SINGLADURA/ Una defensa sui géneris

ROBERTO CIENFUEGOS J. Las marchas ya se dieron en la víspera. Viene el turno del recuento, que seguramente expresará el cisma nacional que se vive en México con la proclamada Cuarta Transformación, un movimiento devenido en gobierno que ha hecho de la confrontación un exitoso modus operandi para hacerse cada vez de un poder político mayor, así y éste no haya significado hasta el momento el progreso material y aún ético del país.

Esta misma mañana, y poco después de que cante el gallo, habremos de escuchar al vocero de Palacio Nacional minimizar, caricaturizar y vilipendiar a los mexicanos que ayer salieron a las calles del país para expresar su apoyo al Instituto Nacional Electoral y defender -según proclamaron- la democracia del país, una en ciernes, sí, incipiente, también, pero como nunca antes en décadas, bajo asedio de una reforma clave, fundamental para las dos próximas elecciones, la del 2023 en Coahuila y el Estado de México, ésta segunda considerada crucial por los competidores, y al mismo tiempo, el preámbulo de la disputa por la presidencia.

Más allá de los números de las marchas en la Ciudad de México, en diversas ciudades del país, y aun allende las fronteras mexicanas, que serán -insisto- alineados a los intereses de las partes en pugna, es de llamar la atención que por vez primera en décadas, cómo no se había visto de hecho en los años desde la creación del INE y su antecedente inmediato anterior, -el IFE- una institución por la cual los mexicanos hemos podido resolver en las urnas nuestras diferencias, opciones y/o alternativas políticas, ésta vez se salió a defender el sistema electoral creado luego que le fue arrebatado al PRI el control absoluto de los comicios en México.

Entre las consignas de los manifestantes no predominó y ni siquiera figuró la exigencia de impulsar una mejor democracia ni tampoco de elevar la calidad de la que impera. Antes bien, se reclamó esencialmente la defensa y/o permanencia del INE y se exigió que cese la escalada gubernamental para, antes que ir al futuro, incurrir en una reforma regresiva como plantearon en la víspera de las marchas, diversos sectores, entre ellos la Iglesia Católica, el empresariado y organizaciones civiles.

Ese es el punto rescatable de esta disputa, por lo demás otra asociada con el modus operandi que caracteriza a la 4T desde que ascendió al poder por la vía electoral, y que ahora se vuelca contra su progenitor, el INE, en un escalofriante parricidio, cuyas causas generan todo tipo de sospechas, dudas, inquietudes y aún temores que preludian peores cosas y/o apetitos inconfesables. Y es que es harto complicado, si no imposible, crear un mejor futuro a costa de una traición, irrespeto o desconocimiento de las raíces. Para fijar un símil, no será una mejor persona quien asesine, desconozca o ultraje a sus padres.

El fenómeno no es privativo de México. Es palpable e incontrovertible justo en estos días con lo que ocurre en nuestro socio comercial del norte. Tras una embestida histórica, también desde el poder, en perjuicio de la democracia estadunidense, los votantes de ese país acaban de votar en defensa de su sistema democrático de más de 200 años. Al refrendar un apoyo a los demócratas bajo la batuta de Joe Biden, los estadunidenses dieron un revés al reventador de su democracia, el rey del tabique o Donald Trump. Aun en medio de dificultades graves, como la inflación, la inseguridad y el lento desempeño de la economía, una ligera mayoría de sufragantes estadunidenses decidió respaldar la institucionalidad de su país, la misma que trató de sepultar el señor Trump la mañana del seis de enero del 2021 cuando sus huestes, cargadas de un fanatismo más que peligroso, irrumpieron de manera violenta en el Capitolio, la sede del legislativo, para frustrar la validación del triunfo electoral de Biden en los comicios de noviembre del 2020 y con ello, dar un golpe de mano o putsch.

Así andamos por estos días en México, atentos muchos a la intuición de que la reforma promovida por el poder constituido, quiere avanzar sólo sus intereses, proyectos y apetitos, antes que mirar por el bien general y/o predominante de la nación, un criterio imperativo en todo caso.

@RoCienfuegos1

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