LA COSTUMBRE DEL PODER/ Niños desaparecidos, ¿quiénes disponen de ellos?

*Las cifras tienen distinto origen y son dispares. Unas indican 13 niños cada 24 horas; en la Red por los Derechos de la Infancia en México, hablan de 14. ¿Cuántos huyen de sus hogares, por tóxicos y porque la calle les resulta menos insegura que su recámara? ¿Habrá niños traficados, vendidos para que sus órganos sean útiles a personas con dinero; son carne de trasplante?

GREGORIO ORTEGA MOLINA. “13 niños al día desaparecen en México”, es la cifra de Susana Sosenski, doctora en Historia por El Colegio de México; en la Red por los Derechos de la Infancia en México, hablan de 14. De ser verificables los números anteriores, se justifican nuestros temores acerca de la abdicación del Estado y su gobierno. Los administradores públicos, representantes populares, Poder Judicial y el siempre presente Ejecutivo, conculcan su mandato constitucional y abandonan la plaza, sin salir de Palacio Nacional, donde todo les es servido de a gratis.

Su reflexión ha de ser sencilla: me tardé en llegar, más me dilataré en salir de aquí… sí a las mieles del poder, no a la hiel que han de beber a cada paso, si es que desean conservarlo, a pesar de ser, ya, un gobierno cruento, del que escurren sangre y despojos, como se atestigua por las fotografías de los sucesos en los que los barones del dinero se adueñan del territorio nacional; como se constata a través de las estadísticas de los niños y mayores fallecidos, debido a la destrucción que hicieron del sistema de salud. Las fosas clandestinas gritan, a voz en cuello, los nombres de los que realmente mandan.

13 o 14 niños cotidianamente. ¡Vaya cifra!, rodeada de misterio, temores, superstición. Hay edificios que no ponen piso 13… si cae en viernes, te advierten que no te cases, ni te embarques. Hay una serie de películas de terror que alimenta los miedos de los adolescentes sobre lo que puede continuar sucediendo los viernes 13. ¿Qué hace la autoridad para evitarlo?

Lo cierto es que, si caminas por ciertas zonas de esta ciudad de los palacios, puedes constatar que el número de “escuincles desharrapados” crece día a día, custodiados por adultos con los que sonríen y a los que les entregan, con confianza, su seguridad y, también, sus miedos. ¿Dónde, entonces, terminan los que nunca más vuelven a encontrarse con sus padres, sus familias?

¿13 o 14 niños al día? ¿Cuántos huyen de sus hogares, por tóxicos y porque la calle les resulta menos insegura que su recámara? ¿Habrá niños traficados, vendidos para que sus órganos sean útiles a personas con dinero; son carne de trasplante?

Pienso en lo que pudo haber sucedido y lo que puede estar ocurriendo en este momento con esos menores desaparecidos cada día, y me embarga un vértigo que no me suelta durante días. Perdemos lo mejor de México, nuestros niños.

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