DE PRIMERA MANO/ Tabasco: ¿Frente común contra la pandemia criminal?

RODULFO REYES

VILLAHERMOSA, Tabasco. La violencia que hoy sacude a Tabasco no es un fenómeno repentino, sino una crisis que viene de atrás, una herencia pesada que comenzó a gestarse cuando el gobierno empezó a mostrar signos evidentes de penetración criminal y desde el poder se prefirió minimizar el problema, administrar estadísticas y vender tranquilidad. Ese es el origen.

Vaya, la jornada delictiva del miércoles y su continuidad de este jueves no son episodios aislados. Son la expresión de un problema incubado durante años, cuando desde Plaza de Armas se miraba hacia otro lado mientras el crimen ganaba territorio.

Hoy ese escenario estalla en manos del gobierno de Javier May Rodríguez, quien no diseñó este paisaje. Se lo dejaron.

Mary recibió un estado con focos rojos encendidos, corporaciones debilitadas y regiones ya contaminadas por estructuras criminales. Una entidad donde durante demasiado tiempo se creyó que bastaba con discursos optimistas para contener una realidad que ya avanzaba por debajo de la mesa.

Eso no exonera al actual gobierno, pero sí coloca el debate donde debe estar: esta gestión enfrenta una crisis que no provocó, pero que hoy tiene la obligación de desmontar.

Y no es menor, ya que si algo distingue a la actual administración es que, por primera vez en años, reconoció sin maquillaje la gravedad del problema e intenta reconstruir desde los escombros con depuración policial, coordinación federal, presencia territorial y reordenamiento institucional.

Es, en los hechos, una tarea de reconstrucción, no de simple mantenimiento. La violencia, sin embargo, no logra detenerse.

Si el miércoles dejó ejecuciones y enfrentamientos, este jueves confirmó algo todavía más preocupante: en Tabasco la criminalidad ya no es un episodio excepcional, sino un fenómeno en expansión.

Y cuando la violencia se vuelve rutina, la sociedad empieza a anestesiarse. Y eso es lo que busca la delincuencia: normalizar el horror.

Pero hay otro riesgo igual de grave. Y este es que algunos actores del pasado, los mismos que incubaron el problema, hoy pretendan capitalizar políticamente cada muerte, cada ejecución, cada jornada sangrienta, como si no tuvieran responsabilidad alguna en el deterioro que hoy se padece.

El dolor ajeno convertido en consigna. La tragedia usada como munición. Eso no ayuda. Eso lastima más.

Frente a este escenario, Tabasco no puede seguir reaccionando de manera fragmentada. Ni el gobierno puede solo, ni la ciudadanía puede refugiarse en el silencio.

La delincuencia no se combate únicamente con operativos. Se enfrenta con unidad social, coordinación institucional y decisión política sostenida.

Hoy Tabasco necesita un frente común donde estén el gobierno, los empresarios, las iglesias, las universidades, los medios y, sobre todo, la ciudadanía.

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