Cuestión de Estado

IRMA PILAR ORTIZ

Todo indica que, para el oficialismo, la elección del 2027 es una cuestión de Estado.

De qué otra forma se podría entender el esmero que ponen en esos comicios que en los hechos será un referéndum al desempeño de Claudia Sheinbaum como titular del Ejecutivo federal.

Por eso, día tras día, cuando sale al territorio, ni se ruboriza cada vez que usa la palestra que le da la Presidencia de la República para convocar a los beneficiarios de los programas sociales a defender a su movimiento, o sea a Morena.

Así lo vimos, el 16 de enero en Ecatepec, donde directamente pidió que defiendan a la 4T; que apoyen con su voto a los candidatos de Morena para evitar el regreso al poder de personas afines a partidos que gobernaron en el pasado.

Ya antes lo habíamos visto octubre del año pasado, en Veracruz e Hidalgo, cuando repartía ayuda oficial a los damnificados por las intensas lluvias diciéndoles, sin la menor consideración ante la terrible situación que estaban viviendo, que se fijaran bien por quién votar en las próximas elecciones.

¿Será que los de Morena no entienden que es delito electoral usar todo el poder que hoy ostentan para llamar a votar por su partido? No lo creo.

Se sienten impunes y creen que nadie se da cuenta de sus excesos y abusos. Porque ahora vemos a Claudia Sheinbaum haciendo aquello que se hubiera reprochado agriamente a Felipe Calderón o a Enrique Peña.

Pero aunado al activismo de Claudia Sheinbaum, hay otra variante de esa estrategia para asegurar los triunfos electorales en 17 gubernaturas, 500 diputados federales y 128 senadores: la unilateral Reforma Electoral que Morena pretende aprobar, de forma autoritaria, en los próximos meses.

Por ello llamó la atención que la presidenta de México haya faltado a su investidura y convocar en Palacio Nacional a Luisa María Alcalde y Andrés López Beltrán, líderes de Morena, además de quienes, de acuerdo a una columna de opinión en un periódico de circulación nacional, fueron los coordinadores de circunscripción, durante la elección de 2024 y, por ende, conocen bien el terreno.

Ahí estuvieron Jesús Valencia, hoy subsecretario de Bienestar; Néstor Núñez, funcionario de la Secretaría de Infraestructura; Hugo de la Rosa, diputado federal y ex alcalde de Nezahualcóyotl; Carlos Ulloa, director de Birmex; y Alejandro Peña, actual diputado federal. Todos ellos operadores políticos que ya entregaron buenos resultados.

La pregunta que salta ante esta ambiciosa estrategia operativa es ¿por qué tanto temor a salir reprobados en los comicios de 2027? Si se supone que es del 70 por ciento la popularidad-aprobación al trabajo de Claudia Sheinbaum y Morena.

Será que están dispuestos a violar las reglas electorales, a cometer atrocidades con tal de mantenerse en el poder. Esa es una incógnita que se vendrá resolviendo con el paso de los meses, aunque, a decir verdad, debería estar más preocupada por mantener la unidad de su movimiento, porque la ambición desmedida de muchos de los aspirantes a cargos de poder en el Legislativo o en el Ejecutivo.

De acuerdo a cómo le pasó al PAN, al PRI y no se diga al PRD, las traiciones estarán más activas que nunca y ya veremos si la 4T resiste esa prueba, ya sin la figura de López Obrador.

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