
No nos damos cuenta de la prodigiosa diversidad
de juegos de lenguaje cotidianos porque
el revestimiento exterior de nuestro
lenguaje hace que parezca todo igual
Ludwig Wittgenstein
ARTURO SUÁREZ RAMÍREZ/ @arturosuarez
Los que hoy gobiernan se dijeron superiores morales, por lo menos durante las campañas de López Obrador y luego a lo largo de su sexenio, pero poco a poco, con los hechos y la cotidianidad, se fueron mostrando como realmente son. El Pejelagarto tuvo episodios que lo pintaron de cuerpo entero, como cuando se carcajeó de las masacres; lo mismo ocurrió cuando empeñó su palabra ante la falta de medicamentos y terminó devaluándola. Como siempre fue, un gran demagogo y una gran farsa aquella moralidad.
No hace mucho, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo nos regaló un episodio muy parecido al de su mentor. El cierre de año y el inicio de 2026 no la traen de buenas. En una mañanera le preguntaron sobre la masacre en Salamanca, Guanajuato, que dejó 11 muertos, y apenas le dedicó unas palabras: 30 segundos al hecho. Después se centró en una carta que había enviado al primer ministro de Corea del Sur para solicitar más fechas de conciertos del grupo BTS. Esos detalles son grandes mensajes que nos permiten ver la realidad más allá de las narrativas oficiales y de sus prioridades.
Aquel cuento de que eran diferentes a los del viejo PRI o a los del PAN se fue disolviendo. De por sí ya era endeble, pero bastó con que se fuera su líder, López, para que sacaran el cobre. Los vimos por Europa pagando grandes cantidades en hoteles y restaurantes exclusivos, presumiendo propiedades en Tepoztlán, comprando arte en Japón, en sus camionetas “machuchonas”, con ropa de marca. Todo aquello que el caudillo tropical les pedía no hacer. Ya no tenían motivo para esconderse.
Luego vino el relato de una Suprema Corte de Justicia de la Nación electa para terminar con los privilegios, con ministros del pueblo. Tampoco se les cree, porque han aprendido a trabajar disfrazados de pobres mientras se viven como ricos, todo amparado en una elección cuestionada, en el pueblo y en los mimos de los acordeones. Antes había privilegios y excesos, y ese fue uno de los motivos que impulsaron la reforma, esa a la que le metieron mano para colocar a sus incondicionales. Lo volvieron político y, como se ve, se parecen tanto a los de antes.
Llegó el escándalo de las camionetas blindadas de 2.4 millones de pesos cada una, que después dijeron serían devueltas. El asunto solo se conoció gracias a investigaciones periodísticas, porque ellos no querían hablar. La maquinaria de los corifeos, controlada desde la vocería, se echó a andar. Claro que necesitan vehículos para un trabajo de alto riesgo; claro que deben tener sueldos competitivos. Pero aquello que decía Hugo Aguilar de llegar en Metro a la SCJN es una vacilada. Son los mismos que se gastaron más de un millón 200 mil pesos en una ceremonia espiritual en un Estado laico, torciendo de nuevo el discurso de los pueblos originarios, los usos y costumbres.
Luego este personaje, Hugo Aguilar, el más humilde, protagonizó un nuevo episodio de lo que realmente son. En la explanada del Teatro de la República, justo antes de conmemorar un aniversario más de la Constitución, dos personas se inclinaron casi al mismo tiempo para limpiarle los zapatos. Él no se movió, no se resistió, no reaccionó; siempre con las manos en los bolsillos y luego revisando si habían quedado bien. Ahí fue cuando se desató el escándalo.
Aquellas metidas de pata han sido descuidos que nos presentan como son en realidad, son símbolos de su pensamiento. Cuando el poder se deja servir de rodillas, la autoridad moral ya se perdió. La imagen habló sola. Prometieron ser distintos y terminaron siendo lo mismo… Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.
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