LIBROS DE AYER Y HOY/ Epstein y políticos, en casas que no eran hogares

TERESA GIL

La historia siempre vuelve a repetirse. Lo que se vive en Estados Unidos en los bajos fondos que contradictoriamente usan los altos niveles, son referidos en innumerables obras de todo tipo. Hasta en uno de los filmes de El Padrino de Francis Ford Coppola,  hay escenas en las que se vive lo que ahora aparece escrito en la larga y oscura historia de  Jeffrey Epstein, a quien siempre se menciona como delincuente sexual, mientras los presuntos de la multitud que se involucra en sus muchos documentos, se quedan guardados. En aquellas escenas  del filme, había incluso mujeres asesinadas, en apoyo a las negociaciones entre las más altas estructuras políticas del país y criminales, como un simple instrumento de su alianza. Lo de Epstein simplemente es la repetición de lo que se ha vivido en las esferas altas de ese país y en muchas partes, Inglaterra entre ellas, con representantes incluso, de la nobleza, como el ex príncipe Andrés. Hasta ahora es el único país que ha aplicado sanciones a quienes tomaron parte en ese enorme y largo zafarrancho criminal. Y en el que quedan fincadas las más terribles aseveraciones ¿Para qué si no cuando se habla del placer se menciona a las mujeres, junto al dinero, los vinos, las buenas comidas y ahora la droga? ¿Para que si no, es el poder?

PERSONAJES INVOLUCRADOS ESTÁN EN DOCUMENTOS Y EN FOTOGRAFÍAS

Hasta los personajes más insospechados envueltos en esa fiesta permanente que organizaba Epstein en Estados Unidos, como Noam Chomsly, advierten que no hay diferencia en las personas cuando se trata del placer. Entre los que se mencionan, y que están comprobados además no solo en documentos escritos sino en  fotos,  hay de todo. Y los dos partidos señeros de ese país no pueden negarlo, aunque ahora a todo trance, se hagan de la boca chiquita. En los de aquí no se duda de ningún personaje, porque entran en el esquema del viejo sistema en el que esas situaciones eran peccata minuta. Lo que ha sabido uno en los medios de prensa. Ahora, mientras el caso deriva en el desfiladero y sirve de distracción a las otras acciones de Trump, aparece en escena la idea de la reparación al menos en aquellas mujeres que quieren recuperar su dignidad, mujeres que fueron vejadas y utilizadas desde su niñez y que ahora salen en su defensa en otra situación que ya iremos viendo. El infierno se quedará chico…

EPSTEIN DEMOSTRÓ POR AÑOS, QUE UNA CASA NO ES UN HOGAR

Aquí dimos una idea hace tiempo, de lo que pasaba en esas esferas que manejó  Epstein y en las que los asistentes no eran precisamente mendigos. Una casa no es un hogar (Editorial Desvelo 2015, muchas editoriales) de Polly Adler, enfoca la frase a otra situación, pero siempre se vuelve a lo mismo: el uso de los recursos públicos, el placer y la buena vida para unos cuantos, los que detentan el presupuesto. El libro surgió de las memorias de la rusa emigrada a Estados Unidos en la época del crack y que después de sufrir agresiones sexuales de sus propio jefe, asumió su postura como madama y llegó a ser la más famosa de Estados Unidos. En la historia de esta mujer se ve la paradoja entre ser mujer y hombre en cualquier circunstancia. Polly  que se distinguió además por ser una gran narradora y escribió varios libros, fue convocada doce veces por la instituciones de ese país que defendían la moral conservadora, pero su coterráneo, el armenio William Saroyan, que describió igual que ella la miseria a la que fue orillado por las clases pudientes del norte (Mi nombre es Aram)  fue propuesto para ¡el premio Nobel! A ambos los leí a mediados de los años 60, cuando muy jovencita pude descubrir esa contradicción. El libro de Adler se convirtió en best seller no solo por el tema árido que trataba, sino porque exhibía la corrupción  de los políticos y empresarios que gastaban el dinero público y de sus empresas en casas que no eran hogar, mientras afuera daban la cara por la doble moral conservadora en compañía de sus familias. Tal como muchos lo está  haciendo ahora. Fue el emporio de Adler, una demostración de que en esa época convocaba más el vicio que las luchas legítimas. En su antro campeaban los jefes mafiosos, los más famosos actores y la droga y el alcohol pese a la prohibición. Los mismos políticos y jefes policíacos eran asiduos clientes. Su vida fue llevada al cine. La obra de casi 400 páginas no solo es una visión de lo que pasaba en esos entornos del vicio y el crimen estadounidenses mientras se fraguaba la Segunda Guerra Mundial, sino del lado humano y desolador de miles de mujeres que se prostituían  porque había pocos asideros en esa sociedad de hipócritas. Polly murió en 1962 y hasta el final, con sentido del humor, estuvo recordando que su físico era parecido al de “la abuela Pata”, que había creado Disney…y que por ello triunfó  ¿Habrá sido por eso?

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