
CARLOS RAMOS PADILLA
Rápidamente Andrea Chávez se ha ganado la antipatía de los senadores morenistas. Era para muchos la mensajera, la vocera de Adán Augusto generalmente para convertir las instrucciones en órdenes. Su soberbia hacía ver como sus empleados a los legisladores e intentaba dejar un tufo de “aquí mando yo”. Sintiéndose protegida y consentida la prepotencia la ha dominado. “Andreyita” así cariñosamente llamada por Adán merecía la atención de los colegas. Se estaba planeando la candidatura a la gubernatura de Chihuahua. De activista, contestataria y provocadora, la joven Chávez se coló sin mérito alguno en el Senado y cambió su imagen con fina ropa de marca y lujosas camionetas. Dominaba pues la política y a los políticos, tan alta es su suficiencia que a la presidenta (con a) Sheinbaum le dice “esa señora”. Caído en desgracia Adán Augusto,
Andreyita abrazo a “nachito” como llama a Ignacio Mier. Pero le estalla la bomba con aquello del salón de belleza en el Senado y como fiel copia de los discursos oficiales se deslindó de inmediato. Parte de su imagen la exhiben en redes sociales y a base de interrupciones y gritos piensa que domina la mesa radiofónica de debates los miércoles con Azucena Uresti, una estrategia común de no dejar hablar a los demás y creer que mantiene una verdad absoluta denostando a opositores, periodistas y políticos que no son sus simpatizantes.
Al exhibirse los delitos electorales en lo que ha incurrido y al tratar de ocultar el financiamiento para sus unidades de salud su salida aprendida y fácil es llegar a los insultos, demeritar a lo que llama el “PRIAN” y a suponer que todas las pifias e ilícitos de Morena y el gobierno se desdibujan ante las atrocidades de Felipe Calderón y de García Luna. En un programa televisivo que conduje un grupo de expertos catedráticos universitarios le formularon una sola pregunta: qué es el neoliberalismo. Subió entonces el tono y señaló a los abogados afirmando que habían comprado su título profesional y que el conductor (yo) formaba parte de esta nociva campaña de desprestigio hacia la izquierda reivindicadora. Algunos le recuerdan que a su padre lo conocían como “el loco Chávez” un ex empleado de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Andreyita fue abriéndose espacios en los medios impulsada por su disfrazada pareja con Abraham Mendieta, un español dedicado ilícitamente a hacer política e incrustarse en la nómina (hoy en la SRE). Ella vive del discurso de la austeridad, de ser el refugio salvador de los pobres, pero sus gustos, alimentos, vestido y transporte señalan lo contrario. Incluso fue el centro de un escándalo porque se informó que empleaba para su familia aviones del Ejército autorizados estos por Adán. Evidentemente lo desmintió. Para algunos en Morena y en Palacio se ha convertido en un lastre muy pesado que intentado la candidatura a Chihuahua pondría, por su ambición, en peligro la línea de gobierno de Sheinbaum.
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