BELLAS Y AIROSAS/ Yo no creo en lo hombres: Caridad Bravo Adams

ELVIRA HERNÁNDEZ CARBALLIDO

SemMéxico, PACHUCA, Hidalgo. “Hablo en defensa de mis compañeras de trabajo, mujeres que nacen y viven humilladas, sufriendo todas las privaciones y que, a diario, tropiezan con esos señores que nos deslumbran con su dinero, posición, influencia y que nos prometen con mentira, una espiral, un mundo de maravillas, para luego hundirnos en el deshonor y la vergüenza: matan nuestros sueños, nuestras ilusiones, y nos dejan vacías de esperanza dentro de un cuerpo ya sin vida. Es un crimen mil veces peor que los otros y no hay ley que lo persiga… ¡Al matar, no sólo lo hice en legítima defensa!, sino por algo que vale más que la vida misma: la dignidad, el respeto de los sentimientos de la fe, que no se pueden comprar ni con la violencia, ni con el dinero…”

María Caridad Robledo es la protagonista de “Yo no creo en los hombres”, novela escrita en 1951 por la tabasqueña Caridad Bravo Adams, texto que después se convirtió en radionovela, ha tenido una versión en cine y tres en telenovelas. A juicio del crítico de televisión, Álvaro Cueva, el argumento quiso representar un acto de justicia para miles de mujeres oprimidas. Se dice que la autora escribió esta historia basándose en los casos de mujeres presas, luego de cada charla con varias reclusas se dio cuenta que había un eje común en los relato: todas estaban encarceladas por haber creído en un hombre que las engañó, usó o abusó de ellas. Aunque en una entrevista ella declaró otro motivo para escribirla: “Conocí a una muchacha que estaba condenada a la pena de muerte. La chica me contó su historia que me conmovió a tal grado que me lancé a escribir Yo no creo en los hombres, claro que a mi heroína yo sí la saco de la cárcel”.

A 118 años de su nacimiento, 14 de enero de 1908 (aunque algunas semblanzas señalan que fue en 1904), recorrer su obra representa la oportunidad de redescubrirla o de admirar a una mexicana que fue escritora, poeta, dramaturga, actriz y periodista en una época donde no resultaba sencillo para una mujer estar visible en estos escenarios.

En 1920 publicó su primer libro, “Pétalos Sueltos”, lleno de poemas inspiradores, y en la década siguiente fue periodista en Revista de Revistas, Excélsior y El Universal. Es una lástima que todavía no se recuperen sus textos periodísticos, pero resulta curioso que en las semblanzas que circulan en redes solamente se haga referencia a una entrevista que le hizo a Carmen Serdán, pero nadia aporta un poco más de las termáticas y géneros que dominó.

Debido a que su padre y madre se dedicaban a la actuación, se entusiasmo con el teatro y escribió -en 1962- la obra titulada Agustina Ramírez, que trata sobre una mexicana cuyo marido y 12 hijos murieron durante la intervención francesa.

Bravo Adams escribió otras historias que se hicieron muy populares en los medios de comunicación, entre ellas Corazón Salvaje, La Mentira, Bodas de Odio y Lo Imperdonable. En cada una de ellas destacan perfiles femeninos fuertes, mujeres decididas y que pese a estar dentro de un contexto de amor romántico, siempre trataban de quererse más a sí mismas.

Es interesante que Caridad Brazo Adams le comentara a mi querida tocaya Elvira García:  “En realidad no escribo para que me den el Premio Nobel -pobre de mí-; yo escribo para llegar al pueblo, a la gran masa humana, a tanta gente que necesita una hora de distracción… Me niegan el pan y la sal porque escribo para la radio y televisión, pero yo tengo cuatro libros de versos, treinta y ocho novelas y dos obras de teatro; si soy buena o mala no me toca a mí discutirlo, pero desde luego que soy escritora”.

Nunca se casó ni tuvo hijos, existen muy pocos trabajos que recuperan su trayectoria, entre ellos una tesis de la UNAM donde el autor clasifica las obras de Caridad como literatura kitsch, sin bien la asignación puede parecer de menosprecio, el análisis simplemente reconoce la existencia de este tipo de escritura se caracteriza por su emotividad y sentimentalismo basados “en la piedad y el temor del melodrama clásico. El lector siente temor por las vicisitudes del héroe, y, al mismo tiempo, piedad: autocompasión por temer que las maldades que el héroe sufre, también las sufra”.

Sin embargo, recurriendo a la IA es divertido poner en el buscador Caridad Bravo Adams y feminismo y que te respondan: “Caridad Bravo Adams no fue una feminista en el sentido militante moderno, pero sus obras reflejaron y desafiaron las normas de género de su época, creando protagonistas femeninas fuertes que luchaban contra la opresión, la injusticia y el machismo, como en Yo no creo en los hombres, y abordando temas de mujer trabajadora y de autoafirmación, a pesar de escribir dentro del melodrama popular, siendo una figura relevante dentro del Ateneo Mexicano de Mujeres… Aunque algunos la etiquetaron como «patrona del drama cursi», su trabajo reflejó la vida de las mujeres y sus luchas en un contexto popular, y sus obras fueron adaptadas numerosas veces, consolidando su impacto cultural y el de sus heroínas.”

Por eso, yo la sigo disfrutando con cariño y agradecimiento. Marcó mi infancia con personajes como Mónica y Aimée de Altamira, en Corazón Salvaje; Verónica Vastelo Blanco, en La Mentira; y, María Caridad en Yo no creo en los hombres interpretada por Sarita Montiel en el cine. Todavía suspiro por ese personaje masculino llamado Juan del Diablo que fue interpretado maravillosamente por Enrique Lizalde, Julio Alemán y Eduardo Palomo.

Doña Caridad Bravo Adams, fue pionera y vanguardista, ojalá que esta evocación de su obra provoque explorar más sus creaciones literarias y periodísticas.

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