PUNTO Y COMA; ¿Perdió acreditación el IAP?

ROGER LAID

TUXTA GUTIÉRREZ, Chiapas. El verdadero problema no es que una institución pierda una acreditación. El problema es que su dirigencia decida seguir hablando de ella como si aún existiera. Ahí es donde comienza el deterioro de la confianza pública.

Eso es exactamente lo que hoy ocurre en el Instituto de Administración Pública del Estado de Chiapas (IAP), encabezado por Lysette Raquel Lameiro Camacho

La acreditación otorgada por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) no es permanente ni decorativa. Tiene vigencia definida y exige procesos formales de seguimiento y reacreditación.

En el caso del IAP, la acreditación inició el 29 de agosto de 2022 y concluyó el 29 de septiembre de 2025.
Desde esa fecha, el Instituto ya no aparece como acreditado vigente en el padrón público del propio CIEES, información verificable directamente en su portal oficial.

No es una interpretación editorial. Es un dato.

Lo verdaderamente delicado no es solo haber perdido la acreditación, sino que en diciembre pasado la propia presidenta del IAP presentó públicamente esa certificación como un logro vigente, cuando ya había vencido.

Eso no es un tecnicismo administrativo.
Es información institucional incorrecta difundida desde una posición de autoridad.

Cuando una institución educativa comunica datos que no corresponden con la realidad verificable, el daño no es simbólico: afecta a estudiantes, convenios, municipios, procesos de capacitación, financiamientos y credibilidad pública.

Este episodio no es aislado. Forma parte de una conducción que ha privilegiado la narrativa, la presencia pública y la agenda política por encima de la planeación académica y la operación institucional.

Los números lo confirman:
de los 124 municipios de Chiapas, apenas 13 han tenido algún nivel de vinculación con el Instituto. La proporción refleja el desplome real de su capacidad operativa.

A ello se suma el debilitamiento de la matrícula, la ausencia de una estrategia sólida de vinculación, la falta de seguimiento académico y una estructura directiva sin perfiles técnicos robustos en gestión educativa.

Pero el problema adquiere una dimensión aún más delicada cuando el IAP parece operar no como institución formadora, sino como plataforma de supervivencia política de su propia presidenta.

Hoy, el Instituto aparece cada vez más vinculado de manera informal como una especie de extensión operativa de la Secretaría del Humanismo, encabezada por Francisco Chacón, diluyendo su función académica y su razón de ser institucional.

Cuando la prioridad deja de ser la calidad educativa y pasa a ser la permanencia política, el proyecto institucional se sacrifica.

La simulación, cuando se vuelve método, deja de ser un error y se convierte en forma de gobierno interno.

No se trata únicamente de una acreditación vencida presentada como vigente, sino de un patrón de conducción que privilegia la apariencia sobre los resultados, la agenda pública sobre la responsabilidad institucional y el discurso sobre la verificación.

En este escenario, una auditoría integral al IAP ya no es un acto de confrontación política: es una necesidad de sanidad administrativa.

Debe esclarecerse:
•   si existieron omisiones en el proceso de renovación ante CIEES;
•   si se destinaron recursos públicos a procesos inconclusos;
•   quién validó la información difundida como logro institucional;
•   y si hoy el Instituto cumple con estándares mínimos de operación académica y financiera.

La pérdida de la acreditación CIEES no es un incidente menor.
Es una señal de alerta sobre el deterioro de la gobernanza institucional.

Porque cuando una institución educativa normaliza la simulación, deja de cumplir su función social y se convierte en un instrumento de coyuntura política.

La pregunta ya no es si el daño existe. Es evidente.

La verdadera pregunta es:
¿habrá voluntad para corregirlo antes de que el deterioro sea irreversible?¿podrá aclarar dudas la titular del IAP ?

Una institución que renuncia a la verdad verificable, a la evaluación externa y a la rendición de cuentas, no solo pierde prestigio.
Pierde legitimidad para existir.

Puntos Suspensivos …
¿Acaso algunos funcionarios entendieron que sacarse la rifa y lograr un encargo público es olvidarse que sirven a Chiapas? ¿Están muy confiados de la protección del gobernador? Hoy debieran olvidar eso. El mandatario va a limpiar de aquellos que pensaron que era solo ir a sentarse y turistear.

Opiniones quejas y sugerencias al 9611897730

Miembro del PUCH. periodistas Unidos de Chiapas

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