EL OTRO DATO/ Más que INE “México no se toca”

JUAN CHÁVEZ. Hay de marchas a marchas. La del domingo 13 fue ciudadana, convocada por ciudadanos. La que López Obrador ha anunciado para el domingo 27, es vengativa, producto de sus berrinches.

El aparato de Morena se moverá a más no poder para concentrar en la marcha de la venganza a morenistas acarreados de los estados. No importará el costo. Hay que traerlos, pagar los autobuses, las tortas, los refrescos, todo lo que haya que gastar para complacer al presidente berrinchudo que regresa a tomar las calles para reponer la imagen que le desgastó los 500 mil mexicanos que inundaron Paseo de la Reforma y calles aledañas hasta el monumento a la Revolución.

Más enojo le da por el apoyo al INE… desde Washington.

Le sulfura que las muestras de apoyo al INE rebasan las fronteras. Y no sólo por las manifestaciones del domingo pasado en el extranjero. Al ser cuestionado sobre el tema, el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos, Vedant Patel, afirmó que “las instituciones independientes, libres de influencia política, son una piedra angular de la democracia”.

López Obrador lo definirá como “imperialista, colonialista y neoliberal” desde Palacio Nacional.

Pero hay que decirlo, explotar al grito de “Mexicanos al grito de guerra…

Ya basta de control y de ser controlados por el autoritarismo absurdo de un solo sujeto que, por estar en la cúpula del poder, se siente endiosado.

Con sus estampitas presumidas y la descalificación a la marcha ciudadana, responde como un dios.

Está empeñado en dividir a México. Los suyos, los que son “gente buena” y los de acá, los que hemos soportado sus malditas ocurrencias, la destrucción de México, y que ¡por fin!, nos decidimos a tomar las calles para demostrarle nuestra reprobación a la forma en que está gobernando y defender la existencia del Instituto Nacional Electoral, sin necesidad de “tocarlo”.

Defendemos al INE y al hacerlo, estamos defendiendo a México. Le gritamos al Presidente que si bien el “INE no se toca”, también le gritamos que “México no se toca”. Que basta ya con el daño que le ha hecho. Qué no toleraremos más destrucción de nuestro amado país…

El berrinche que está haciendo por la marcha del domingo es inadmisible e incomprensible. Su bravata para responderla con otra marcha es infantil, inútil, ineficaz, estúpida…

López Obrador no está gobernando; está peleando. El presidente está distraído y desenfocado de las cosas importantes y trascendentes. México no es un carnaval. México es un país emproblemado. Cada día se siguen asesinando y desapareciendo a ciudadanos. La economía sigue sufriendo y se está agotando el dinero. La inflación no se detiene. Los subsidios a las gasolinas y los alimentos ya no son suficientes. El poder de compra está disminuyendo. Hay conflictos políticos en todos lados, de él contra la oposición, dentro de su partido entre figuras representativas y nada parece importarle.

Este país necesita sosegarse y caminar hacia la reconciliación, pero quien tendría la obligación ética y política de llevarla a cabo, es su principal enemigo. Ya no se le puede pedir a López Obrador prudencia, moderación y altas miras. Es todo lo contrario. Pero su comportamiento visceral, revanchista y atrabiliario debe ser bien visto y analizado por quienes, en posiciones de poder para servir de contrapeso, ayuden al presidente a atemperarse y a que no siga encendiendo al país, con sus berrinches interminables.

El evento del domingo, que demostró claramente una preocupación por todo lo que hoy puede percibirse como empoderamiento de la figura presidencial en nuestro país, tiene dos grandes retos: El primero es desligarse de los partidos políticos y los liderazgos públicos que nuestro presidente ha posicionado como enemigos de México, y el segundo es convocar a una nueva visión que vaya más allá de atacar al presidente. Dejarlo solo con su curia muy a la romana que obstruye al catolicismo.

Nuestro país ha sido abandonado por la política y sus prácticas que luchan por mantenerse o incrementar su poder. Esto no permite que un gobernante en funciones diseñe una visión a largo plazo; siempre requerirá de “sus obras” para fortalecer su identidad  y por lo tanto se empeñará en construir lo que más llame la atención y no lo que nuestro país necesita para crecer. No existe un plan para México.

La movilización lograda este domingo tiene la oportunidad de convertirse en una nueva forma de organización ciudadana. Sin importar desde donde se haya construido la convocatoria, claramente posee una fuerza ciudadana representativa que fue por su propio pie. Ciudades que antes se verían como apáticas a marchar en grande como Monterrey lograron una participación histórica. Esta es la mayor ventaja que tiene la oposición y los que se encuentran en el poder lo saben, es por ello que tratan de minimizar el esfuerzo de la ciudadanía y con ello se enfocaran a toda costa en tomar más fuerza para su plan 2024.

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