SINGLADURA/ Táctica

ROBERTO CIENFUEGOS J. La táctica no es nueva, pero aún funciona y bastante bien por cierto. Aludo a las profecías autocumplidas, esas que de manera muy anticipada se plantean generalmente para advertir sobre un hecho inminente y grave a la vez. Esta estrategia data como digo de mucho tiempo atrás. Se las utiliza la mayoría de las veces con el propósito de desacreditar, anular, o al menos abollar una causa, la que sea, y más si esa resulta de la desafección y/o el rechazo.

Viene a cuento esto ante la evidencia contundente de una serie de advertencias hechas por las autoridades del país y aún las locales prácticamente al unísono, con una coordinación cuidada y extraordinaria de cara a las marchas de la víspera por el Día Internacional de la Mujer, o el 8M, como se ha hecho una costumbre llamar al conjunto de manifestaciones de mujeres que bregan desde hace años por una mejor inserción en la vida de los países, que es la de Ellas -sí, así, con mayúsculas.

Desde el lunes, se escuchó a las más altas autoridades gubernamentales hacer graves alertas de violencia inminente a cargo de -faltó decir- una bola de mujeres revoltosas, ansiosas de ganar la calle para cometer destrozos, desmanes y todo tipo de tropelías, imperdonables claro y aún contrarias a su propio interés. Incluso se citaron informes, según los cuales se estaba armando una estrategia de combate con artefactos contundentes y sopletes para hacer daño y destruir. Se dijo incluso que se preparaban bombas molotov, que por supuesto horas más tarde fueron detectadas cerca del Metro Hidalgo. Vaya coincidencia.

Las alertas sobre casi casi el apocalipsis en la Ciudad de México debido a los grupos de mujeres radicales y grupos infiltrados saturaron la atmósfera de miedo, o al menos preocupación. Estas voces de alerta predispusieron a muchos a evitar el centro de la Ciudad de México, que sería tomado por hordas vandálicas, infiltradas por lo demás y sometidas a las necesidades de los conservadores y adversarios.

De esa manera se allanó el camino para ganar una guerra en la opinión pública, un factor clave en esta temporada nacional. Ganar la opinión pública es el valor supremo de nuestros días en México, así lo demás se pierda, retroceda o empeore. Nada es más preciado hoy que contar con la voluntad favorable, si no nacional, si mayoritaria. En pocas palabras, de la opinión pública depende casi todo. Es el canal preferido del poder instituido. Así que nada más importante que ganarla a como haya lugar. Hay mucho en juego en esa batalla.

Otro dato, curioso para calificarlo así, dentro de la guerra de opinión que libramos en México, en la que estamos inmersos todos los días, -opiniones que se imponen incluso a los hechos y evidencias comprobables y palmarias- es el por qué no se actúa contra los violentos, los revoltosos, los que quieren dañar al país que presuntamente está hoy mejor que nunca, o menos mal que en el pasado reciente. No se actúa, pero se acusa todo el tiempo. Tampoco se aplica la ley, pero se señala con toda clase de epítetos descalificadores y estigmatizantes a muchos.

Y sin embargo, ya se sabe que la ley se viola por acción y/o por omisión, pero eso no importa, es cosa menor. Es tanta la benevolencia de un lado del país que se perdona incluso a los depredadores, una y otra y otra vez señalados, marcados con índices de fuego. La bondad de un lado no tiene fin ni mucho menos límite. Y esta táctica funciona con tanta precisión que a veces asusta, en particular cuando se constatan señales objetivas de lo contrario que se predica, pero que funciona casi a la perfección. Cuidado, la ingenuidad cambia de nombre en la edad de la adultez.

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