PALABRA DE ANTÍGONA/ Congreso Feminista como mujeres

SARA LOVERA*

SemMéxico, CIUDAD DE MÉXICO. El Congreso Feminista convocado por el Senado, este 16 de enero, fue buen ejercicio, sin duda, no sólo por memoriar al Primer Congreso Feminista de enero de 1916 en Yucatán, punto de arranque de la agenda con propuestas para los derechos de las mexicanas durante el siglo XX. Este congreso fue importante por lo que ahí pasó, su ambiente, los discursos y quienes estuvieron.

Encuentro dirigido y acotado por la presidencia del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez, y Malú Micher Camarena, presidenta de la Comisión de Igualdad, cuyo objetivo fue una declaración para que los derechos de las mexicanas sigan adelante. Por eso la relevancia de la progresividad constitucional. Ni un paso atrás, se escuchó por momentos.

Invitadas mujeres de los tres poderes de la Unión, como antiguamente, alineadas al partido oficial, con la excepción de la senadora Amalia García Medina, de Movimiento Ciudadano, quien dijo que lo que no se nombra no existe. Yo agrego a la discusión de implicaciones jurídicas y políticas que, cuando se dice persona y no mujer, es borrar al sujeto del feminismo: las mujeres.

García Medina, en tribuna, única que habló de la agenda pendiente y del debate internacional sobre los peligros de retroceso, punto nodal en el hoy. Momento clave para hacer un debate político sobre la condición femenina. Diré que las morenistas están conscientes de ello y estar ahí valió por el mea culpa de la fiscal, Ernestina Godoy, cuando reconoció fallas en la atención de casos de violencia contra las mujeres.

De fuera, escuchamos a dos “expertas” alineadas a la 4T, quienes evitaron directamente la propaganda, aunque hubo sonoros aplausos y entusiastas reconocimientos a la presidenta de la República, como era costumbre en el antiguo PRI. Y no hubo crítica ni autocrítica. No oí nada sobre la crisis humanitaria por las desapariciones de niñas y mujeres.

Hace siete años, feministas independientes, militantes, académicas y millones de jóvenes advirtieron del derrumbe de la política de género, la pérdida de acciones, de presupuesto y programas que iban en ascenso a partir de 1995, Beijing, cuando el feminismo internacional se hizo interlocutor de los gobiernos. En tiempos de transformación se cerró el diálogo y se olvidó que hacer visible la violencia contra las mujeres, nuevas leyes e instituciones, fueron resultado del diálogo y la presión entre todas, incluso las “conservadoras”, como las panistas.

Por ello llama la atención que la representante de la presidenta de la República, Citlalli Hernández Mora, expresó que es hora de poner una pausa a nuestras diferencias y cito: “algunas ideológicas, algunas conceptuales y las eternas del Movimiento Feminista”. Habló de hacer otro congreso, amplio, para la agenda 2050. Invitó a aprovecharnos de la voluntad política de este momento y afirmó que debemos preguntarnos, desde diferentes enfoques y frentes, qué queremos dejar como legado dentro de 110 años; en este tiempo habría que avanzar como nunca, ir más rápido y resolver de raíz muchos pendientes. ¿Se abrirá el diálogo?

En el congreso hubo un cierto halo de pluralidad, con feministas de cuatro generaciones, iniciadas, otras no alineadas e históricas. Legisladoras de toda la República y una oradora antes hostigada, la abogada Patricia Olamendi Torres, quien habló, fuera de programa, claro y recio, del feminicidio, el acceso a la justicia y la necesidad de proteger a las niñas, como mujeres.

Olamendi piensa que poner en la ley la palabra “personas” en lugar de “mujeres” tiene implicaciones jurídicas y políticas importantes, cuando las leyes reformadas (17), publicadas el 15 de enero en el DOF, tienen sesgos preocupantes que habrá que debatir. Debate para “este momento”. Veremos.

*Periodista, editora de género en la OEM y directora del portal informativo semmexico.mx

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