LA COSTUMBRE DEL PODER/ Salud, el engaño de la credencialización

GREGORIO ORTEGA MOLINA

*Jesusito Ramírez y doña Claudia no intuyen lo que puede ocurrir cuando los propietarios de las credenciales universales demanden servicios de los que no sean atendidos. Se darán cuenta de que los fallecidos por falta de atención o de medicinas gritan con tanta fuerza como los despojos salidos de las tumbas clandestinas y las sombras de los desaparecidos. Allá ellos, la tramoya de la credencialización no embrujará a los asistentes del teatro del poder, pueden decidir incendiar el local y reclamar las entradas

Jesús Ramírez Cuevas arde en deseos de conservar su ingreso, pero sobre todo su influencia en el entorno del auténtico poder, el que emana de Palenque y se manifiesta en Palacio Nacional. Sus tramoyistas afilaron el ingenio, aunque olvidaron el peso de las consecuencias.

Los corruptos políticos tradicionales siempre ofertaron -para conservar el poder- lo que al menos mínimamente aspiraron a satisfacer. Hoy las exigencias de la simulación del éxito -el 2027 llama a la puerta- obligaron a tomar riesgos innecesarios, a pesar de lo que ya sucede en el sector salud y no tiene arreglo inmediato; no sin desterrar la corrupción y con sobreabundancia de recursos fiscales que fueron destinados a los placebos del bienestar.

Hoy se equivocaron. La salud no puede ser abordada como proyecto político, es un tema estrictamente humano, porque la vida de los enfermos es la que queda en la balanza, como ocurrió con los niños pacientes de cáncer fallecidos por la falta de medicamentos, o los que murieron durante la algidez de la pandemia de Covid-19, porque se estableció una estrategia de poder para sustituir a las necesidades de la salud, o la presencia del sarampión, porque las vacunas cuestan y las campañas nacionales dedicadas a la prevención fueron consideras políticamente innecesarias.

¿Qué puede decirse de la falta de insumos quirúrgicos, del cierre de áreas completas en las clínicas de especialidades, de hospitales que se inundan, de la falta de personal médico, del agotamiento entre los empleados en los servicios de enfermería? Si suponen que miento dense una vuelta en las áreas de urgencias del Darío Fernández o de la clínica de especialidades Churubusco. Podrán percatarse del verdadero estado de los servicios constitucionales de salud, colocados detrás del velo de la inauguración de nuevos centros hospitalarios. Olvidaron que primero se compone lo que está, antes de pintar la fachada.

Jesusito Ramírez y doña Claudia no intuyen lo que puede ocurrir cuando los propietarios de las credenciales universales demanden servicios de los que no sean atendidos. Se darán cuenta de que los fallecidos por falta de atención o de medicinas gritan con tanta fuerza como los despojos salidos de las tumbas clandestinas y las sombras de los desaparecidos.

Allá ellos, la tramoya de la credencialización no embrujará a los asistentes del teatro del poder, pueden decidir incendiar el local y reclamar las entradas.

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@OrtegaGregorio

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