JUEGO DE PALABRAS/ La dictadura blanda en el México contemporáneo

YANETH TAMAYO ÁVALOS

SemMéxico, QUERÉTARO, Querétaro. Desde el año 2018, el escenario político mexicano ha estado marcado por una polarización creciente que ha trascendido el ámbito electoral para convertirse en un fenómeno social estructural. La consolidación de un partido hegemónico ha profundizado divisiones sociales preexistentes y ha favorecido la construcción de una narrativa política basada en la confrontación identitaria. En este contexto, la ciudadanía ha sido simbólicamente fragmentada entre quienes se reconocen como parte legítima del “pueblo” y quienes son relegados a la categoría de oposición, con una carga peyorativa implícita.

Este ensayo sostiene que dichas dinámicas no solo erosionan el tejido social, sino que constituyen indicadores de un proceso más amplio de deterioro democrático. En particular, se argumenta que México transita hacia una dictadura blanda, entendida como una forma contemporánea de autoritarismo que conserva las estructuras formales de la democracia mientras vacía de contenido sus principios fundamentales, como el pluralismo, la deliberación pública y los contrapesos al poder.

Polarización y construcción de identidades políticas

La polarización política promovida desde el discurso oficial ha dado lugar a una categorización social excluyente. La pertenencia simbólica al “pueblo” se ha convertido en un criterio de legitimidad política, mientras que la crítica y el disenso son sistemáticamente descalificados. Esta lógica ha propiciado una confrontación entre identidades colectivas antagónicas: por un lado, quienes adoptan la narrativa gubernamental de redención social y validan sin reservas la acción del poder; por otro, quienes, desde el pensamiento crítico, analizan y cuestionan las decisiones políticas y su impacto real.

Esta división ha permeado profundamente en las creencias y actitudes de la sociedad mexicana, afectando la capacidad de amplios sectores para comprender la complejidad de la realidad política. Cuando el debate público se reduce a lealtades emocionales y la crítica es interpretada como enemistad, se debilitan las condiciones necesarias para el funcionamiento de un sistema democrático sustantivo.

La dictadura blanda y el autoritarismo contemporáneo

A diferencia de las dictaduras clásicas del siglo XX, los regímenes autoritarios contemporáneos rara vez recurren a la violencia abierta o a la suspensión explícita del orden constitucional. En su lugar, han desarrollado mecanismos más sofisticados para concentrar el poder sin renunciar a la apariencia democrática. La dictadura blanda se caracteriza precisamente por esta capacidad de operar dentro de marcos institucionales formales, mientras los vacía de efectividad real.

Este tipo de régimen no necesita represión masiva para mantenerse, sino el control estratégico de las élites que dominan la burocracia, los medios de comunicación públicos, el sistema judicial y otros espacios clave del Estado. El control del relato se convierte en una herramienta central: se coloniza el lenguaje político, se redefinen conceptos fundamentales y se modifican las reglas del juego institucional de manera gradual. La censura adopta formas indirectas, como la estigmatización social, la regulación discursiva y la presión simbólica, mientras que la propaganda se presenta bajo el amparo de causas moralmente incuestionables.

En este contexto, los liderazgos políticos se construyen como figuras de salvación moral. Prometen libertad, pero limitan el pensamiento crítico; invocan inclusión, pero excluyen al discrepante; apelan al diálogo, pero neutralizan la pluralidad. La crítica es reinterpretada como ataque, y el pluralismo como una amenaza al orden social.

México y la recurrencia del autoritarismo encubierto

La historia política mexicana ha estado marcada por una constante ambigüedad entre prácticas democráticas y dinámicas autoritarias. Durante gran parte del siglo XX, el país operó bajo un sistema de partido hegemónico que concentraba el poder y limitaba la competencia política real. En este contexto, Mario Vargas Llosa definió al régimen mexicano como una “dictadura perfecta”, aludiendo a su capacidad para presentarse como democrático mientras reproducía prácticas autoritarias normalizadas.

La alternancia política del año 2000 abrió un periodo de democratización imperfecta, pero caracterizada por la existencia de contrapesos institucionales y límites al poder. Sin embargo, más de tres décadas después, muchas de las lógicas del antiguo régimen han reaparecido bajo un discurso renovado. La narrativa del partido hegemónico actual ha logrado justificar prácticas autoritarias en nombre del bienestar social, generando una profunda división entre quienes identifican este proceso como una regresión democrática y quienes lo niegan apelando al interés del “pueblo”.

La tolerancia social hacia el debilitamiento institucional, la instrumentalización de programas sociales con fines políticos y la deslegitimación sistemática de organismos autónomos evidencian un proceso de vaciamiento democrático que se desarrolla de manera gradual, pero constante.

Conclusión

La democracia mexicana atraviesa un momento crítico. Aunque persisten los procedimientos electorales y el lenguaje participativo, el contenido sustantivo de la democracia se ha visto erosionado. Las opciones políticas reales se reducen, el debate público se empobrece y la disidencia es estigmatizada. El pasado se reinterpreta de forma selectiva y el futuro se instrumentaliza para legitimar el presente.

México se encuentra, así, en el umbral de una dictadura blanda: un régimen que no se impone mediante la fuerza visible, sino a través de consensos inducidos, control simbólico y prácticas institucionales opacas. Reconocer esta forma de autoritarismo encubierto resulta indispensable para recuperar el sentido profundo de la democracia y evitar que su defensa se limite a una retórica vacía desprovista de libertad, justicia y racionalidad política.

https://eventos.ucol.mx/content/micrositios/265/file/Mexico%20cultura%20y%20dictadura_Heriberto%20Ye%CC%81pez.pdf

https://journals.openedition.org/alhim/8256

https://www.ifes.org/pub/Paths-to-Democratic-Resilience-in-an-Era-of-Backsliding/Understanding-Todays-Authoritarian-Challenge#:~:text=Unlike%20in%20eras%20past%2C%20contemporary,further%20weaken%20calls%20for%20democracy

 

“México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética, no es la Cuba de Fidel Castro: es México, porque es una dictadura de tal modo camuflada que llega a parecer que no lo es, pero que de hecho tiene, si uno escarba, todas las características de una dictadura” (Mario Vargas Llosa, 1990). *

“Creo que me equivoqué porque la dictadura no era tan perfecta, la prueba es que la dictadura al final se transformó en democracia, una democracia todavía imperfecta, desde luego, como lo son todas las democracias latinoamericanas”. Mario Vargas Llosa

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