LOS CAPITALES/ Nestlé retira del mercado mexicano alimentos infantiles contaminados

EDGAR GONZÁLEZ MARTÍNEZ

Enorme preocupación en el sector médico-pediátrico de México ante le decisión de la prestigiosa marca Nestlé, que decidió retirar de México, y de otros 60 países, productos infantiles al detectar que algunas fórmulas de lactancia resultaron contaminadas con “cereulide – toxina asociada a la bacteria Bacillus cereus— cuya ingestión implica riesgos gastrointestinales para los bebés, la población más vulnerable.

Cuando Nestlé retira productos destinados a la primera infancia, el impacto trasciende lo sanitario y se traslada al terreno de la confianza corporativa. Para líderes de responsabilidad social, el episodio constituye un caso crítico de análisis sobre prevención, trazabilidad y gestión de crisis en sectores de alta sensibilidad. Según Expoc, la investigación interna identificó trazas de Cereulide en fórmulas infantiles, toxina que puede provocar náuseas, vómitos y complicaciones gastrointestinales. La detección activó el protocolo de retiro inmediato, priorizando la seguridad del consumidor.

Nestlé atribuyó el origen de la contaminación a materias primas específicas dentro de su red de abastecimiento. El señalamiento directo recayó sobre Cabio Biotech Wuhan, proveedor de aceite de ácido araquidónico (ARA), insumo habitual en nutrición infantil. Por supuesto, este elemento revela un punto crítico: la vulnerabilidad sistémica de las cadenas globalizadas. Incluso con estándares robustos, la dependencia de terceros amplifica riesgos biológicos, regulatorios y reputacionales.

El hecho de que competidores como Danone y Abbott también reportaran contaminación asociada al mismo proveedor confirma que la crisis no es aislada, sino estructural. Cuando Nestlé retira productos, el efecto dominó alcanza a toda la industria. En efecto, el retiro masivo obligó a la compañía a operar bajo esquemas extraordinarios. La firma solicitó autorización a autoridades suizas para implementar turnos nocturnos y jornadas festivas en su planta de Konolfingen.

El objetivo: compensar la caída de inventarios y evitar una escasez prolongada de fórmula infantil. La nutrición en etapas tempranas no admite interrupciones, lo que eleva la presión logística y ética. Mercados como Reino Unido ya reportan faltantes tanto para mayoristas como consumidores. La expectativa es que el desabasto se replique en otros países conforme avance el retiro.

El incidente de Nestlé no sólo ha creado tensión sanitaria: también es operativa. La resiliencia industrial —capacidad de producir más rápido sin comprometer calidad— se vuelve un activo estratégico. México figura entre las 60 naciones donde se detectaron lotes contaminados, aunque la compañía no ha detallado si sus 18 plantas locales adoptarán medidas extraordinarias de producción. Las autoridades regulatorias actuaron de forma preventiva. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios emitió una alerta sanitaria desde inicios de año tras identificar la bacteria en fórmulas.

Como medida cautelar, se retiraron voluntariamente cuatro lotes de NAN Alfamino y Alfamino en presentación de 400 gramos. La acción buscó evitar riesgos de intoxicación infantil.

No obstante, el daño perceptual es inevitable. Cuando Nestlé retira productos en categorías sensibles, la confianza del consumidor se erosiona incluso si los protocolos funcionan correctamente.

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