Piedras en los zapatos

FLORENCIO SALAZAR ADAME

SemMéxico, Chilpancingo, Guerrero. ¿Qué quiere decir con eso de peor aún? Milan Kundera

Los ciudadanos volvieron a llenar las plazas. La exigencia del respeto a la celebración de elecciones libres fue resonante. En la Ciudad de México la asistencia fue multitudinaria. Es la tercera congregación ciudadana masiva en los años últimos de este gobierno. Causas con sustento: respeto al INE, en defensa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, esta última, elecciones libres.

¿Cuáles han sido los resultados de dichas movilizaciones? El INE está presidido por Guadalupe Taddei Zavala, presumiblemente próxima al Presidente de la República. Los medios han divulgado fotografías, nombres y cargos de un número significativo de sus familiares en puestos públicos. La presidenta del INE ha nombrado en cargos estratégicos a personas sin los perfiles de idoneidad, es decir, de experiencia y profesionalismo en la carrera electoral y no ha gestionado todos los recursos económicos presupuestados

La designación presidencial de Lenia Batres como ministra de la SCJN es una avanzada en la estrategia de eliminar al Poder Judicial como garante de la observancia y cumplimiento de los mandatos constitucionales. La idea de elegir a jueces y magistrados pretende la concentración del poder, sin equilibrios ni sombra alguna a los mandatos presidenciales.

Ayer domingo se realizó la masiva exigencia al gobierno para que haya elecciones libres. A pesar de ello, con las concentraciones anteriores, como está demostrado, no pasó nada. Hubo molestias en el poder, declaraciones en pro y contra, y después de unos días de información y análisis en los medios, las aguas volvieron a su nivel. La participación ciudadana, en esos eventos, es como las idas a misa: se reconforta el alma y después se vuelve al mundo del pecado. No pasa nada.

Estas exitosas reuniones son cómo las sesiones de algunas asociaciones civiles. Se reúnen periódicamente y a cada reunión asiste un invitado, generalmente un servidor público. Intervienen los miembros con actitud crítica y, en ocasiones, hasta grosera. Algunos medios dan cuenta del evento. Pero, pasado este, cada quien regresa a sus actividades cotidianas. Las sesiones de los clubes quedan en el anecdotario.

Las manifestaciones ciudadanas pueden llenar de piedras los zapatos del poder, hacer incómodo el movimiento. Es suficiente con sacudirlos para volver a la comodidad acostumbrada; poco o nada cambiará el estado de las cosas. Para que no haya sordera presidencial, se necesita que la acción ciudadana responda a una agenda estratégica de movilización. Se debe aprovechar la experiencia del propio AMLO.

Por supuesto, nadie podrá desconocer el valor cívico de estas manifestaciones. Las caracteriza la voluntad de los asistentes, el motor de la inconformidad, la preocupación –incluso el temor– por lo que pueda venir en caso de que no haya elecciones libres, que no tendrían otro sentido que la instauración del poder de un solo hombre.

Vale revisar. Sin embargo, no hay que perder la perspectiva: atentar contra la capacidad de resistencia ciudadana. Hay que evitar el conflicto y dejar que la mayoría elija.

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