
“En la guerra, no hay ganadores”. Ramman Kenoun
JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ BLANCO
¿Es legítima la intromisión de Estados Unidos en México para abatir cárteles?, el asunto es muy complejo, involucra sensibilidades nacionalistas, soberanía, seguridad nacional, poder, ambiciones, dinero, corrupción entre otros muchos factores.
En la cultura penal, la legítima defensa, es una violencia en sentido contrario, usada para repeler un riesgo real, esa idea ¿Alcanza para transpolar el asunto a la órbita internacional?
Reflexionemos las causas.
En Estados Unidos, ha muerto medio millón de jóvenes por consumo de fentanilo mexicano, por ello, se ostentan violentados.
Desde hace 7 años y por todas las vías, han pedido a México, que resuelva el tráfico de esa droga.
En México nuestro gobierno negó que hubiera laboratorios de Fentanilo, dejó de combatirlos, nuestros políticos se asociaron con esos cárteles, pusieron al ejército a su servicio a cambio del pago de campañas electorales y regalías; ahora co gobiernan en varias zonas del país, principalmente las rutas de la droga, costas, fronteras, aduanas, aeropuertos, garitas, puertos, cuentan con una línea aérea y apoyo militar.
Las ocasiones que Estados Unidos informó el lugar donde estaban los líderes de cárteles, esos políticos, les previnieron sobre operativos de captura que acabaron frustrados.
¿Qué opciones, tiene Estados Unidos para impedir la muerte de sus jóvenes por esa droga?
Ya, pidió apoyo gubernamental, ya aportó información, ya impuso aranceles que sólo perjudican a empresarios; mientras no perjudique a políticos, a estos no les importa.
Sellar su frontera, no es opción porque el flujo cotidiano de comercio y personas es enorme.
¿Aguantarse y seguir creyendo en políticos mexicanos?, ya lo hicieron durante 7 años en los que ellos pusieron los muertos y dólares, mientras México la simulación.
Para que dimensionemos la gravedad del asunto y el hartazgo, pongámonos en los zapatos de las madres de esos jóvenes norteamericanos, pensemos que son nuestros hijos los que con un solo contacto con esa droga quedaron atrapados.
Los políticos mexicanos, subestimaron la capacidad de reacción de los Estados Unidos ante la matanza de sus jóvenes.
Claro que no nos gustará esa intromisión norteamericana, pero no debemos invisibilizar la brutal realidad.
Los mexicanos, hemos tolerado todo tipo de arbitrariedades perpetradas por nuestro propio gobierno o sus cárteles asociados, homicidios, violencia, centros de exterminio, deuda pública exponencial, falta de medicinas y mala atención médica, corrupción exacerbada, invasión de predios impunes, extorsión, secuestro de instituciones, políticos nefastos; ¿Cómo porqué nos enervarían incursiones militares norteamericanas?
Probablemente reaccionemos, y eso, ¿Quién sabe?, cuando Trump exija la península de Baja California como pago indemnizatorio, por el servicio de abatir cárteles mexicanos, incluyendo el que gobierna que, paradójicamente, está más ocupado maquinando una reforma electoral para perpetuarse en el poder que en resolver la violencia del país y la amenaza de una incursión norteamericana.
Hay muchas señales de que los Estados Unidos, intentará resolver el asunto sin ayuda de México y que dará uno o tantos manotazos como necesite para corregir el problema y aprovecharse para obtener otros privilegios, como tierra o litorales o petróleo.
Lo hará vía militar y jurídica con peticiones de cabezas morenistas por procesos penales en sus cortes penales, reteniendo o grabando remesas.
Claro que la intromisión de un gobierno en otro pueblo, es indebida, empero, es muy difícil dejar de reconocer su enojo justificado y desesperación contra nuestros gobiernos frente a la fúnebre realidad.
Al final y en términos reales, su legitimidad para intervenir es irrelevante; pueden inventarla con tantos pretextos como quieran; el derecho internacional aplica en beneficio del más fuerte.
Todo ataque o pérdida de territorio o de soberanía o de captura de políticos criminales, al final, se superará con una buena campaña de marketing ante un público adormecido.
Las cosas pasarán y los políticos morenistas que sobrevivan a la crisis, aprovecharán la intromisión para exaltar el nacionalismo patriotero en torno a su bandería política de cara a las elecciones de medio sexenio.
Patéticamente, en Estados Unidos también, Trump está haciendo sus cálculos de llegar a su proceso electoral con resultados tangibles.
En esta disputa, no hay buenos y malos, todos son nefastos.
En pocos años ya no estarán Trump, Claudia, el Peje, Morena ni los corruptos farsantes que la sostienen, si acaso algunos cárteles que capitalicen el caos; todo esto, será parte de una vergonzosa historia de abusos y corrupción gubernamental, propios de un periodo de profunda mediocridad política de nuestro México.
José Carlos González Blanco.
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