PULSO/ Velocidades diplomáticas

EDUARDO MERAZ. La invasión rusa a Ucrania, puso a prueba una vez más a la diplomacia mexicana, cuya agilidad para responder a los conflictos es paquidérmica y sin posturas claras y definidas, salvo cuando se trata de Estados Unidos.

El gobierno de México condenó “la invasión” militar de Rusia a Ucrania y rechazó el uso de la fuerza en el conflicto en aquella región de Europa del Este, al tiempo que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, aseguró que nuestro país no apoyará una respuesta bélica de Occidente a Rusia, por tales hechos.

En un video difundido la tarde de este jueves, el canciller mexicano hizo un pronunciamiento sobre la avanzada militar del presidente de Rusia en territorio ucraniano, luego del llamamiento al gobierno cuatroteísta de asumir una posición clara, de parte de la embajadora de Ucrania en México, Oksana Dramarétska.

Mientras que, en otros casos, tanto internos como externos, el presidente sin nombre y sin estatua se muestra “rapidito” en responder cuando se le cuestiona, el reclamo formulado por la embajadora ucraniana obedeció a la parsimonia para condenar la invasión rusa.

Solo después de ese extrañamiento diplomático, el titular de la SER, hizo una declaración en la cual postuló que “México condena enérgicamente esta invasión y llama al cese al fuego inmediato que permita una salida diplomática, que proteja a la población y evite sufrimiento”.

Para justificar la lentitud en fijar la postura mexicana, dijo que diplomáticos de nuestro país hubieron de sostener conversaciones con más de siete diferentes países y de analizarlo con la embajada de México en Ucrania.

Solo después de esas gestiones, Ebrard Casaubon aceptó que se trataba de una invasión. Ya no hay duda sobre ello, es una operación con una escala que cubre casi todo el territorio de Ucrania”.

De hecho, el canciller introdujo una versión diplomática del “abrazos, no balazos”, al señalar que la orientación de la política exterior es, de una parte, rechazar el uso de la fuerza y condenar enérgicamente la presencia de fuerzas de la Federación Rusa en territorio de Ucrania”.

Y por la otra, aseveró que nuestro país no apoyará una respuesta bélica de Occidente a Rusia y que México mantendrá relaciones diplomáticas con Rusia, esto a fin de mantener el diálogo con los diferentes actores que forman parte del conflicto.

Afortunadamente México ya no preside el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas; de otra forma a lo mejor estaríamos en una situación más complicada, con un mandatario que prefiere dar tours por su la untuosa austeridad del “Palacio del Bienestar” que, aunque es un edificio público, está prohibido su disfrute al pueblo y visitantes.

“Demandamos que cesen las operaciones militares por parte de la Federación Rusa en territorio de Ucrania, que se respete su integridad territorial y que se proteja a su población civil. Vamos a seguir insistiendo en la necesidad de una salida diplomática, apoyar al secretario general de las Naciones Unidas (António Guterres) en su difícil tarea en este momento”, arguyó Marcelo Ebrard.

En cambio, el secretario de Relaciones Exteriores y el presidente innombrable se muestran ágiles de reflejos para responder al gobierno de Estados Unidos por haber manifestado su preocupación por la situación que enfrentan los periodistas en México.

Las diferentes velocidades para responder o fijar posturas utilizadas por la diplomacia mexicana, que van desde la pausa con España, la descalificación con Panamá, la lentitud sobre la invasión rusa, y la inmediatez con Estados Unidos, revela que también en este terreno se actúa a capricho.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Ojalá y no sea cierto el tuit, que después borró la diputada y ex líder de Morena, Yeidckol Polevnsky, donde señala que “cumpliendo con las órdenes de nuestro presidente y a nombre del pueblo mexicano, quiero hacer llegar nuestro apoyo y lealtad al presidente Vladimir Putin”.

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@Edumermo

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