ASTROLABIO POLÍTICO/ El corte que el Poder exigía o la caída de Adán

LUIS RAMÍREZ BAQUEIRO

“Desde los tiempos de Adán, los necios están en mayoría”. – Casimir Delavigne.

XALAPA, Veracruz. La salida de Adán Augusto López Hernández de la Coordinación Parlamentaria de Morena en el Senado no es un simple ajuste administrativo ni una rotación de cuadros. Es, en los hechos, un movimiento de fondo que marca distancia, redefine equilibrios y confirma que el poder, cuando se ejerce en serio, exige decisiones incómodas. La presidenta Claudia Sheinbaum, con este golpe quirúrgico, comienza a sacudirse a uno de los personajes más pesados —y más incómodos— del obradorismo duro, vinculado políticamente a escándalos como el de La Barredora y convertido en un polo de tensión dentro del propio movimiento.

La historia ofrece paralelos inevitables. El general Lázaro Cárdenas del Río no se deshizo de Plutarco Elías Calles en su primer año de gobierno. Tardó, midió fuerzas, entendió los tiempos… y cuando llegó el momento, ejecutó el corte definitivo con el líder del Maximato. No fue un acto impulsivo, sino una decisión de supervivencia política y de afirmación del poder presidencial. Salvando las proporciones históricas, Sheinbaum parece recorrer un camino similar: marcar territorio, enviar señales y dejar claro que el mando ya no se comparte ni se tutela.

Este reacomodo nacional tiene efectos colaterales claros en los estados, particularmente en Veracruz. Para la gobernadora Rocío Nahle García, la caída del tabasqueño significa también deshacerse de uno de sus principales enemigos políticos. Un personaje que nunca la respetó, que jamás le guardó consideración y que tuvo el descaro de apadrinar a figuras que hoy representan lo más cuestionable del oportunismo político, incluidos integrantes del Clan Yunes de Boca del Río y militantes de Morena de bajísima calidad moral, dispuestos a vender principios por monedas mientras se erigían falsamente en “conciencias éticas” del partido.

El caso del senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara es ilustrativo. Su alineamiento incondicional con Adán Augusto lo coloca hoy en la lista de damnificados políticos, en esa larga fila de “viudas” que deja todo liderazgo caído. La política no perdona a quienes se equivocan de ola: quien no entiende la inercia del poder termina revolcado por ella, y a veces —metafóricamente— ahogado por su propia saliva.

Otro ejemplo es el del diputado federal Sergio Gutiérrez Luna, quien alguna vez, apelando a un acta de nacimiento en Minatitlán, se construyó el castillo mental de que podía ser gobernador de Veracruz. La realidad es más cruel: no gana ni en su presunto seccional, es plurinominal por el Estado de México y, según versiones locales, tampoco ahí lo identifican como propio.

Así, los padrinazgos políticos del tabasqueño hoy transitan la orfandad. Y aunque en Washington solo circulan versiones y trascendidos —no resoluciones— sobre un creciente interés de agencias estadounidenses en ciertos personajes del pasado reciente, en política basta la sospecha para que el poder tome distancia. Sheinbaum lo entendió. Y como Cárdenas en su tiempo, decidió que, para gobernar, primero había que cortar.

Al tiempo.

[email protected]

“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

www.entresemana.mx

Check Also

ASTROLABIO POLÍTICO/ Transporte público en Xalapa: entre la realidad económica y la urgencia de modernizar

LUIS RAMÍREZ BAQUEIRO “La razón no es otra cosa que el análisis de lo que …