro inmediato del país suramericano; mientras no se atreven a criticar, salvo España y Eslovenia, el proyecto en curso del robo por Juan Donaldo, sus amigos y socios de la inmensa riqueza petrolera y gasífera, de los minerales de la patria de Simón Bolívar.
Asalto a Venezuela que ya ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado ni el Departamento de Guerra se molestan en envolverlo en papel celofán para presentarlo como defensa de los derecho humanos, protección de vidas estadunidenses, defensa de la democracia frente a un peligroso dictador que resultaría un niño de pecho frente al sátrapa Donald John, a quien le vale madre la arquitectura internacional construida y consensada después de la II Guerra Mundial.
Y como dicen que no hay texto sin contexto, resulta un contrasentido que Claudia Sheinbaum Pardo pida a la justicia estadunidense un “juicio justo” para Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, legalmente primera dama venezolana, cuando a la par se defienden de manera firme y reiterada los principios de la política exterior establecidos en la Constitución mexicana y en la carta fundacional de Naciones Unidas. Entre ellos la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos que fueron nulificados por DJT con el secuestro de Maduro y Flores, el asesinato de 40 ciudadanos cubanos bombardeados y decenas de civiles heridos. Esto sin contar al más de un centenar de pescadores asesinados con misiles para fingir que se combate al narcotráfico, mientras en USA se le protege.
Si el nuevo gobierno de Caracas, presidido por Delcy Rodríguez, exige la excarcelación de Maduro y Flores y su retorno Venezuela, el gobierno de México debe respetar la exigencia o cuando menos no contradecirla, sobre todo cuando Washington empeña sus mejores esfuerzos e intrigas para dividir a la dirigencia bolivariana. Además: ¿Quién es Donaldo Juan para imponer su legislación y tribunales más allá de sus fronteras?
Acuse de recibo
“Los bárbaros pretenden gobernar el mundo. Estamos ante una flagrante violación del derecho internacional. No tiene autoridad moral el gobierno de un país dirigido por un pederasta, golpista y criminal por su participación en el genocidio del ejército sionista en Gaza. La agresión a Venezuela del 3 de enero de 2026 no busca la democracia, sino apoderarse de las mayores reservas petroleras del mundo. Ninguna intervención del ejército yanqui ha llevado a la democracia: Siria, Iraq, Libia, Dominicana son solo algunos de los países agredidos. Es cierto, la fundación de EUA heredó a Roma, al igual que el imperio romano, corrupto hasta la médula, lleva a confines lejanos vicios, opresión, crimen y la brutal Pax Romana. Al vanagloriarse de su agresión cometieron un error: efectivos de la DEA se fotografiaron en el secuestro del presidente de Venezuela, siendo que quienes deberían aparecer son funcionarios de las compañías petroleras de EUA, beneficiarios directos del anhelado robo de la riqueza de nuestro país hermano. La dignidad sólo la confiere la democracia como lo demuestra el enérgico posicionamiento del gobierno mexicano, que ha repudiado las acciones militares y ha llamado a respetar el derecho internacional. Nuestra más profunda indignación debe volcarse en manifestaciones contra el país agresor, que si bien está herido de muerte por su corrupción y problemas internos, no deja de ser peligroso en sus estertores y causar desastres”; opina Víctor Ramos.
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