LA COSTUMBRE DEL PODER: Los dejamos desvirtuar la Constitución

GREGORIO ORTEGA MOLINA

*¿Es parte de nuestro carácter nacional ser permisivos, dejados, asténicos, valemadristas? ¿Qué nos falta para defender con la razón, los argumentos y hasta con las armas, nuestros derechos constitucionales para restablecer lo que nos legaron hace 109 años? No le demos vueltas, permitimos a los gobernantes posrevolucionarios que hicieran de nuestra casa un chiquero, un estercolero, y se refocilan en la verdad irrecusable de lo dicho por el denostado Enrique Peña Nieto, la corrupción es una actitud cultural

Los constituyentes que en 1917 dieron por concluido su compromiso histórico con México, ¿serían capaces de reconocer hoy la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que supuestamente nos conformó en una República de instituciones democráticas?

109 años después no podrían aceptar que los mexicanos actualmente vivimos en la nación que ellos pusieron en nuestras manos para disfrutar de la paz después de la Revolución. Traicionaron y/o pervirtieron su oferta democrática, comenzando por lo que nunca debió modificarse. ¿Dónde quedó el sufragio efectivo, dónde la no reelección?

El primero en traicionar los principios y traicionarse a él mismo, se llama Álvaro Obregón, quien decidió ordenar un cambio constitucional que le permitiera reelegirse. Así se lo cobraron, como después le llegó la factura a Plutarco Elías Calles que disfrazó su permanencia en el poder en la figura del Maximato. Quienes lo intentaron después de él, fueron expulsados de la “familia revolucionaria”. Hoy, permanece vigente un nuevo intento, embozado en la emblemática descripción que Octavio Paz hace en el Laberinto de la soledad de un vocablo que define nuestro carácter, que apacigua verbalmente la iracundia: La Chingada, la guarida del verdadero poder político.

Por el momento nada cambiará hasta que la violencia, de nueva cuenta, modifique el carácter de la sociedad y se transforme en viento del norte, en vendaval, en destrucción difícilmente contenida, porque somos 130 millones que despertaremos del engaño de un bienestar ficticio que empobreció más a los que siempre castiga y olvida. El poder político y económico continúan disfrutando de la riqueza nacional a sus anchas.

¿Debemos honrar el 5 de febrero, como si hubiésemos respetado el acuerdo histórico firmado por el constituyente? Estamos muy lejos de corresponder a las expectativas que esos diputados que pensaron primero en México y en su historia, depositaron en la Constitución Política, a la que terminamos por disfrazar de la obra de Mary Shelley.

¿Es parte de nuestro carácter nacional ser permisivos, dejados, asténicos, valemadristas? ¿Qué nos falta para defender con la razón, los argumentos y hasta con las armas, nuestros derechos constitucionales para restablecer lo que nos legaron hace 109 años?

No le demos vueltas, permitimos a los gobernantes posrevolucionarios que hicieran de nuestra casa un chiquero, un estercolero, y se refocilan en la verdad irrecusable de lo dicho por el denostado Enrique Peña Nieto, la corrupción es una actitud cultural.

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@OrtegaGregorio

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