
SALVADOR MARTÍNEZ G.
En noviembre de 2024 arrancó la llamada Operación Enjambre, estrategia del gobierno en materia de seguridad pública para combatir la delincuencia organizada y la corrupción, especialmente entre funcionarios de la administración local, estatal o federal.
En ese marco, que a la fecha ha dado como resultado la detención y procesos judiciales a 67 funcionarios públicos, está la reciente acción en contra de Diego Rivera Navarro, presidente municipal de Tequila, Jalisco, quien el pasado cinco de febrero fue detenido por presumibles vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Los esfuerzos centrados en la Operación Enjambre vinculan a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, a cargo de Omar García Harfuch, y a otras dependencias como la Fiscalía General de la República y la Guardia Nacional, con plausibles resultados ante la penetración de cárteles en instituciones públicas y de gobierno.
Entre los detenidos y procesados de distintos estados como el de México, Hidalgo, Guerrero y Jalisco se encuentran también María del Rosario N, presidenta municipal de Amanalco y, Pedro Luis N, presidente municipal electo de Santo Tomás de los Plátanos.
El objetivo general de la Operación Enjambre es desmantelar redes de corrupción y delincuencia organizada, detener a funcionarios públicos involucrados en actividades ilícitas y mejorar la seguridad y la confianza en las instituciones; labores en las que se ha obtenido triunfos claros y públicos, pero también, hay que decirlo, insuficientes.
Es indispensable que se ahonde en estas estrategias, no sólo en los estados mencionados, sino en otros más de la República, como Morelos, Sinaloa, Durango, entre otros, en los que grupos criminales han penetrado gobiernos e instituciones para imponer su voluntad a la ciudadanía, mediante una red de corrupción y extorsión.
Habrá que acelerar el paso en esta misión, porque la delincuencia no descansa.
SUSURROS
Aunque a muchos no les haya gustado la participación de Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl por el tipo de ritmo y letras de sus canciones, es claro que fue una cachetada a Donald Trump y sus políticas racistas y antimigratorias que mantienen atemorizada a toda la población latina de Estados Unidos.
Su grito, escuchado por cientos de millones de personas en el vecino país y en el mundo de “Dios Bendiga a América”, no se refirió al sentido limitado del trumpismo de identificar a América con solo los Estados Unidos, sino a abarcar a todas las naciones del continente, como México, Venezuela, Cuba o Canadá.
El solo hecho del uso predominante del español y elementos de la cultura latina en el breve show de Bad Bunny refleja, no sólo una tendencia del espectáculo, sino también un sesgo político de lucha y protesta, y significa el peso demográfico cada día mayor de la comunidad latina allá.
Por eso se entiende el berrinche de Donald, pues con ello fue públicamente humillado
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