
GREGORIO ORTEGA MOLINA
*Si la sociedad se instala en la abulia, no busca a sus propios líderes -ajenos a las acedas élites partidistas- y los obliga o les exige o les reclama que se confronten con el poder para que recuperemos el proyecto de nación, estaremos algo más que jodidos. Claro, la opción son las becas y otras dádivas del bienestar, o las credenciales de la salud universal, muy distantes del servicio a Francisco Garduño, premiado porque supo obedecer las instrucciones dictadas en Palenque
Para buscar soluciones alternas y definitivas al desafío que representa la traición que PRI, PAN, PRD y ahora MORENA hicieron a la norma constitucional y la democracia, al proyecto de patria democrática por el cual se desveló el Constituyente del 17, necesitamos armarnos de valor y tomar la calle, como lo hizo Andrés Manuel López Obrador.
La democracia, la justicia, la salud, la educación dejaron de garantizarse desde las oficinas de gobierno, desde las curules y escaños, desde los despachos de los dueños del billete, desde el proyecto armado por los barones de la droga e impuesto a través de muchos de nuestros capitostes de la administración pública.
Algunos sostienen que estamos a un tris del totalitarismo, nada más falso. Estamos instalados, trascendimos el autoritarismo, no cedieron a la tentación de la dictadura militar, pero se vencieron a lo más pernicioso para el futuro inmediato, porque lo que tememos ya sucede en el presente.
Al narco gobierno le queda la definición que Jesús Reyes Heroles hizo de la secretaría de Gobernación: no se ve, pero se siente. Sólo por este hecho es necesario que la sociedad decida hacerse de la calle, como sucede en Minnesota e Irán, o como ocurrió en Ucrania, porque de otra manera la supuesta seducción política de la irreverente regeneración nacional, de llevar por delante a los pobres, permanecerá en el troquel ideológico de Marx Arriaga y en la propaganda -inteligente, hay que reconocerlo- diseñada por Jesús Ramírez Cuevas, pues entre él y su ex jefe administran el cerebro de la actual titular del Ejecutivo.
La reforma electoral -no electorera- está en la calle, muy lejos de las propuestas del carcamán Pablo Gómez y las correcciones vacías de la doctora Sheinbaum Pardo, pues como advierte mi nieto menor: este país pierde con los López. De López de Santa Anna, a López Portillo y, finalmente, López Obrador.
Si la sociedad se instala en la abulia, no busca a sus propios líderes -ajenos a las acedas élites partidistas- y los obliga o les exige o les reclama que se confronten con el poder para que recuperemos el proyecto de nación, estaremos algo más que jodidos.
Claro, la opción son las becas y otras dádivas del bienestar, o las credenciales de la salud universal, muy distantes del servicio a Francisco Garduño, premiado porque supo obedecer las instrucciones dictadas en Palenque.
@OrtegaGregorio
Si te INQUIETA, compártelo con todos
Entresemana Información entresemana que forma opinión