PUNTALES/ Vivienda social, sólo en el papel

>> Escasa oferta y precios galopantes

>> Crece demanda por vivienda residencial

>> Morosidad del Infonavit, preocupante

>> Gasto educativo, desigual e inequitativo

AGUSTÍN VARGAS*. Uno de los sectores puntales de la economía es el de la construcción y dentro de éste la producción de vivienda ocupa un lugar relevante en cuanto a formación del Producto Interno Bruto y generación de empleos. No obstante ello, esta rama económica han sido de las más golpeadas en los últimos años, que se refleja también en la contracción del financiamiento.

En 2022, por ejemplo, el crédito hipotecario no ha tenido una evolución tan espectacular como en 2021; sin embargo, con crecimientos discretos ha llevado la delantera en lo que va del año. El producto de adquisición muestra avances por arriba del 5% apoyado por la compra de vivienda residencial y media.

Casi nada, o nada mejor dicho, interesa por el momento el financiamiento a la vivienda de interés social, ya que ni los organismos públicos han logrado detonar  la demanda por créditos para casas baratas, además de que la producción de este tipo de unidades ha sido escasa o nula en algunas entidades del país.

Eso sí, la banca no ha dejado de lado el financiamiento a la vivienda, aunque a un ritmo más lento que en otros años. Según el Informe “Situación Inmobiliaria”, elaborado por los analistas del BBVA México, correspondiente al segundo semestre de 2022, la banca comercial continúa otorgando más crédito hipotecario, tanto en número como en monto real.

De enero a agosto de 2022 se dieron 96 mil 900 créditos, 0.9% más que en los mismos meses de 2021; en tanto que el monto originado alcanzó los 187 mil 100 millones de pesos, que representa un avance del 3.1% en tasa anual. En este último concepto, la banca superó a los institutos públicos por poco más de 80 mil millones de pesos (mdp).

El avance mayor del monto de crédito en comparación con el número de créditos también apunta a que la demanda se enfoca en viviendas de mayor valor. Es decir, el crédito hipotecario bancario sigue guiado por la adquisición de vivienda residencial con un avance a junio del 8% y en segundo término por la reactivación de la vivienda media con 6.2%.

La vivienda de interés social no consigue despuntar en la colocación. La tasa hipotecaria hasta junio del presente año se encontraba por debajo del 10%, a pesar del ciclo de subidas de las tasas de referencia, sin embargo los bancos cada vez tienen menos espacio para mantenerlas bajas.

La oferta de vivienda nueva ha perdido impulso, lo cual está relacionado con la falta de oferta de vivienda económica y de interés social y los fuertes costos que enfrentan los productores tanto en materiales de construcción como en las tasas de financiamiento. Todo esto revela, sin duda, que la producción, oferta y financiamiento de vivienda social, que tanto pregona la 4T, sólo existe en el papel.

Preocupante morosidad

En los últimos trimestres se ha observado con preocupación que el Índice de Morosidad (IMOR) del Infonavit, institución que dirige Carlos Martínez, ha mostrado una trayectoria al alza por más de 24 meses.

En general, los cambios en la administración de los créditos para modificar el estado de 303 mil créditos iniciando en 2019, los cuales se siguen aplicando, aumentaron la morosidad en más de 10 puntos porcentuales lo que ha llevado a los especialistas del sector a dar un seguimiento puntual a ese indicador.

Con dicha modificación, la cartera total cambió su composición, ya que el porcentaje de la cartera vencida aumentó a 18% en 2022 cuando en 2019 representaba el 8%.

El crecimiento del IMOR no ha sido acompañado por el incremento de otros indicadores como la estimación preventiva de riesgos crediticios y los bienes adjudicados.

Un factor de preocupación es que el Índice de cobertura se encuentra por debajo del 100% (apenas alcanza el 82%). También mete ruido al sector el hecho de que el Infonavit ha tenido una originación en 2022 por debajo de lo esperado y la cartera vigente no crecerá lo suficiente para reducir el Indicador de Morosidad, aunado a la pérdida de poder adquisitivo real de los trabajadores y el proceso inflacionario que se observa.

Gasto educativo, inequitativo

La educación es uno de los instrumentos más eficaces para garantizar la igualdad de oportunidades, reducir la pobreza y promover el desarrollo social y económico. Sin embargo, para 2023, la educación pública se ve limitada para eliminar estas desigualdades en los hogares con condiciones socio-económicas más bajas.

De acuerdo con datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestal (CIEP), en 2023 el gasto público en educación representaría 3.24% del PIB, cifra debajo de los niveles registrados antes de la pandemia, de 3.84%, y lejos de lo recomendado por el Banco Interamericano de Desarrollo, de entre 4.0 y 6.0 puntos porcentuales.

Estas cifras ya no sorprenden, pues desde hace décadas, la distribución del gasto público en educación es desigual y no garantiza mejores condiciones económicas y sociales para la población mexicana; solamente los hogares con mayores ingresos destinan más recursos para compensar la falta de acceso a la educación y la baja calidad de la educación pública.

Más aún, mientras que el gasto público para educación básica beneficia mayormente a las familias con menores ingresos, el gasto público para educación superior y de posgrado beneficia a los hogares con mayores percepciones económicas.

El acceso a este nivel educativo está vinculado a incrementos en los salarios de los trabajadores, por lo que resulta necesario ampliar el acceso de la población de menores ingresos a educación media superior y superior.

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*Periodista, director de la Revista Hábitat Mx

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