ANÁLISIS A FONDO/ No todo es negro

>> El financiamiento a las empresas, en gradual recuperación

>> El crédito bancario al consumo, creciendo en términos reales

FRANCISCO GÓMEZ MAZA. En tiempos de crisis no todo es negro en la economía. La oscuridad supone la luz. Es ausencia de luz.

En la economía mexicana, el producto seguramente no alcanzará para bien alimentar a todos los habitantes del país.

La inflación, por su parte, deteriorará los niveles de vida de la población de menor a mayor posibilidades. Seguramente empeorarán aún más las condiciones de sobrevivencia de los pobres. Y se tendrá que luchar para paliar la desigualdad.

Y así, si vamos viendo cada uno de los rubros de la vida económica del país.

Pero no todo es negro. Hay agentes económicos que, al necesitar créditos para mejorar la producción y distribución de los bienes que producen, los obtienen con relativa facilidad.

De acuerdo con la más reciente Minuta del Banco de México, la de la Reunión de la Junta de Gobierno, en ocasión de la decisión de política monetaria anunciada el 29 de septiembre de 2022, la situación de las empresas no está tan en la calle.

En julio de 2022, el financiamiento interno a las empresas registró una variación real anual positiva, por primera vez desde mayo de 2020. Y esto es lo que ocurre con el crédito bancario a las empresas:

El crédito bancario a las empresas continuó con su gradual recuperación, al presentar una variación real anual positiva, por tercer mes consecutivo, acumulando así tres trimestres de incrementos en su saldo.

Ello, en un contexto en el que la demanda de crédito de las empresas siguió recuperándose y, en el que, las condiciones de otorgamiento de créditos continuaron siendo estrechas respecto al inicio de la pandemia, si bien éstas han venido relajando desde la segunda mitad de 2021 para las empresas de menor tamaño.

Por su parte, las emisiones netas de deuda corporativa en el mercado interno se incrementaron en julio, aunque continuaron registrando un flujo negativo acumulado en el año.

En cuanto al crédito a los hogares, de acuerdo con las estimaciones de los economistas del banco central, la cartera de vivienda de la banca comercial mantuvo su ritmo de expansión.

A su vez, el crédito bancario vigente al consumo siguió incrementándose en términos reales anuales, como resultado principalmente, del dinamismo sostenido del crédito de nómina y de la cartera de tarjetas de crédito y, más recientemente, de créditos personales.

Ello, en un contexto en el que la demanda de crédito por parte de los hogares ha continuado incrementándose.

Las condiciones de otorgamiento de crédito a la vivienda se mantuvieron estables, al tiempo que aquéllas para la cartera de consumo se relajaron, en el segundo trimestre del año, de acuerdo con las investigaciones de los bancos Banorte.

En julio, las tasas de interés del crédito bancario a las empresas se situaron en niveles superiores a los observados antes de la pandemia.

En cambio, los otros márgenes de intermediación del crédito a las empresas no mostraron cambios significativos respecto al mes previo, por lo que se encuentran en general en niveles inferiores a los observados antes de la pandemia.

A su vez, las tasas de interés del crédito a la vivienda se incrementaron en julio, después de haberse mantenido en niveles alrededor de sus mínimos históricos desde agosto de 2020.

En abril de 2022, las tasas de interés de tarjetas de crédito se incrementaron con respecto a las observadas en febrero, mientras que las de nómina registraron un nivel similar.

Respecto de la calidad de la cartera, en julio de 2022 los índices de morosidad del crédito a las empresas y a la vivienda fueron similares a los del mes previo y continuaron en niveles bajos.

Por último, los índices de morosidad de la cartera de consumo se redujeron, con lo que se mantuvieron en niveles inferiores a los registrados antes del inicio de la pandemia.

Pero habrá que observar el comportamiento de los índices de precios y cotizaciones que indican en qué niveles de inflación estamos en su momento.

La inflación, por ahora, está alta. Ya sabemos sus consecuencias, sobre todo para los trabajadores. Sin embargo, los reclamos de esperanza no se dejan de escuchar en labios de los economistas:

Los gurúes del instituto bancario central prevén que la convergencia a la meta de 3% de crecimiento de la inflación se alcance en el tercer trimestre de 2024. Esteramos que sí ocurra esta bendición que sale de las calculadoras de los economistas del banco central, y del INEGI.

Pero estas previsiones están sujetas a riesgos. Graves riesgos. Los más salen del control de los programas digitalizados de los especialistas bancarios y econometristas; los brujos, pues, de la ciencia económica.

Los peligros al alza:

Persistencia de la inflación subyacente en niveles elevados;

Presiones inflacionarias externas derivadas de la pandemia;

Mayores presiones en los precios agropecuarios y energéticos por el conflicto geopolítico (el de Rusia y Ucrania, por el momento);

Depreciación cambiaria; y

Presiones de costos.

Los peligros a la baja:

Una desaceleración de la actividad económica mundial, mayor a la anticipada;

Una disminución en la intensidad del conflicto bélico;

Un mejor funcionamiento de las cadenas de suministro;

Un efecto mayor al esperado de la brecha negativa del producto;

Y un efecto mayor al esperado del Paquete Contra la Inflación y la Carestía.

El balance de riesgos respecto a la trayectoria prevista para la inflación, en el horizonte de pronóstico, continúa con un considerable sesgo al alza.

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