A JUICIO DE AMPARO/ Gobernar al partido

MARÍA AMPARO CASAR

Bastante difícil la tiene la presidenta Sheinbaum para gobernar al país. Tiene, además, otra tarea colosal. Tiene que gobernar a su partido. A su estructura interna (Luisa María Alcalde, Presidenta Nacional del partido y Andrés Manuel López Beltrán, Secretario de Organización e hijo del expresidente). Tiene que gobernar a los integrantes del gabinete colmado de excolaboradores de su antecesor. Tiene que gobernar las cámaras cuyos coordinadores fueron designados cuando López Obrador todavía estaba en el poder. Tiene que gobernar a los gobernadores que heredó cuando ella todavía no asumía como presidente de la República.

Tiene que gobernar las cámaras cuyos coordinadores fueron designados cuando López Obrador todavía estaba en el poder.

Si no gobierna al partido, más temprano (2027) que tarde (2030) dejará de gobernar al país o, al menos, lo tendrá que hacer con muchos más límites institucionales.

En cualquier definición democrática, para gobernar se requiere negociar y administrar intereses en conflicto. López Obrador, que tenía muchos más contrapesos institucionales que Sheinbaum, obvió la negociación y prefirió gobernar incurriendo en una ilegalidad tras otra. Concentrando el poder de facto porque no lo pudo hacer de jure.

Sheinbaum, con mayoría calificada en el Congreso, con el Poder Judicial capturado y con órganos de autonomía constitucional inexistentes o colonizados, es más libre para gobernar el país a su antojo.

Pero, a diferencia de López Obrador, ella tiene límites que no son constitucionales, pero sí partidarios. A ellos tiene que dedicar tiempo, inteligencia y energía. No la tiene fácil.

A ellos tiene que dedicar tiempo, inteligencia y energía.

Es difícil pensar en episodios en el gobierno de López en los que su margen de maniobra se viese restringido por pleitos internos o diferencias sobre una iniciativa de ley o decisión de gobierno. Cuando los hubo, como el de Scherer versus Gertz los resolvía a su leal saber y entender sin temor alguno a que hubiese disidencia o cuestionamientos. A César Yáñez, su eterno vocero, lo mandó a la congeladora durante casi todo el sexenio por una boda impropia y suntuosa. Lo mismo le ocurrió a Santiago Nieto quien fue cesado de la UIF después de una boda en Antigua, Guatemala que no se apegaba a los principios de “austeridad republicana”. A sus iniciativas no se les movía una coma. Los partidos de su coalición se plegaban. Las candidaturas a gobernador las decidía él, incluida la de Clara Brugada a la capital en 2024.

Como digo, Sheinbaum está mejor posicionada en términos de la división de poderes que prácticamente quedó extinguida, pero su mando sobre el partido se cuestiona una y otra vez.

Aún con la mayoría calificada, hay iniciativas de ley que tuvieron que ser retiradas por plantones y movilizaciones como la Ley del ISSSTE o modificadas como la llamada Ley Censura (Ley de Telecomunicaciones) y la reforma constitucional sobre el nepotismo. De la Ley electoral se sabe poco con certeza, pero sufrirá modificaciones por la presión de los partidos aliados de Morena sin los cuales no se alcanza la mayoría. Estos partidos ya han anunciado su intención de ir en solitario en algunas gubernaturas en 2027 y otras están en negociación como Quintana Roo, Zacatecas o San Luis Potosí.

A pesar de los repetidos exhortos a la austeridad y “ejercer con humildad el poder”, los militantes y servidores públicos no hacen caso. El llamado verano caliente (Andy en Japón, Mario Delgado en Portugal, Monreal en Madrid, Fernández Noroña en varios países, el último en Roma) habla por sí mismo. Y hablando de humildad en el poder, cómo olvidar que Fernández Noroña haya obligado a un ciudadano a pedirle una disculpa pública en el propio Senado por haberlo confrontado en un aeropuerto.

Los coordinadores parlamentarios han exhibido diferencias ostensibles y públicas. Algunos gobernadores han abierto frentes a la presidenta como Armenta en Puebla o Sansores en Tabasco que rompió con su bancada en Campeche. La insubordinación de Saúl Monreal que hasta el momento mantiene firme su decisión de lanzarse como candidato a la gubernatura de Zacatecas a pesar de la prohibición de los estatutos partidarios. Los conflictos provocados por los señalamientos a Adán Augusto de estar detrás del huachicoleo e incluso de La Barredora. Y, apenas hace unos días, la insubordinación de Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la SEP y las revelaciones de Scherer sobre Jesús Ramírez, entre otros.

Para frenar estos conflictos, la presidenta no ha recurrido ni a la ley -en los casos ostensibles de corrupción- ni a su remoción.

¿Cuántos de estos protagonistas hubiesen sido despedido o castigados por López Obrador? ¿Habrá querido Sheinbaum hacer lo mismo? Difícil saberlo.

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