ORIGINAL Y COPIA/ El crimen organizado en el poder

MARTÍN DE J. TAKAGUI

En México, desde hace, al menos un cuarto de siglo se ha hablado en las esferas políticas de la necesidad de combatir al crimen organizado y evitar que suceda lo que en otros países, donde los narcotraficantes llegaron a ocupar cargos públicos de alto nivel.

Cualquiera pensaría que México lo logró; sin embargo, si bien no llegó al poder Miguel Ángel Félix Gallardo ni Rafael Caro Quintero o Joaquín Guzmán Loera, o Ismael el Mayo Zambda, ellos lograron controlar a los gobernantes, que, en su momento, habían sido electos o designados por los presidentes o por el pueblo.

Está claro que muchos de los grandes narcotraficantes o criminales financiaron campañas políticas de diversos políticos, para después recibir los favores de quienes se encontraban en el poder, como fue el caso de varios alcaldes y funcionarios municipales, que, tan solo durante el año pasado y lo que va de éste han sido detenidos al menos seis presidentes municipales con el operativo Enjambre del Estado de México.

Uno de los casos más graves y de mayor relevancia que hoy en día existen es el de La Barredora, que si bien era un cartel comandado por el jefe de la policía de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, el verdadero jefe de la banda era quien en su momento fue el propio gobernador, Adán Augusto López, quien ha recibido hasta ahora los mayores favores para evitar ser procesado y juzgado como debía haber sido.

Pero Hay que recordar que Adán Augusto no era un simple gobernador, sino que se trata del mejor amigo, casi hermano del ahora ex presidente de México, Andrés López Obrador y que la Organización criminal de La Barredora, incluso hizo negocios con el gobierno, con la Secretaría de la Defensa Nacional, que se encargó de construir el Tren Maya.

Se sabe por reportes de Inteligencia de la propia SEDENA que el Tren Maya abrió una veta de negocios al grupo criminal La Barredora, el cual era encabezado por Hernán Bermúdez Requena, funcionario de todas las confianzas del gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, actual senador por Morena.

En conversaciones interceptadas por la Sedena, los delincuentes confiesan planes para rentar terrenos y suministrar 180 mil litros de huachicol semanales para las obras del tren, cuyos tramos 4 y 5 fueron coordinados por un sobrino de Bermúdez Requena

Pero las cosas no paran ahí, porque en la Secretaría de Marina, hubo funcionarios de alto nivel, nada menos que dos sobrinos del secretario durante el gobierno de Andrés López Obrador, Almirante Rafael Ojeda Durán, hicieron negocios del llamado “huachicol fiscal”, que consistió en el contrabando de miles o millones de litros de combustibles derivados del petróleo que entraron al país sin pagar un solo peso de impuestos de importación.

Dicho huachicol es parte de lo que se suministró para la construcción del Tren Maya y otras obras, pero que de ninguna manera podría haberse logrado sin el consentimiento de las autoridades aduaneras, hacendarias, de la propia Secretaría de Marina e incluso del secretario Ojeda y del presidente de la Republica.

El mismo López Obrador lo dijo y lo repitió muchas veces, cuando hablaba de los negocios sucios, de la corrupción y de todo lo que los llamados gobiernos de la época Neoliberal que “los grandes negocios de la corrupción no podrían explicarse sin que tuvieran el aval del Presidente de la República”.

Y es así como de manera muy clara y siguiendo las mismas enseñanzas de López Obrador, no podría haber florecido ninguno de esos negocios, como los que hicieron sus propios hijos al vender por lo menos el balastro que se utiliza para fijar las vías del tren, a través del empresario y amigo de los López Beltrán, Amilcar Olán Aparicio que fungió como prestanombres.

El crimen sin duda se encuentra gobernando y el mayor líder de la Barredora, apenas hace una semana dejó de ser el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, Adán Augusto López, quien confesó haber recibido en los últimos años, cientos de millones de pesos de supuestas empresas para las que trabajaba ya siendo senador de la República, sin mayores explicaciones.

Si no están en la cárcel los grandes líderes del crimen en México, es porque están en el poder.

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