PALABRAS MÁS/ ¿Solo percepción?

Que toda la sabiduría es fría y que con ella es

tan difícil ordenar la vida como forjar hierro frío

Ludwig Wittgenstein

ARTURO SUÁREZ RAMÍREZ/ @arturosuarez

La Ciudad de México ha sido gobernada por la “izquierda” desde 1997, cuando se eligió por primera vez, de manera democrática, al jefe de Gobierno. Desde entonces sólo ellos han gobernado: primero con el PRD y ahora con Morena. Han pasado ya 29 años y, por ello, en este territorio no tienen ningún pretexto para culpar a los del pasado por los grandes problemas de la urbe. Hacerlo sería tanto como escupir al cielo, pero aun así lo hacen.

Todos los gobiernos enfrentan problemas y crisis, y la capital del país no ha sido la excepción. El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas enfrentó el asesinato de Paco Stanley y una creciente inseguridad marcada por los asaltos bancarios. De 2000 a 2006, Andrés Manuel López Obrador tuvo que enfrentar el durísimo tema del secuestro y la primera gran marcha para visibilizarlo. Lo mejor que pudo hacer fue culpar a los fifís, a sus adversarios y a los medios de comunicación que, según el Pejelagarto, querían sacarlo de la jugada por la Presidencia, aunque él mismo decía que lo dieran por muerto.

Luego le siguió Marcelo Ebrard, a quien su antecesor rescató después de que Vicente Fox lo removiera del cargo tras los linchamientos de Tláhuac. En aquellos tiempos, López Obrador ya se había inventado aquello del “gobierno legítimo” y desde la Jefatura de Gobierno se usaban recursos para patrocinar esa narrativa, además de pasar la charola a sus legisladores. En esa administración se construyó la Línea 12 del Metro, que pronto se convirtió en un dolor de cabeza. Ebrard se exilió en Francia hasta que lo convencieron de regresar y competir por la candidatura presidencial, pero de nuevo AMLO lo mandó a la banca.

Todo se gestó para que Miguel Ángel Mancera se convirtiera en su sucesor, y así sucedió, aunque con ruptura con Marcelo y Mario Delgado. De nuevo llegaron los escándalos y hasta sus cercanos enfrentaron procesos por malos manejos. Desde el Gobierno de la Ciudad se usó la administración como trampolín para apoyar la nueva campaña de López Obrador, aunque Mancera se quedó en un PRD que ya tenía la puntilla puesta.

El primer gobierno de Morena en la CDMX estuvo encabezado por la otrora presidente, Claudia Sheinbaum Pardo. Desde ahí jugó sus cartas y se convirtió en la corcholata fuerte del líder, pero tuvo que enfrentar temas muy graves, como el incendio en las instalaciones centrales del Metro y la tragedia de la caída de un tren de la Línea 12, con 26 muertos. López la defendió a capa y espada, llamó carroñeros a sus detractores y se confrontó con los medios de comunicación.

Así ha sido parte de la historia de los gobiernos de “izquierda” en la capital. Aunque varios quisieran deslindarse de su etapa perredista, eso no es posible. La estrategia que han seguido desde 1997, cada vez que enfrentan un problema serio, es la “caja china” o, como dice el manual del Pejelagarto: hay que culpar a los demás.

En este año mundialista, la situación se le está complicando a Clara Brugada en varios frentes, no sólo por las obras que están en duda sobre si se terminarán a tiempo. Por si fuera poco, el llamado “Proyecto Ajolote” para el Mundial 2026 los tiene con los pelos de punta debido a las investigaciones periodísticas. No han podido explicar los esquemas financieros opacos ni los endeudamientos encubiertos con bancos para financiar obras sin una revisión pública clara.

También está el tema de la seguridad. La ciudadanía no se siente segura en la capital del país. Ahí están los asaltos a comensales documentados en redes sociales; además, los desaparecidos, las ejecuciones, la extorsión y más. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI —que suelen citar los morenistas—, la percepción de inseguridad es hasta 30 puntos más alta en alcaldías que gobiernan ellos. ¿O acaso la encuesta la levantan sus adversarios?

La estrategia está echada a andar: culpar a los otros. Clara Brugada, queriendo lavarse las manos o justificar lo injustificable, ha pedido que los medios le bajen a la nota roja para reducir la percepción de inseguridad. ¿Y si mejor la capital se convierte en un territorio seguro y no de utopía?… Pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.

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