MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ FARÍAS
Chiapas tiene quien le escriba, así, con viento a título de novela de García Márquez. Porque al sureste, a Chiapas se le ha regresado la tranquilidad, un solar de carreteras seguras, sin retenes de narcos, con los tranquilos de ir en camioneta sin el zumbar de balas o los cañones apuntándonos y así quitarle a alguna familia o un ganadero su medio de transporte.
Los milagros en política no existen, sino la determinación, tener los pantalones bien puestos y hacer lo que se debe, agarrar por el cuello los problemas y meterles freno.
Y solo han pasado cien días, faltan 265 para el primer año y cinco más para cambiar la realidad, pero cien días son pintura suficiente en el lienzo, de hecho ya se nota la obra y se ve muy bonita, algo que la inteligencia artificial jamás podrá repetir, pues los colores en Chiapas traen la huella humana, de tantas almas y tantas voces que soñaban con días soleados sin sangre ni desplazados.
Y como toda obra, el autor es uno de esos hombres que nacen para cruzar montañas de retos y lo logran, es un buen amigo de todos y todas, Eduardo Ramírez Aguilar, a quien desde el centro de la República se le ve como “ave raris” ya que este político, sin estridencias ha roto récords bajo un planteamiento sencillo: cero impunidad, un bukele de la izquierda, ahí están los números, de detenidos, pero no los típicos charales para las estadísticas, hasta presidentes municipales en funciones y lo que falta.
¿Y qué crees? Como guion de serie policiaca optó por un grupo de expertos en el arte de la seguridad, por qué esa es la definición, el arte de poner orden, elementos policiacos con credenciales universitarias, con cursos en Colombia, España, en los EUA, la élite dirían los encabezados periodísticos.
A ellos “los pakales” se les reconoce en todo el estado de Chiapas por ser ángeles guardianes en un territorio que no hace mucho ordenaba toque de queda a sus habitantes, hoy, las caravanas son de pakales y no las de los malditos narcos o de comunidades desplazándose a Guatemala.
Pero como todo pakal que se precie de serlo, es vital contar con mariscales, el fiscal general del estado Jorge Luis Llaven Abarca tiene un hermano, se llama Oscar Aparicio, y es un recio secretario de seguridad del pueblo.
Ambos, digna pareja de serie de acción, han elaborado una estrategia de exportación hacia otras regiones calientes del país.
Ambos reúnen años de experiencia y la traducción es que a los pakales se les respeta, a ellos se les respeta, al gobernador se le respeta y admira.
Solo quien ha vivido el infierno de los secuestros o la extorsión sabe lo que es volver a vivir y de eso dan cuenta los miles de chiapanecos, los cuales no necesitan un micrófono para decirle a los medios que ahora están mucho mejor, basta con salir de sus casas e ir al parque a escuchar la marimba hasta enredada la noche…le digo, esa es la nota, no más asesinatos producto de ataques entre bandas del narco o delitos en contra de los ciudadanos.
Y si hay paz, viene la prosperidad. A Chiapas le toca eso que se derrama en las regiones centro y norte de México, esas economías producto de las inversiones, la siembra de infraestructura y su consecuente mejor nivel social.
Pues la huella del muy popular jaguar está dejando una buena impresión, claro, vendrán sus días y vicisitudes políticas, pues el futurismo le tendrá la dura estancia de ser considerado un perfil de muy buen empaque para el 2030 y nada mal le vendría al país un mandatario, como la actual, de mente pragmática y coraje para bajarle la fiebre a un país enfermo, en este caso, estado de Chiapas.
Por cierto, tanto la presidenta Sheimbaum como el gobernador Eduardo Ramírez poseen las más altas tasas de aceptación, ambos rondando entre el 85 y 87 por ciento.
Si tienes un buen gobernador, pues empléalo para cosas más grandes, esa es la lógica, ¿no?.