LA COSTUMBRE DEL PODER

Aquí sólo vemos lo de casa y nos negamos a considerar esa globalidad que no muere

*“La verdad no cuenta, porque se trata de que decida sobre ella, de que la establezca alguien que nunca sabe cuál es: me refiero a un juez”, dice el personaje de Javier Marías. Ya sabemos quién es juez y parte en esta 4T

GREGORIO ORTEGA MOLINA. Los humanos somos egoístas por naturaleza. Como buenos animales depredadores, lo que no afecta nuestro hábitat deja de interesarnos de inmediato. El asesinato y la “falla humana masiva” del caso Debanhi está a más de mil kilómetros de mi colonia…, Ucrania, no se diga, y la amenaza de Marine Le Pen fue sobe Europa, muy lejos de América.

Esas debilidades del carácter humano son hábilmente explotadas por los gobernantes. Ellos, como perversos depredadores, son los primeros en debilitar a sus presas, sus gobernados, sus mascotas. Se comprende bien con la lectura de Tomás Nevison, novela en la que Javier Marías incursiona en la inoculación del odio y la ciega obediencia. 

De ninguna manera me asombra el mensaje enviado por un inteligente lector. Lo comparto: “Me pierdo en esta sociedad centrada en crítica de detalles y defensa de posiciones opuestas. Centrada en lo que pasa hic et nunc, atenta a la ola que le moja los pies, sin ver la tempestad en los océanos que cubren el mundo.

“Que lee los datos locales y los critica, sin preocuparse de compararlos con la realidad del globo.

“Vemos la información del día y la evaluamos a nuestra inmediata conveniencia, sin preocuparnos de su consistencia con un plan que nos lleve a una meta (ni considerar si un plan existe o no, oculto o evidente, ahora o antes; y cuál vale más).

“Vemos lo que pasa hoy, sin interés ni comparación con datos históricos mejores o peores.

Me disgusta la sociedad en que vivimos. Y la manera en que se expresa. Odio y vulgaridad como materia prima”.

Imposible no estar de acuerdo, pero debemos subrayar que esa aprehensión totalizadora y casi completa de la realidad, únicamente llega con la edad y la cultura asimilada durante años; con la paciencia, la superación personal, la adhesión a una religión, una fe, una creencia que nos permita superar la pequeñez humana. Ciertamente no con el señuelo del “detente” ni con unos cuantos pesos para engañar la indefensión en que están postrados los que ansiosos esperan que sus tarjetas de débito del bienestar tengan un saldo favorable.

“La verdad no cuenta, porque se trata de que decida sobre ella, de que la establezca alguien que nunca sabe cuál es: me refiero a un juez”, dice el personaje de Javier Marías. Ya sabemos quién es juez y parte en esta 4T.

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