LA COSTUMBRE DEL PODER/ ¿Transición, cambio de régimen o presidencialismo imperial? (I/V)

GREGORIO ORTEGA MOLINA

*Necesitamos valorar y comprender cómo es que los mexicanos han cedido su voluntad, dejándola sujeta a cadenas de supuesta libertad: los pobres, vencidos por las dádivas fiscales transformadas en plásticos del bienestar. Falta evaluar al daño que causan al carácter y a los deseos de superación

*Los que disponen de riqueza y privilegios económicos, los delincuentes que comparten el poder, pero no la responsabilidad; los supuestos representantes populares, las policías y las Fuerzas Armadas tienen una cadena invisible atada al cuello, idéntica a esos collares de castigo usados para controlar a los dogos fuertes y violentos: la impunidad garantizada desde la cúspide de la institución presidencial

*“Están centrando el debate en si Carlos Márquez Padilla García se suicidó o no. Insisto, para efectos de las pensiones de viudez ES IRRELEVANTE la causa de la muerte del trabajador. Esto opera en cualquier sistema de pensiones incluso en el del IMSS, ya sea con la vieja ley 73 o con la nueva ley 97”

¿Para qué y a quién sirven mujeres y hombres inermes ante la concupiscencia del poder? ¿A sus supuestos gobernados, o a los grupos que los encumbraron? Lo único cierto es que quienes lo tienen en sus manos nunca llegan preparados para confrontarse con la historia, la suya y la de la nación que dirigen, y hacerse con una parcela de verdad.

Las figuras emblemáticas que reiteradamente se aparecen en la búsqueda de luz, son Francisco I. Madero y Adolfo Suárez. ¿Cómo proceder después de tantos años de dictadura? ¿Supieron de antemano que harían historia? ¿Tenían el proyecto antes de hacerse con el poder? ¿Concibieron en la soledad el cambio de modelo político, la transición, si lo desearon?

Lo único comprobable es que al mexicano lo asesinaron para defender los intereses de Estados Unidos, y al español se le nubló el entendimiento, la razón, el espíritu, al percatarse del alcance y la profundidad de sus decisiones políticas. ¿O porque se dio cuenta de que las tergiversarían?

Los políticos mexicanos se empeñan en ratificar con hechos, lo aseverado por Mario Vargas Llosa: el modelo político mexicano es la dictadura perfecta, la presidencia imperial sin fisuras ni amenazas, sellada contra las veleidades humanas y los deseos de siquiera cambiarle una coma.

No hay respuestas a esa pregunta que todos, o la mayoría de los mexicanos nos hacemos: ¿por qué la anhelada transición del modelo político mexicano -las exequias a la presidencia imperial- se atoró en una insulsa, incolora alternancia que todo, sí todo, lo empeora?

Necesitamos valorar y comprender cómo es que los mexicanos han cedido su voluntad, dejándola sujeta a cadenas de supuesta libertad: los pobres, vencidos por las dádivas fiscales transformadas en plásticos del bienestar. Falta evaluar al daño que causan al carácter y a los deseos de superación.

Los que disponen de riqueza y privilegios económicos, los delincuentes que comparten el poder, pero no la responsabilidad; los supuestos representantes populares, las policías y las Fuerzas Armadas tienen una cadena invisible atada al cuello, idéntica a esos collares de castigo usados para controlar a los dogos fuertes y violentos: la impunidad garantizada desde la cúspide de la institución presidencial.

¿Será que es inmodificable, y los mexicanos somos incapaces de construir una transición? Mañana, el carácter del mexicano en la edificación de su patria, su nación, su destino.

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A Manuel Andrés López Obrador efectivamente no le quitaron ni una coma, pero María Amparo Casar se atrevió a ponerle Los puntos sobre las íes, y es entonces cuando el presidente de la República se muestra tal cual es: engaña, miente, roba, asesina con la palabra, difama y, además es cobarde y rencoroso: se escuda tras el poder para proceder a destilar su veneno.

Es normal dar por sentado que el jefe de las instituciones no miente, pero sí lo hace. A sabiendas de que él y Octavio Romero Oropeza se dispusieron a difamar ocultando la verdad, pues nada en el reglamento de Pemex prohíbe que sea beneficiaria la viuda de un funcionario que supuestamente se suicidó. Ni antes, ni hoy. ¿Se retractarán, ofrecerán una disculpa? No, continuarán con la infamia.

Gerardo Laveaga recupera un mensaje de Diana Bernal, por cierto, trascendente para este caso. Dice: “Están centrando el debate en si Carlos Márquez Padilla García se suicidó o no. Insisto, para efectos de las pensiones de viudez ES IRRELEVANTE la causa de la muerte del trabajador. Esto opera en cualquier sistema de pensiones incluso en el del IMSS, ya sea con la vieja ley 73 o con la nueva ley 97. Lo que importa es si procede la pensión, por las semanas cotizadas. En el caso de Pemex que tiene un sistema mega privilegiado de pensiones que este gobierno no ha tocado, yo al menos no encontré ni en el Reglamento interior vigente entonces, ni en las condiciones de trabajo (el trabajador fallecido era empleado de confianza) que la causa de la muerte del trabajador excluya la concesión de pensión por viudez que otorga Pemex”.

Ningún funcionario de la 4T se atreverá a desmentir a su jefe y redentor, Manuel Andrés López Obrador.

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