MIRADA VIOLETA/ Me llegó la tarde

GUADALUPE RAMOS PONCE*

SemMéxico, Guadalajara, Jalisco. «Tengo apenas una vida y en ella solo tengo una  oportunidad de hacer lo que quiero. Tengo suficiente felicidad para hacerla dulce, dificultades para hacerla fuerte, tristeza para hacerla humana y suficiente esperanza para ser feliz». Clarice Lispector

Llegué a este mundo muy tempranito por la mañana, a las 8:00 AM según contaba mi mamá.

A veces pienso que los detalles que narraba de nuestros nacimientos, los inventaba, porque me parecía imposible que se acordara de todo lo acontecido con cada uno de sus once hijos. Aun así, me gustaba que se detuviera en los detalles del nacimiento de una niña sietemesina que debía nacer en febrero del 64 y se apuró a nacer el 20 de diciembre de 1963.

Pues sí que me urgía llegar a este mundo al que le gané dos meses más de vida. Contaba mi mamita querida que yo era tan pequeñita, que cabía en una caja de zapatos, que estaba tan arrugada que me decían abuelita y que una vecina salvó mi vida, pues llegó a conocer a la nueva niña (Yo soy la octava después de 6 mujeres y un varón), y me encontró fría, por lo que de inmediato colocaron mi cuna debajo de la escalera y con botellas de agua caliente y un foco chicharronero lograron que mi llanto se escuchara fuerte otra vez en esa bulliciosa casa.

Fui muy afortunada de nacer en esa familia amorosa y generosa con 7 hermanas y tres hermanos . Cuenta mi mamá que quien decidió mi nombre fue mi abuelo paterno, ya que mi papá quería ponerme Esperanza y ella se opuso porque era el nombre de una exnovia de él, por lo que mi abuelo les dijo que acababan de pasar las fiestas de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, que así me nombraran.

Y así fue como me pusieron igualititito que a las otras nueve compañeritas de mi salón de clase en la secundaria que nos llamábamos María Guadalupe, para diferenciarnos, nos decían el número de lista, yo era Lupita la 37.

Desde pequeña me gustó escribir, hacía poemas y cuentos. Aún conservo la libreta con historias cursis de la abejita y florecitas. Ya en la preparatoria mejoré en mi escritura y gané el primer lugar en un concurso de poesía, escribí un poema a mi papá que tenía muchos reclamos insertos, por eso no le gustó, en cambio, el poema a mi mamá era una apología a su belleza y su alegría y mi mamá gozaba en hacerlo notar.

También gané un concurso de ensayo en la Cámara de diputados del Congreso de la Unión, en un relato que escribí sobre el nacimiento de mi hija.

A mi hijo le hice un poema también cuando nació. Me gustó escribirles a los grandes amores de mi vida. Me decían que esa cualidad la heredé de mi bisabuelo el escritor Victoriano Salado Álvarez. No lo sé, lo que si es que la escritura me ha llevado a caminar por estas columnas de opinión semanal más de una década en distintos medios periodísticos y que me han dado la oportunidad de compartir mis sentipensares con ustedes cada semana.

He sido una estudiosa del derecho como abogada feminista, profesora investigadora en la Universidad de Guadalajara, activista, defensora de los derechos humanos articulada en varias redes feministas locales, nacionales e internacionales, como CLADEM, en donde ahora soy la coordinadora nacional.

Pero tengo una historia que casi nadie conoce sobre mi formación política de izquierda; recién me encontré de nuevo con un grupo de “camaradas” de mi adolescencia con los que me formé en la izquierda revolucionaria.

La organización se llamaba Federación Nacional de Organizaciones Bolcheviques (FNOB), ahí llegué con apenas 16 añitos, a formar parte de los cuadros estudiantiles de formación política, nadie se imaginaba que esa niña seria  y estudiosa, era quien repartía clandestinamente Zaría (La aurora), nuestro periódico que dejaba muy tempranito en la mañana en las butacas de mi preparatoria 2 (a veces llegaban los porros de la FEG a confiscarlos y veían a una muchachita sentada tempranito en el aula, estudiando sus libros), después en las colonias más pobres de Guadalajara continué en la práctica del marxismo-leninismo y en el compromiso solidario de izquierda con lo más pobres. En esa época creíamos que la revolución estaba a la vuelta de la esquina.

Más tarde vino la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la utopía con la que soñábamos esos jóvenes.  Por cierto, mi nombre de la clandestinidad era “Lourdes”.

Después me encontré con una de mis grandes pasiones, con el feminismo que me cambió la vida. La mirada violeta con que ahora veo el mundo ha sido parte de mi lucha política de las últimas décadas de mi vida.

He disfrutado una vida feliz con mi compañero de vida, con mi hijo, mi hija y he sido una enamorada de mis pasiones preferidas.

Comprometida con la causa de los derechos humanos y con las niñas y las mujeres; tengo la esperanza de que el día que me vaya de este mundo, sea mucho mejor que el mundo al que llegué esa mañana del 20 de diciembre de 1963.

Quiero terminar este breve relato que hoy les comparto por mis 60 años de vida, a los que arribo con mucha alegría, con una adaptación del poema de Leda Fuertes, poeta nicaragüense.

Aquí no hay viejas,

solo que llegó la tarde.

Viejo es el mar y se agiganta,

viejo es el sol y nos calienta,

vieja es la luna y nos alumbra,

vieja es la tierra y nos da vida,

viejo es el amor y nos alienta.

Aquí no hay viejas,

solo nos llegó la tarde.

Y a mí, María Guadalupe Ramos Ponce, a quien de cariño me dicen Lupita, ya me llegó la tarde y con mis sesenta años encima, me encuentro dispuesta a disfrutar los más bellos atardeceres de la vida.

*Coordinadora de CLADEM en México

Profesora Investigadora de la UdeG.

@dralupitaramosp

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