
TERESA GIL
Como consorte se menciona a Melania Knavs la esposa de Donald Trump y no como primera dama como sucede en México para menosprecio de las demás mujeres que serían en ese señalamiento damas de segunda. Lo más absurdo. Se trae a colación porque se pretende incorporar a la señora Knavs, a la problemática que vive Estados Unidos en este momento. Eso actualiza un tema que solo tiene como explicación un contrato civil. Los esposos no son parientes, -salvo que alguien se haya casado con un consanguíneo -ni siquiera políticos. Y en una elección controvertida como ha sido la de Estados Unidos, la esposa, salvo el papel de acompañante y simple ciudadana, no tiene ningún fundamento legal, público. En muchos países, como en Cuba, esa figura no existe y cuando la mujer aparece en escena, lo hace con una posición pública propia.
EN CUANTO A PRESIDENTES, HAY DE ESPOSAS A ESPOSAS. LA HISTORIA LO DICE
La posición de consorte de un presidente se desprende de una tradición que en la doble moral de la llamada monogamia, confiere a la esposa el papel de compañera en actos y programas que solo son obligación del personaje electo. La personalidad de algunas mujeres que vivieron esa situación- como fue el caso de Eleanor Roosevelt activista y pionera de los derechos humanos, en Estados Unidos-, enriquece políticamente al funcionario y en casos de mujeres comunes, exhibe en países que la cultivan, la vida interna de una familia como parte de la concepción conservadora de la familia tradicional. Con esos tintes, pero más humanística se desarrolló la familia de Barack Obama, pareja al parecer desecha por los caminos verdosos por los que transita ahora el anciano Obama. En su momento, su esposa Michelle supo captar el respeto de millones de conciudadanos. Caso único por su formación académica y su trayectoria como una gran abogada, Michelle sorteó durante ocho años los vaivenes de una posición puntera, pero endeble legalmente. Sus inteligentes ideas, sus discursos, su gentileza ante los avatares son una herencia que desde luego no revisa la señora de Trump, en medio del maremágnum que provoca su esposo. Deleznable es, también, que circulen en medios y redes, epítetos y calificativos que pretenden denigrarla como extensión de su cónyuge y por su vida pasada. El tiempo dirá de su actuación, pero solo puede ser juzgada si interfiere en la función pública.
LAS CONSORTES HAN DADO MUCHO DE QUE HABLAR EN LA HISTORIA
Ya hemos mencionado y criticado en su momento, el libro La suerte de la consorte y un largo subtítulo Las esposas de los presidentes de México, historia de un olvido y relato de un fracaso (Océano 2013) que la historiadora Sara Sefchovich, ha publicado en cuatro ediciones, un nutrido volumen que aborda el tema de la consorte dentro del contexto histórico de las mujeres de presidentes mexicanos. Lo aborda como un tema original en el país. -en otros países hay investigaciones similares-, en una larga y profusa investigación que nutre el tratamiento por sus contenidos históricos. Quinientos años son hurgados en la vida de las mujeres que fueron compañeras de los hombres del poder tildadas de primeras damas frente al conglomerado femenino del país, que pasa a segundo término. Y que en el camino detuvo el trabajo de la autora ya que en el pasado sexenio la esposa de AMLO Beatriz Gutiérrez Müller se negó a tomar ese absurdo papel. Y menos ahora cuando gobierna una mujer con un esposo que permanece en una discreta presencia,
LA VIDA DE LAS CONSORTES ES ALCANZADA POR LA DE SUS ESPOSOS
En el acontecer de su libro, la autora mencionada tuvo dificultades por falta, en muchos casos, de datos reales o porque se atravesaban informes y “chismes”, que podían alterar la formalidad del trabajo. La seriedad no altera el texto y se lee sin sorpresa porque ella, además no asume pelos en la lengua. Si hay que decir algo de una señora, hay que decirlo, si la vox populi así lo consignó. Y se saben muchas cosas, algunas interesantes, de esas mujeres. Trasciende el hecho de que queriendo poner en primer término a la mujer, siempre se acomoda la primacía del hombre en un país que había tenido en esa publicación, solo presidentes hombres. Es un libro muy nutrido de información que podía leerse mejor en pequeños tomos; ha sido utilizado en el teatro, el cine y otras formas de expresión, algunas que como la nuestra, le criticamos el término primera dama.
EN ESTE SEÑALAMIENTO DESTACA UNA MUJER SINGULAR: LA ESPOSA DE MADERO
A unos días de que se celebren los ciento nueve años de la Constitución de 1917 -pacto que signó la Revolución de 1910-, quisiera referirme a la esposa del caudillo Francisco I. Madero, Sara Pérez Romero, quien, como se conoce en la historia, no se dedicaba a las labores del hogar, sino que salía a la calle a defender los derechos humanos. Coahuilense como Madero, Sara vivió en pacto de castidad desde que su esposo fue asesinado y muy anciana se le veía por la colonia Roma donde vivió hasta su muerte en 1952. Se menciona que el autor José Emilio Pacheco se refirió a ella con la que se topaba en su barrio, como “una viejita frágil, dignísima, siempre de luto por el marido asesinado”. En Estados Unidos, cuando falleció el presidente Franklin Delano Roosevelt, su sucesor Harry Truman rindió homenaje a su esposa Eleanor Roosevelt, por sus abundantes tareas y luchas, llamándola Primera dama del mundo, expresión justa en ese caso, porque no se discrimina a nadie. Pero a Sarita le dieron un título más completo para nuestro país porque lo ganó también por su lucha, no por su género: Primera dama de la Revolución.
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