HOMO POLÍTICUS/ El Frankenstein de la Reforma Electoral

“Lo que mal empieza, mal acaba”. Sabiduría popular

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ BLANCO

Pocas legislaciones son tan difíciles de leer, consensuar y consolidar como la electoral.

Siempre ha sido producto de la desconfianza entre todos los actores políticos; en nuestra historia, hay muchos episodios que justifican esa circunstancia.

Es necesario que el modelo electoral sea producto de amplios concesos entre las fuerzas políticas y grupos de poder; sólo así puede aspirarse a la estabilidad deseable; los arrebatos y abusos de unos en detrimento de otros, producen siempre crisis de gobernabilidad, agravios, descontentos y revanchas indeseables.

El gobierno morenista, luego de arribar al poder con la ley vigente lo razonable es que la hiciera prevalecer.

Claro que no será así, decidió cambiarla aduciendo falacias, entre otras, interpretar designios del pueblo que representan.

En este tema, no caben ingenuidades, a todas luces se trata de mañosadas incompatibles con la democracia orientadas por intereses de grupo, imposible que sea un proyecto ético en manos de Pablo Gómez y Arturo Zaldivar.

El verdadero objetivo es rediseñar el sistema de representación política y de nuestro modelo de Estado para adueñarse del sistema y perpetuarse en el poder.

La dinámica replica la fórmula desde 2018, convocar a consultas ciudadanas que luego de desarrollarse, simula tomar en cuenta, pero las ignora, sólo las utiliza como sensores para medir la intensidad de las reacciones adversas.

Se trata de un proceso engendrado a puerta cerrada, que contradice nuestra historia y pretende ocultar las auténticas ambiciones de sus promotores.

El gobierno ya anticipó algunos ejes rectores de su iniciativa; son los siguientes:

Extinción de la representación proporcional.

Disminución de legisladores.

Disminución del gasto público en elecciones y partidos.

Disminución de atribuciones del INE.

Todos, son malas noticias, ninguno tiene como propósito mejorar las reglas de la contienda, que a partir del abusivo intervencionismo de estado y financiamiento de cárteles dejó de ser democrática.

El rediseño de las formas públicas les cobrará costos impagables, la extinción de voces de minorías en los congresos engendrará expresiones explosivas por no tener plataformas institucionales de hacerse escuchar y posicionar sus intereses.

El tránsito de darle forma al Frankeinstein legislativo que está pariendo Pablo Gómez, como cada golpe legislativo del morenato, quedará, reducido a una penosa simulación, ante su predecible repudio.

La fórmula que han usado para evadir esas exhibiciones incluyen el madruguete en su lanzamiento ante las cámaras donde ejercerán su mayoría obtenida con delitos para conseguir su aprobación y aplastar.

Por lo pronto, en el fodonguero de su proceso, se filtró el precio que Morena tendrá que pagar a sus aliados PVEM y PT para apoyar su iniciativa; consistió en ceder la postulación de candidatos a gobernador de esos partidos en 5 estados para el Verde y 3 para el PT.

¡Que ingenuidad!, como si Morena fuera a cumplirles cuando ya no signifiquen nada por no tener dedos que alzar en las cámaras y como si esas postulaciones puedan compensar que serán borrados del mapa político cuando dejen de existir las posiciones plurinominales.

Cercenar la representación proporcional de minorías les privará de voz y viola la prohibición de progresividad establecida en la Constitución Federal.

Retirar el financiamiento público deja a los partidos, candidatos y pueblo, como ahora, a manos de cárteles y de políticos mañosos que disponen de dinero ilícito para decidir candidaturas, fondear campañas y ganar elecciones, Usted ya conoce y padece sus patéticas consecuencias.

Las campañas cuestan muchísimo dinero y obtener votos también.

La reducción de atribuciones al INE es muy grave, ese organismo era autónomo, ciudadano y ajeno a partidos, ahora obedece a intereses del poder dominante; su desmantelamiento es una lástima.

Las atribuciones que no ejercerá INE ahora económica y funcionalmente asfixiado por las reducciones presupuestales y la fuga de talentos, tendrá que hacerlas alguien; pasarán en automático al gobierno, que desde luego es morenista, ya se imaginará el desaseo.

Como se hace evidente, la reforma, es una maquinación del grupo en el poder para capturar las elecciones aprovechando que capturó a las autoridades electorales.

En todo este desaseo hay una necia obsesión por contradecir nuestra historia; lo que mal empieza, mal acaba, estamos ante la puntilla del desmantelamiento de nuestra incipiente democracia.

México padece una regresión a modelos que había superado, es como si no reconociera su propia historia y los costos de la antidemocracia.

Todos los abusos electorales diseñados para perpetuarse en el poder, han evolucionado en muy lamentables episodios de corrupción, colapsos económicos y sociales que suelen terminar en eventos de sangre y comprometer el futuro de generaciones.

Muy pronto, conoceremos el atrevimiento del régimen que decidió perpetuarse tal y como aconteció en otras épocas.

José Carlos González Blanco

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