
ARTURO ZÁRATE VITE
Para nada sería disparatado imaginar que los nombres de Alejandro Moreno Cárdenas (Alito) y Ricardo Salinas Pliego estarían en la boleta electoral de 2030, compitiendo por la presidencia de la República.
Alito ya ha dicho que quiere y puede. Tiene a su partido en un puño, nadie se opondría a su postulación. Cualquier militante que pretendiera oponerse, sería expulsado del instituto. Ya se vio de lo que es capaz, lo que hizo con veteranos y exdirigentes nacionales que se atrevieron a decirle en su cara que no lo querían a perpetuidad. Los marginó de la organización.
Por eso hoy Alito, con todas sus letras, pregona que está listo para ser candidato en la próxima elección presidencial. A quien se resista, si fuera necesario, le tendría preparado un derechazo. Si alguien lo duda, que le pregunte a Fernández Noroña o a su asistente, que hasta collarín tuvo que ponerse por el empujón que sufrió en defensa de su jefe.
Ricardo Salinas Pliego ya despertó el apetito del Partido Acción Nacional y su líder Jorge Romero Herrera. Ante la escasez de cuadros en su organización, a Romero le entusiasma el perfil del empresario. Hasta ahora el panismo no tiene a nadie como prospecto serio. La última vez, en 2024, se sacó de la manga a Xóchitl Gálvez Ruiz. Le fue como en feria. Fracaso estrepitoso. Muy lejos de ser real contendiente para Claudia Sheinbaum Pardo.
Xóchitl ni quería ser candidata a la presidencia. Soñaba con buscar en primer lugar la jefatura de gobierno en la Ciudad de México. ¿Por qué? Ella misma lo decía cada vez que hacía declaraciones sobre su futuro político. Deseaba y necesitaba experiencia administrativa.
Las circunstancias o las presiones la llevaron a ese nivel. La empujó una oposición desatinada y debilitada, que no dudó imponerla cuando advirtió que en el proceso interno que inventó para sacar a la “mejor” candidata le podía ganar la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel.
Salinas Pliego no ha dicho esta boca es mía. No se fue de bruces ni se dejó seducir por las palabras tentadoras de Romero. Ha preferido ir midiendo terreno antes de dar la mano o comprometerse con algún partido. Esperaría a ver que otras ofertas le surgen. La popularidad que ha alcanzado, mala para muchos, buena para otros, ya va más allá de las redes sociales.
Alito y Salinas Pliego se parecen en sus posiciones políticas. Los dos son declarados enemigos del gobierno en turno. El primero no se cansa de llamar “narcopolíticos” a los gobernantes y el segundo “gobiernícolas”. Dominan el lenguaje prosaico y ofensivo. Ambos esmerados en propagar cualquier acción oficialista que vean como error. Para eso cuenta Alito con medios tradicionales y comunicadores que simpatizan con su lucha. Salinas tiene la televisora del Ajusco.
Han hecho lo que han podido para llamar la atención de los vecinos del norte, con la esperanza de que intervengan en México. Han buscado a su manera, sin éxito, la protección del Tío Sam. No pierden la esperanza de que suceda y los catapulte a conquistar el poder político.
Les parece emocionar tanto la potencia vecina, que, si alguno ganara la presidencia, ofrecerían a México en bandeja de plata. Entregarían todo el petróleo e intentarían que nuestro país fuera anexado.
Los dos tienen dinero. Ricardo Salinas mucho más de lo que quizás quisiera Alito. Presume barcos, aviones y helicópteros. Viajes por el mundo. Vacaciones frecuentes. Siempre multiplicando su patrimonio. Suficiente dinero como para pagarle al fisco deuda de 32 mil millones de pesos, en números redondos, aunque sea en “abonos chiquitos”.
Moreno Cárdenas ha podido acrecentar su fortuna gracias a los diversos cargos públicos que ha ocupado (diputado, senador, gobernador, líder del PRI). Tiene preferencia por invertir donde cree que obtendrá un beneficio personal. No hay duda de que es habilidoso, calculador. No le pierden la pista ni los periodistas a los que dijo hay que “matarlos de hambre”.
A Salinas Pliego no le quitará la mirada el fisco, hasta que pague todo lo que debe. Alito sigue en la mira de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados que pretende quitarle el fuero de senador y ponerlo a disposición de las autoridades de Campeche, que lo acusan de enriquecimiento indebido.
Los dos han sabido defenderse.
Por dinero no están preocupados, tienen casi todo lo material.
¿Qué es lo que no tienen?
El apoyo del pueblo.
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