
TERESA GIL
Ante una fecha que tiene variantes, habría que retomar las grandes obras literarias para definir las diferencias que existen entre el amor, la amistad, la pasión, el orgullo, entre otros términos comunes en estos días, para llegar a una actitud que los concentra: la solidaridad. De los muchos libros que he leído que tienen la virtud de expresar abiertamente la superioridad de un sentimiento, me inclino por El Príncipe idiota (publicado en 1868. Porrúa 2014 y muchas editoriales), de Fiodor Dostoievski. Y lo vinculo a las muchas expresiones de solidaridad que han surgido en este momento caótico del mundo. Los millones de personas que han surgido desde tantos países y rincones para solidarizarse con Palestina, con Venezuela, con Cuba y con los que están siendo agredidos en el interior de Estados Unidos.
LA SOLIDARIDAD NO NECESITA CONOCER LOS ROSTROS; SOLO SE EXPRESA
Las muchas muestras que se están dando en este momento a Cuba, es una verdadera expresión de solidaridad. Ya se aprestan países y aquí, varios grupos en varios estados a reunirse para enviar recursos a los isleños. Caso que no se pudo hacer en Palestina aún con la presencia de naves solidarias, porque el asesino Netanyahu cerró todas las posibilidades. Incluso en este mismo momento cuando el famoso acuerdo de paz fue una mentira la situación en estos días, es igual. Lo valioso para dar solidaridad, es que la gente cuando quiere ayudar no piensa en rostros, simplemente piensa en que quiere apoyar y se expresa.
LOS MISERABLES PIENSAN QUE QUIEN EXPRESA SOLIDARIDAD, ES UN TONTO
La sociedad rusa de poco más de la mitad del siglo XIX (1860), expresaba en muchos rasgos lo que vemos ahora: supremacías personales, ambición, mentiras, cálculo, agresión a mujeres y una estructura que en esa época zarista, marcaba las diferencias sociales que definían la vida de las personas. El arribo a San Petersburgo del príncipe Myshkin, procedente de Suiza, de entrada informa al lector que este país tenía los avances de la curación de la locura, a la que se había sometido el príncipe recién llegado. Por lo pronto, ese país famoso ahora por ser concentrador de capitales extraños, tenía una función diferente, noble. Myshkin un extraño personaje, ingenuo y generoso, es tratado como un idiota en ese momento en que ambas virtudes no encajaban con buena parte del resto. Los inocentes eran tontos o idiotas para casi todos los personajes de la trama y algunos analistas han querido relacionar al príncipe como una especie de Cristo, un hombre bueno que solo quería mostrar su ayuda.
EL PRÍNCIPE MIYSHKIN SE PRONUNCIA POR LA SOLIDARIDAD, CONTRA SU AMOR. Dostoievski, un genio del alma humana, muestra en esta novela el fracaso de buena parte de una sociedad inserta en sus ambiciones, frente a otros personajes diferentes, como el propio príncipe y la joven de alta sociedad Aglaia Epanchina, que lo ama. En su entorno se topa con un hecho tan vigente en este momento, el abuso de las mujeres, la propia violación en su juventud -ejemplos que nos recuerdan la historia de Epstein y sus cómplices-, en la persona de Nastasia Filippovna, amargada de por vida por ese hecho. Es con ella con la que el joven aristócrata expresa su solidaridad, en un momento cumbre de la historia, cuando se pronuncia por Nastasia frente a Aglaia a la que realmente quiere. La respuesta de su decisión es la que dan las personas solidarias. Mostrar un sentimiento ante los agredidos, ante los que no tienen muchas esperanzas, y renunciar como lo hizo con Aglaia, de lo que ésta podía darle. Por eso en el título de este escrito se subraya el hecho de que la solidaridad está por encima de otro sentimiento, porque son los otros los que en su momento, necesitan más de nosotros.
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