
>> Deuda total de la paraestatal supera los 100 mil millones de dólares, refiere el legislador vicecoordinador económico de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados
CIUDAD DE MÉXICO, 05 de febrero 2026 (entresemana.mx). La deuda total de Pemex alcanzó en 2025 los 100.3 mil millones de dólares al cierre de septiembre de 2025 (alrededor de 2 Billones de Pesos). Ante ese escenario, aunado a los cerca de 500 mil millones de pesos adicionales de adeudos a proveedores, el gobierno inició una estrategia no del todo transparente, refirió el diputado federal del PAN, Héctor Saúl Téllez.
Y refirió que, el supuesto «rescate» de Pemex bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum no es más que un espejismo financiero que agrava los problemas estructurales de la empresa y pone en riesgo la estabilidad económica de México.
Héctor Saúl Téllez, vicecoordinador económico del Grupo Parlamentario del PAN, expuso que, lejos de ser un logro, representa una continuación de políticas populistas que priorizan la retórica de la soberanía energética sobre soluciones reales, transfiriendo una carga insostenible al erario público y a las generaciones futuras.
Con datos duros de fuentes independientes, como informes de calificadoras y reportes financieros oficiales, se evidencia que los masivos subsidios no han revertido el declive, sino que han profundizado la dependencia y el desperdicio de recursos.
A continuación, detallo las principales razones para esta posición, enriquecidas con cifras concretas y actualizadas.
En primer lugar, pese a los masivos apoyos gubernamentales —que suman alrededor de 50 mil millones de dólares en inyecciones, recompras de deuda y fondos especiales para 2025-2026—, Pemex sigue registrando pérdidas colosales y una producción en caída libre.
En el tercer trimestre de 2025, la empresa reportó una pérdida neta de 61,242 millones de pesos (aproximadamente 3.3 mil millones de dólares), a pesar de un alivio temporal por recortes de costos y subsidios estatales.
Por otra parte, la producción de crudo ha tocado fondo: entre enero y octubre de 2025, promedió solo 1.61 millones de barriles diarios (MMb/d), el nivel más bajo en 46 años y un declive del 0.6% interanual, lejos de los objetivos de estabilización en 1.8 MMb/d prometidos en el Plan Estratégico 2025-2035. Esta caída —de 1.793 MMb/d en T2 2024 a 1.638 MMb/d en T2 2025, un 8.6% menos— se debe a campos envejecidos, demoras en perforaciones y falta de inversión eficiente en exploración, convirtiendo a Pemex en un «pozo sin fondo» que absorbe recursos sin resultados.
Desde el PAN hemos denominado a este desesperado rescate financiero como el «Pemexproa del Bienestar», comparándolo con el rescate bancario de los 90 que hipotecó al país, argumentando que estos subsidios —casi un tercio de lo recibido en una década— son un fracaso rotundo, después de la desastrosa administración en la era de la 4T a cargode Romero Oropeza.
En segundo lugar, este «rescate» no hace más que patear el bote al transferir la deuda de Pemex al balance soberano dela deuda pública, incrementando el déficit fiscal y el endeudamiento nacional.
Hay que recordar que el gobierno canalizó 392 mil millones de pesos en transferencias federales a Pemex entre enero y noviembre de 2025, un aumento presupuestario del 187.8% sobre los 136.2 mil millones aprobados inicialmente.
Esto incluye un apoyo directo de alrededor de 29 mil millones de dólares en 2025 (1.6% del PIB), esto es alredeor de 480 mil mdp, lo que resulta en una contribución neta negativa del sector petrolero a las cuentas fiscales mexicanas por primera vez en décadas.
Aunado a lo anterior, hay que señalar que mecanismos como las notas precapitalizadas (P-Caps) por 12 mil millones de dólares solo maquillan las finanzas petroleras, mientras que el Paquete Económico 2026 destina otros 263.5 mil millones de pesos a Pemex vía Sener, elevando el déficit proyectado al 4.1% del PIB y contradiciendo la supuesta disciplina fiscal de la 4T.
Esto no solo encarece el financiamiento para México entero —con riesgos de devaluaciones en calificaciones soberanas, como advierten Fitch y S&P—, sino que sacrifica inversiones en sectores clave como el campo, la seguridad, la salud y la educación para subsidiar una empresa ineficiente y mal administrada.
De esta forma se advierte, que el plan echado a andar por el gobierno carece de reformas estructurales profundas, optando por un enfoque estatista que rechaza mayor participación privada y tecnología moderna o alianzas mixtas reales y eficientes.
Aunque la presidenta Sheinbaum intenta culpar a gobiernos anteriores, esta retórica evade la responsabilidad actual: después de siete años de «rescates» en la 4T, Pemex sigue en total crisis, con deudas crediticias pesadas y la correspondiente a proveedores, todo esto pese a pagos gubernamentales con dinero del presupuesto y de la recaudación fiscal a los mexicanos.
Sin una visión competitiva —enfocada en diversificación energética, eficiencia y atracción de inversión extranjera-, Pemex se hundirá inevitablemente, arrastrando al país a un colapso financiero, especialmente con intereses de deuda que consumen más de la mitad del EBITDA trimestral (2 mil millones de dólares en intereses en T2 2025).
En resumen, desde la oposición, este «rescate» es una farsa que prioriza propaganda sobre progreso, hipotecando el futuro de México para mantener un discurso nacionalista irresponsable y hueco.
Con una deuda soberana que podría migrar a niveles del 57.1% del PIB en 2026 (desde 45.4% en 2023) debido a estos apoyos, urge un cambio radical: mayor apertura al sector privado, auditorías independientes y un enfoque en energías renovables para evitar que Pemex siga siendo un lastre y una pesada losa fiscal para todos los mexicanos. Sin eso, las promesas de autosuficiencia en 2027 no serán más que otro fracaso anunciado.
Entresemana Información entresemana que forma opinión