
MARTÍN DE J. TAKAGUI
Como si la presidenta Claudia Sheinbaum cargara sobre sus espaldas algo así como “la maldición de los trenes”, la semana pasada se acaba de vivir uno más de los accidentes ferroviarios, quizás el segundo más importante de sus mandatos, como jefa de gobierno de la Ciudad de México y como presidenta de la República.
Son al menos cuatro los accidentes de trenes que ha tenido que sortear, además de que durante su administración como jefa de gobierno no logró las acciones de conexión del Tren Interurbano que tendrá que correr desde Zinacantepec y Toluca hasta su terminal que confluye con el metro y muchos transportes más en Observatorio.
Más allá de que sean obras emblemáticas de los gobiernos de la autollamada Cuarta Transformación o que se trate del servicio de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México, que existe desde 1969, la situación es que la parte operativa es la que está fallando y en el caso de Interoceánico, se observaron fallas en los durmientes y falta de balastro para sostener firmes a las vías.
Es obvio que aún no existen los peritajes ni dictámenes técnicos ni las conclusiones de lo que sucedió en el municipio de Asunción Ixtaltepec, Oaxaca el pasado domingo 28 de diciembre, lo que es verdad es que murieron ya 14 personas, 13 en el mismo lugar del accidente y uno más cuando era atendido en un hospital de la región.
También es claro que no es un asunto personal de la presidenta, sino accidentes que, durante sus administraciones, de las que ella es responsable, al final de cuentas le pegan, porque lo que pase o deje de pasar durante su gobierno es responsabilidad de ella.
En este caso, independientemente de quién sea la autoridad que administra la operación y seguridad de los trenes, para el caso de los accidentes en el tren Maya y en el Interoceánico, el directamente responsable es el secretario de Infraestructura Comunicaciones y Transportes, Jesús Antonio Esteva Medina como titular de la dependencia cabeza de sector.
Podría decirse que los trenes son administrados por militares, por marinos, por la Secretaría de la Defensa Nacional o la de marina, pero el encargado de aplicar las normas, observar las leyes y los protocolos de funcionamiento, al final de cuenta deben recaer en las responsabilidades de la Secretaría de Infraestructura Comunicaciones y Transportes.
Hay que recordar que el más grave de los accidentes de trenes que le tocó vivir a Claudia Sheinbaum, es la caída del tren en el tramo elevado de la Línea 12 del Metro, ocurrido en la noche del 3 de mayo de 2021, en los límites de las alcaldías Tláhuac e Iztapalapa y la presidenta Claudia Sheinbaum era la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Muchos llegaron a pensar que al caerse el tren del Metro, se le había caído la candidatura presidencial, pero fue más fuerte la voluntad del viejo ex presidente Andrés López Obrador, quien a pesar de que en ese accidente fallecieron 27 personas y 80 más resultaron heridas, los problemas, como decía él mismo “le hicieron lo que el viento a Juárez”.
También hubo un choque de trenes en la estación Tacubaya de la Línea 1 a las once y media de la noche del 11 de marzo de 2020, que dejó como saldo 41 heridos y una persona fallecida, pero hoy la memoria colectiva ya no lo recuerda.
La gente ya lo ve tan lejano e intrascendente como aquel primer accidente del metro ocurrido el 20 de octubre de 1975 en la línea dos que corre por Calzada de Tlalpan, en donde se dijo que murieron 31 personas y alrededor de cien más resultaron lesionados.
Otros accidentes ferroviarios han ocurrido durante la administración del segundo piso de la cuarta transformación, como fue el del Tren Maya del pasado 30 de enero de 2025 que dejó una persona lesionada en la estación Los Limones de Quintana Roo; otro más con descarrilamiento el 20 de agosto pasado en Izamal, procedente de Kalkiní, Campeche, pero ya en territorio de Yucatán.
Alguna limpia habría que hacer al gobierno de Sheinbaum para acabar con la maldición de los trenes.
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