DE PRIMERA MANO/ La caída de Adán y el expediente Tabasco que aún no explota

RODULFO RETES

VILLAHERMOSA, Tabasco. La salida de Adán Augusto López Hernández de la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Senado no puede leerse aislada del ruido que viene de Tabasco. El reacomodo, por llamarlo de algún modo, ocurre mientras el caso de La Barredora vuelve a colocar bajo los reflectores a Hernán Bermúdez Requena, uno de los hombres más cercanos al exgobernador y pieza clave en el aparato de seguridad de su administración.

Pasar de controlar la Jucopo —con todo lo que eso implica (presupuesto, negociación nacional e influencia política)— a convertirse en operador territorial de Morena en la cuarta circunscripción (Ciudad de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Guerrero), ¡ni siquiera en todo el país!, es mucho más que un simple cambio de responsabilidades.

Sin más, debe dársele el énfasis de tremenda disminución de poder institucional, justo cuando los expedientes criminales empiezan a convertirse en una carga para el tabasqueño a quien el ex presidente Andrés Manuel López Obrador llamaba “mi hermano”.

Aunque Adán López insiste en que fue una decisión propia y no una instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el contexto sugiere que el entorno del senador se había vuelto demasiado tóxico, y que desde el régimen se optó por tomar distancia de él.

Para Hernán Bermúdez es algo más que un simple enroque: se trata de un movimiento que literalmente lo entierra en vida, pues Adán y su influencia le daban la esperanza de salir libre en unos años o, en caso contrario, refundirse en la cárcel.

El llamado Comandante H, ya sin el dique de contención que representaba la Jucopo y con un Adán sin el mismo peso político, ve reducido prácticamente a cero su margen de protección y como cabeza visible de La Barredora ya no cuenta con el mismo nivel de soporte desde el Senado.

En ese escenario, a Bermúdez solo le quedaría intentar convertirse en testigo colaborador de la Fiscalía General de la República (FGR) para negociar beneficios procesales y, sobre todo, tratar de evitar una eventual extradición a Estados Unidos, pero sin el paraguas político de López Hernández este camino también luce empedrado.

La acusación pública contra Bermúdez no fue cualquier cosa: la hizo el 13 de noviembre de 2024 el propio gobernador tabasqueño Javier May Rodríguez, también militante de Morena y parte —como Adán y el propio Bermúdez— del mismo grupo político formado bajo el liderazgo de López Obrador.

El cambio del Senado a Morena no solo achica el poder del tabasqueño, sino que también adelgaza la red de respaldo de su círculo más cercano, en el que necesariamente debe incluirse al ex policía que tanto la FGR como su homóloga de Tabasco vinculan con el crimen organizado, en su modalidad de narcotráfico y huachicoleo.

La especie de que el ex secretario de Seguridad Pública de la tierra de López Obrador podría ser extraditado a Estados Unidos, más allá de que su situación jurídica no lo ponga en la antesala de un juicio en el vecino país, ya ha estado circulando en redes sociales.

Ayer, al referirse a la salida del tabasqueño del Senado, el articulista Oscar Cedillo, de Milenio, afirma: “Aunque públicamente Adán Augusto López promete hacer trabajo de territorio, dentro de Morena el mensaje es otro: lo quieren lejos de las elecciones. El único punto que sí logró asegurar en la negociación fue que Bermúdez Requena no figure entre las extradiciones a Estados Unidos. Todo lo demás quedó algo más que claro: la era de las concesiones terminó”.

Este reportero puede adelantarle la defensa del exfuncionario sí está analizando en la posibilidad de que aquel pueda acogerse al criterio de colaboración con las autoridades federales.

De concretarse, el colaborador del senador López no sería el primero de los actores de La Barredora en caer en esa situación jurídica: sus dos brazos operativos en la organización criminal vinculada al CJNG, Tomás “N” y Ulises “N”, ya son colaboradores –o sea soplones– de las autoridades federales.

Aquellos han dado información valiosa para que la gente del secretario de Seguridad federal, Omar García Harduch, ya tenga el mapa completo de la primera organización delictiva que, según las propias autoridades, fue fundada y alimentada con infraestructura y personal de la propia Secretaría de Seguridad de una entidad federativa.

Por eso, no es descabellado asegurar que La Barredora es un escándalo que aún le puede estallar al ahora operador electoral de Morena en cuatro estados del país.

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